martes 17 de noviembre de 2009

Confirmaciones



Queridos amigos:

Tenemos programado con Coka entregarles un pequeño recuerdo de nuestro primer encuentro, por esta razón necesito que las personas que asistan confirmen aquí.

No se contabilizará a nadie que no este anotada en esta entrada. Asi que si no te quieres quedar sin tu regalo no dejes de inscribirte.

Nos identificaremos con un lazo rojo en la muñeca derecha y estaremos ansiosas por conocerles por fin.

Les recomiendo comprar la entrada los primeros dias de la próxima semana ya que es muy probable que los dias posteriores al estreno esten agotadas. Lleguen temprano y nos vemos ahí.

De parte de Coka y mio les mandamos un caluroso abrazo.

A la caza del Vampiro, Capítulo 6

Nuestro momento





Diario de Alexa
Bournemouth. Noviembre 20 de 2010


¿Me estaba hablando?…¡Mierda!…Mierda. Sí, me estaba hablando y al parecer estaba molesto…. Conmigo.
Pero si yo no había hecho nada, solo había entado y el estaba ahí parado, dándome la espalda hablando por teléfono… ¿Y que significaban esas palabras?

¿Kriss? ¿A dicho Kriss?

¡Por la gran mierda¡, ¡Es verdad, esta con ella!

Ahora comprendía porque me miraba con esa expresión, mezcla de vergüenza y de miedo en el rostro.
¿Pero cómo, dónde y desde cuándo?
Siempre dije que no lo creería hasta que lo escuchara de sus propios labios y ahora que justamente estaba pasando eso preferiría nunca haberlo hecho.

¡Mierda!. ¿Por qué estas cosas siempre me pasaban a mí?

Entonces comprendí lo que sucedía.
Yo estaba soñando.
Todo había sido un estúpido sueño y ahora yo estaba en mi cama, en Chile, acostada soñando con que conocía a Robert.

!Claro¡.
Era sorprendente como la mente nos jugaba malas pasadas algunas veces.
El hermoso sueño se había transformado en toda una pesadilla y ya no tenía ganas de seguir haciéndolo.
Quería despertar.

Cerré fuerte los ojos y conté hasta tres.
Uno, dos, tres y los abrí nuevamente…..

¡Maldición ¡ … No estaba soñando.

Robert permanecía ahí frente a mi, con la misma expresión en el rostro y lo mas terrible de todo era que seguía esperando alguna respuesta.

Sólo había dos cosas que yo podía hacer en ese momento.

La primera era la más lógica para mi. Daría media vuelta y saldría corriendo justo por donde había entrado.
La segunda era mas difícil… era responderle.
Y debía hacerlo de inmediato si no quería que él pensara que tenia algún tipo de retraso mental o algo por el estilo.

Pero por alguna razón me era imposible hacer cualquiera de las dos, lo que estaba muy mal para mí ya que no quería que me recordara como la mujer enferma que entró un día a su trailer. ¡Eso por nada del mundo!.

—Hey, te estoy hablando. Contéstame, ¿Desde cuándo estas ahí y que es lo que has escuchado?—. Preguntó ahora notoriamente molesto y poniéndose de pie.

La adrenalina corrió por mi cuerpo de pronto temerosa no se de que.

—Heee. Disculpe, he tocado a la puerta y pensé… le escuche claramente decir que siguiera—. Mi voz tiritaba y sentía que a duras penas salía de mi garganta. —Traje su refresco, helado como usted pidió—.

Pestañeó entoces perplejo, como si me respuesta le sorprendiera.
Que estaba esperando, ¿Qué su trailer fuera invadido por fanáticas locas?
Entonces sacudió un poco su cabeza antes de hablar.


—Disculpa.
No he querido ser grosero, debes disculparme.
Es solo que pensé que me estabas espiando—.

—No se preocupe. No ha sido mi intención interrumpirle y puede estar tranquilo… no he escuchado nada—.

Vi como respiraba aliviado y se dejaba caer nuevamente en el sillón.
Podía ver que estaba agotado y podía ver que estaba sufriendo.

Quise recorrer el espacio en un segundo y quise tomar su mano mientras le prometía que todo estaría bien, que fuera lo que fuera lo que el temía pasaría pronto.
Pero sólo en mi mente me atrevía a hacer cosas como esas, yo no era nadie para decirle esas cosas, seguramente no eran de mi de quien él las quería oír.

Además nada cambiaría, su vida seguiría como estaba, llena de ocupaciones, de compromisos, de gente pendiente de él a cada instante y por lo que había logrado entender, llena de pesados secretos.

—Ahora me vendría bien esa Coca-Cola—. Me dijo mientras se frotaba los ojos.

—Si, claro. Ahí está—. Le contesté mientras alzaba mi mano hacia él para entregarle su refresco. Traté de controlar el temblor de mi pulso, tratando por todos los medios de no parecer muy patética y no lo conseguí obviamente. —He limpiado la lata por usted, puede beber tranquilo—.

—Muchas gracias y eso es todo por el momento—.

—No debe tardar la hamburguesa que pidió—. Agregué.

Pero él no contestó y se perdió en sus pensamientos mientras bebía grandes sorbos de su refresco.

Estaba petrificada mirándolo sin poder moverme, pensaba:

“—¡Vamos Alexa, muévete ahora—!”. Pero no pasaba nada, simplemente no podía moverme.

Continué asi unos cuantos segundos hasta que de pronto vi sus ojos mirándome y examinándome de manera profunda, sin entender quizás porque yo seguía paralizada mirándolo. En ese momento volvió a sonar el teléfono y nos despertó del mágico momento en que sólo fuimos él y yo...

—¡Hola!, ¿podrías escucharme ahora?—. Dijo mientras alejaba el teléfono tapándolo con una mano y me decía, —Gracias, podrías dejarme solo, es una llamada personal!—.

Volvió de esta manera a su llamada, adentrándose en la habitación mientras le perdía de vista.

Salí a regañadientes del trailer, no quería irme de allí.
Sentía que mi lugar estaba junto a él, pero claro él y yo no compartíamos la misma idea.

Caminé lentamente en dirección al Trailer del catering mientras respiraba cada vez con más dificultad.



Diario de Coka
Ese mismo día

—¡Donde estarán esos malditos sándwiches!.
Ni siquiera está Alexa para ayudarme. ¡Dios mío!—. Blasfemaba metida hasta la cintura en el congelador.

—¿Coka, que pasa con la hamburguesa?—. Preguntaba Pato mientras entraba visiblemente nervioso.

—Mira Pato en mi vida me he metido a la cocina, no tengo idea como luces esos sándwich congelados—. Le decía a Patricio mientras seguía metida buscando el famoso sándwich a punto de una hipotermia.

—No encontrarás jamás el sándwich, debes buscar la carne, asarla y luego el pan tostarlo en el horno, mientras cortas tomate, y…..—. Decía Pato, mientras llegaba Alexa corriendo sin respiración con claros indicios de estar hiperventilando…

—¡Coka, lo vi, coka, lo vi, me hablo, coka, me hablo a mí, a mí, yo aun no puedo creerlo!—. Exclamaba riendo cada vez más fuerte.

—¡¿Me pueden decir qué coño pasa?!—. Reclamaba Pato a punto de explotar.

—Lo que pasa es que Alexa soñaba con conocer a Robert Pattison y yo por su cumpleaños conseguí realizar su sueño—. Le explicaba a Patricio bajándole el perfil a la situación que a esta altura ya era imposible disimular.

—¡¿YO SOÑABA?!—. Gritó Alexa, saliendo de su catarsis. —¡Si tu también estas de sanatorio por él!—.

—Miren esto se está poniendo rarísimo, lo único que les pido es que no hagan ninguna locura, que seguro que nos echan a los tres—. Suplicaba Pato mientras se agarraba la cabeza con dos manos mientras trataba de digerir que todo el Catering se encontraba en manos de dos locas de atar.

—Anda no seas exagerado, si el jefe aquí eres tú. Y ahora busca la maldita carne, que Alexa nos ayude con el pan y yo veré si encuentro tomates por aquí—. Les dije mirando con odio a Alexa., si claro yo era maestra para distraer la atención de la tremenda metida de patas que había hecho mi amiguita.

Todos trabajábamos de manera frenética en el famoso sándwich de Robert, cuando escuché una voz desde afuera del Trailler que preguntaba si había alguien por ahí.
Salí corriendo para ver si así podía evitar seguir trabajando, mientras Alexa y Pato seguían con la manufactura.

—¿Si, quién es?—. Alcance a decir cuando al levantar la cabeza vi delante mío… a ese tremendo espécimen que era el lobo.

—Puedes conseguirme algo fresco, nadie va a mi Trailer a preguntar nada—. Preguntó mientras sonreía con sus dientes perfectos, con un tono de incredulidad en la voz.

—Eh…eh…—. “Concéntrate Coka, concéntrate“. Me decía a mi misma sin poder dejar de mirar su perfecto cuerpo. —Mira yo la verdad, eh—. Balbuceaba incoherentemente !Por todos los cielos¡ No podía dejar de mirarle y no podía decirle tampoco que no tenía ni idea donde estaban los cubiertos.

—!!!Taylor!!!. Gritaba el hombrecillo con sonopronter desde el otro extremo del plato. —¿Necesitas algo?—.

—Bueno, intento que alguien me ayude, pero no tengo suerte—. Se quejaba Tayler haciendo un sensual puchero.
Agrrr. Estaba como para comérselo.


—¿Y tú? ¿Que haces aquí?. ¿No debían estar en el Trailer de Robert, y sin moverse de allí?—. Me preguntaba el odioso hombre. —¿Le llevaste la hamburguesa y la coca-cola que pidió?—. Hablaba casi sin respirar y aniquilándome con la mirada.

—Si la coca-cola ya se la llevamos…—.

—Y aquí esta la hamburguesa—. Dijo la voz de Alexa acercándose desde el interior del trailer.

Apareció entonces con un delantal y el rostro todo salpicado de ketchup, oliendo a fritura hasta en el pelo.

—Toma, llévasela—. Me dijo extendiendo el plato hacia mi mientras me cerraba un ojo.
Ella más que nadie en el mundo, sabía lo importante que era “esa hamburguesa” para mí.

Aquella simple, común y corriente hamburguesa era mi boleto para conocer por fin a mi amado Robert.

El odioso hombrecillo dio un vistazo a mi amiga y al ver el estado en el cual ella se encontraba no le quedó más salida que recurrir a mi para que completara el trabajo.

—Ok, pero rápido, corre—. Me gritaba el muy maldito.



Dejé de correr unos metros después. Expulsé la desagradable imagen del maldito con sonopronter de mi mente y caminé lentamente hacia el trailer de mi amado.
Saboreaba el momento, saboreaba cada paso que daba hasta que por fin me encontré frente a frente a su puerta.
Estaba ahí cuando la puerta se abrió y casi se me para el corazón, pero enseguida vi que una chica salía del interior, debía ser la asistente de la que hablaba Alexa.

—Dámela, me la comeré yo, Robert está dormido, demoraste una eternidad—. - Dijo la Chica arrebatándome el sándwich de las manos y marchándose.

Yo me quedé parada allí con las lágrimas a punto de explotar en mis ojos y sin saber porque el destino era tan despiadado conmigo.

Caminaba de regreso cuando decidí:

”—Que diablos nadie me arrebatara mi momento—”.

Volví al tráiler de Robert y sin más abrí la puerta, dispuesta a buscarle y verle aunque fuera por unos segundos y decirle que lo amaba.
Que desde la primera vez que lo vi supe que era él y sólo él, el hombre que yo esperaba.
Que adivinaba lo incomodo que era para él toda la locura desatada por un par de películas, cuando lo vi en el sillón.

Estaba completamente doblado, seguro que al despertar le dolería todo el cuerpo, en su mano empuñado había un celular y él lo abrazaba como un verdadero tesoro.

Me arrodille a su lado y lo miré a no más de 10 cms.
Su nariz recta, sus largas pestañas, su boca delgada como dibujada sobre una tez muy blanca, era perfecto, era él.
Sólo era cosa de extender mi mano y tocarle.
Miraba su frente contraída, sabía que algo le molestaba, algo le estaba en verdad doliendo, Dios mío quería saberlo, no por curiosidad sólo para entregarle soluciones, alguna salida, algo que lo aliviase.

Su cuerpo delgado y sus largas manos, típicas de pianista, hermosas, sin ninguna mancha.
Recordaba como en una entrevista se reía de los que ahora decían que era modelo de profesión, cuando sólo sus manos habían posado para las cámaras, que locura en que se había convertido ese chico humilde y súper tímido.
Éramos nosotras sus fans los que las habíamos convertido en este hombre atormentado, agotado, asustado y triste…
De repente sonó el teléfono, y él abrió sus ojos de pronto, me miró con las pupilas totalmente dilatadas y me dijo:

—¿Quien eres?, como entraste?, ¿Que haces aquí?—. Agregó mientras se alejaba rápidamente de mi.

jueves 12 de noviembre de 2009

Conflicto Eterno. Capítulo 15

Resignación
(Completo)





—¿Te gusta? —. Me preguntó Alice


—¿Y esto?—. Dije un tanto perplejo.

Ahí, junto a mi hermana se encontraba una flamante, nueva y hermosa motocicleta plateada.


—¡Es tuya!—. Exclamó dando un salto. —La he pedido cuando Bella llegó con la suya hace unos días atrás. Se me ocurrió que tal vez te gustaría correr junto a ella—.

—Es… muy generoso se tu parte—. Le respondí.

Entonces ella se rió en mi cara.

—No seas ridículo, yo no he pagado por ella—.

—¿A no?—.

Y todo hubiera sido más fácil de entender si Alice no hubiera evitado recordar o pensar en cualquier cosa relacionada a ello o si yo no hubiera estado tan preocupado con el asunto del extraño vampiro.

—Claro que no—. Prosiguió. —Yo sólo la he ordenado, tu has pagado por ella—.

—Ok—. Le respondí asimilando que era el dueño de un vehiculo que no necesitaba. —Jamás se me habría ocurrido comprar una motocicleta…
Pero debo reconocer que es muy hermosa—.

—Claro que si, yo la he elegido.
Dicen que se siente muy bien cuando el viento te golpea el cuerpo.
Pero para los humanos es un poco incomodo la sensación si no estas equipado como corresponde—. Entonces me mostró otra vez el recuerdo de Bella llegando a casa. —Y es por eso que me he tomé la libertad de comprar para ella algo también.
Espero que no te moleste—.

—No, claro que no, no me molesta en absoluto, pero ya sabes como se pone con los regalos—.

—Pero estoy segura que aprobaras esto—.

Se dio la media vuelta y desapareció en dirección a la casa.

—Alice estoy un poco apura…—. Intenté decirle pero ella volvió antes de terminar la frase.

—No seas tan molesto Edward, seguro que Emmett esta haciendo un gran trabajo. Además mira que linda se verá Bella con esto—.

En mi mente imaginé por un momento toda la escena.
Bella montada en su motocicleta con el pelo al viento asomándose por debajo del casco que sostenía Alice en una mano y una cazadora de cuerro en la otra.
La prenda se ajustaba su figura mientras recorríamos la solitaria carretera.

En mi mente ya había acariciado la idea de compartir aquel pasatiempo que parecía gustarle demasiado.

—Seguro que te ha gustado, a que si—. Dijo mi hermana mientras me devolvía mi reflejo en su mente.

Pestañeé en un intento por borrar la expresión estúpida de mi rostro.
Me había gustado, todo lo que ella había comprado me había gustado y mucho.

También Jasper estaba fascinado por la nueva adquisición.

—Me sorprende enormemente que Emmett no te digiera nada sobre esto.
Le pedí que no te contara y sobre todo que tratara de no pensar en ella.
Pero estaba resignada a que se arruinara la sorpresa—.

—Creo que pensaba en otra cosa en ese momento—. Le dije tratando de desviar el tema.

—Si, tienes razón.
No he querido molestarte pero vi que las cosas se ponían mas peligrosas de lo común y he decidido darte una mano.
Disculpa mi intromisión pero no estoy arrepentida, se que en el futuro lo agradecerás—.

—No lo agradezco en el futuro—. Respondí efusivamente. —Lo estoy ahora.
Muchas gracias, no me percaté de que la situación pudiera ser tan peligrosa—.

—Claro y ahí radica el peligro en si. De que efectivamente no estabas conciente.
De todas maneras nadie ha salido lastimado… bueno, tal vez sólo un poco Emmett—.

Y dicho esto mi hermana se largó a reír.
Su risa atrajo la curiosidad de Jasper que aun estaba absorto contemplando la motocicleta.

—Te gustaría dar un paseo en ella—. Le pregunté.

—No estoy seguro. Aun tu no la usas, no me sentiría cómodo. Tal vez otro día—. Me respondió.

Pero yo sabia que en realidad le hubiera gustado mucho hacerlo.


Sin más tiempo que perder, tomé de una vez el coche y fui por Bella.
La única motivación de llegar pronto era el verle pero cuando pensaba que pronto debería dejarla, nuevamente podía sentir aquel frió que experimenté cuando me alejé por tanto tiempo de ella.
Pero estaba resignado.

Aparqué mi coche en el lugar acostumbrado y preste atención a los ruidos provenientes de los alrededores.
Emmett corría a casa. La tarea de vigilancia le había distraído y sin animo volvía a la monotonía.
Pobre Emmett, que pensaría de mi cuando le contará que Bella se marchaba por algunas interminables horas a departir con los Quileutes?
Pensaría que era un traidor sin lugar a dudas.
No admitiría que nadie se pronunciara sobre ese asunto, aquello sólo debía importarle a Bella y a nadie más… Y lamentablemente eso me dejaba fuera a mi también.

Bella abrió la puerta como siempre, con ese exquisito brillo en los ojos, mirándome justo como lo había hecho la primera vez.

Extendí mi mano hacia ella y sin dejar de mirarme recorrió la mitad restante del camino para unir nuestras manos.

—Bienvenido otra vez—. Me dijo.

Levanté nuestras manos entrelazadas y las llevé hasta mi pecho.

—Ahora estoy completo—. Le respondí inclinando mi cabeza hasta que nuestras frentes también estuvieron juntas.

Mi mano libre buscó su cintura y borre por completo la distancia que nos hacia ser dos cuerpos y nos unimos como si fuéramos uno en un beso suave pero cargado de sentimientos.

Era tan bueno estar otra vez junto a ella.

Su padre estaba cenando en la cocina, demasiado interesado en el contenido de su plato más que de su hija que se encontraba en la entrada de su casa.

—¿Quieres que yo hable con él?—. Le pregunté antes de entrar.

—Muchas gracias pero he creído mejor hacerlo cuando tu no estabas—.

—Mmm… Déjame adivinar su respuesta…—.

—¡Basta ya Edward!—. Me respondió juguetonamente. —Sabes que no lo hace por mal—.

—Si lo se. Y no me molesta. Es más, creo que ya no lo encuentro ni siquiera molesto—.

Una nueva mueca de desaprobación se dibujó en su rostro.
Le pedí disculpas y entramos en su casa dispuesto a soportar los comentarios de su padre, demasiado complacido por la actividad que su hija había elegido.


—No te preocupes por los trastos—. Le decía su padre mientras Bella retiraba la mesa. Será mejor que te marches de una vez, seguro que Jacob ya te esta esperando.


Al parecer en mi ausencia Bella había adelantado algunas cosas, además de hablar con su padre también le había telefoneado a Jacob anunciándole que asistiría esa noche.
El muchacho había estado de acuerdo en cumplir mis condiciones y esperaría por ella a las seis en la frontera que dividía nuestros dos territorios.

Nos despedimos de su padre y nos encaminamos hacia mi coche, o por lo menos eso hacia cuando vi que Bella se rezagaba intencionalmente.
Pensé por un momento que había cambiado de opinión sobre ir esa noche y debo reconocer que por un momento me sentí dichoso de saber que una vez más era yo él único que habitaba en su corazón.
Pero no fue eso lo que realmente sucedió.

—Sabes, después de pensarlo un poco he decidido devolver mi motocicleta a su verdadero dueño—. Me dijo con la mirada perdida.

—Pero si es tuya—. Le respondí sin comprender muy bien sus palabras.

—Bueno eso verdad solo técnicamente. Creo que le pertenece más a Jacob que ha mi—.

—¿Entonces? Que me quieres decir?—.

— Lo he pensado y creo que lo mejor… creo que lo más justo es que Jacob la tenga.
Él ha trabajado tanto en ella que no podría venderla, no sería justo que yo sacara provecho económico de su trabajo—.

—Si eso es lo que tu quieres… —. Le contesté escondiendo la decepción que sentí en ese momento.

No intentaría que cambiara su decisión, me había prometido no interferir en sus decisiones, siempre y cuando no tuvieran que ver en lo que a su humanidad se refería, en ese tema siempre tendría algo que decir. Pero en todo lo demás me quedaría estrictamente al margen y me atendría a mi palabra.

Procuré resignarme mientras conducía de vuelta a la casa de mis padres.
Bella había decidido que esa era la mejor oportunidad de devolver la motocicleta y debíamos ir por ella antes de dejarla en la frontera.

Inevitablemente vio mi flamante nueva adquisición.

Le había pedido a todos que no estuvieran presentes para evitar que Bella se sintiera cohibida e intimidada por el regalo, pero todo había sido inútil.
Cuando descendió de su carro vio frente a frente mi motocicleta estacionada justo al lado de la suya.

Perpleja y sin dejar de mirarla caminó hacia ella y me preguntó:


—¿Qué es eso?—.

—Nada —. Le mentí.

Debí llamar a mis hermanos y pedir que la escondieran. Había sido un verdadero tonto.

—Pues nada no es exactamente lo que parece—.

Traté de permanecer inexpresivo, desinteresado por el asunto, con las manos en los bolsillos y evitando en todo momento los ojos de Bella.
Era absurdo tratar de permanecer indiferente, ella no lo dejaría correr tan fácilmente.


—Bien, no sabía si ibas a perdonar a tu amigo o él a ti, y me pregunté si alguna vez querrías volver a montar en moto—. Le dije evitando mencionar la participación de Alice en todo el asunto. —Como parecía ser algo que te hacía disfrutar, pensé que podría ir contigo... si tú quisieras—.

Ocultando mi decepción me encogí de hombros tratando de pasar desapercibido.
Bella se volteó para contemplar una vez más el vehiculo.
Se refugió en el silencio de su mente para luego proseguir tristemente.

—No creo que pueda seguirte el ritmo —.

Vi como bajaba la mirada y sentí la ansiedad de no saber que le hacia sentirse de esa manera.
Levanté mi mano y con la yema de mi dedo jugué sobre la comisura de sus labios, tratando de convertir la triste expresión de su labios en una sonrisa.


—Seré yo quien me mantenga al tuyo, Bella—. Le aseguré al ver que su expresión no cambiaba.

—No te vas a divertir nada—. Respondió mirándome a los ojos.

Entonces una vez más… como siempre me perdí en ellos.

—Claro que sí, siempre que vayamos juntos—.

Entonces se mordió sensualmente el labio inferior mientras sus ojos volvían a perderse.

—Edward, si pensaras que voy demasiado rápido o que pierdo el control de la moto o algo por el estilo, ¿qué harías?—.

¿Que clase de pregunta era esa?.
Principalmente por que yo sabría cuando una situación fuera demasiado peligrosa para ella y nunca permitiría que su vida se viera amenazada en un tonto accidente de transito.
Tan sólo pensar en ello era ridículo y sobre todo por que Bella estaba al tanto de ello.
Su pregunta entonces fue aun más intrigante y desconcertante que nunca.

¿Cual era el verdadero trasfondo de ella?

Quizás fuera uno que iba más allá de mis capacidades sobre-naturales…. O tal vez… Tal vez tuviera que ver con la falta de esas ventajas.

¿Que era lo que realmente quería decir?

Comprendí entonces que ella me comparaba y no sólo hacia eso, me comparaba con él.

Pero que era lo que la llevaba a hacer algo asi?

Él y yo éramos demasiado diferentes, el compararnos era comparar a la noche y el día.
Y seguramente Jacob era una criatura que poseía virtudes y defectos, pero yo, en ese momento sólo veía acentuados en él los defectos.
¿Cambiaria mi percepción si él fuera humano?

No, no lo haría! De eso estaba más que seguro.

—Esto es algo que tiene que ver con Jacob. Ahora lo veo—. Dije manteniendo mis emociones bajo control.

Observó mi rostro cuidadosamente.

—Es sólo que, bueno, yo no le hago ir más lento, al menos no mucho, ya sabes. Puedo intentarlo, supongo...—.

Pensé en sus palabras un momento.
Maldita la hora que a Alice se le había ocurrido comprar la famosa motocicleta.
No podía creer que por ella Bella estuviera comparándome, incluso tal vez prefiriendo a Jacob por ser sólo un poco más humano que yo.



Desvió la vista y sus ojos se posaron otra vez en el vehiculo con la duda y la tristeza dibujada en su rostro.

¿Que temía?
¿Temía no ser lo suficiente para mi o que yo fuera demasiado para ella?
No debía serlo, no debía ser nada más de lo que ya era. Yo le amaba tal y como ella era. Ella era mi Bella y lo sería por siempre.

Le pedí que no se preocupara por la motocicleta, de todas maneras después de todo no había sido una muy buena idea el comprarla pero ya que aquí estaba se la obsequiaría a Jasper.

—Quizá ha llegado la hora de que descubra una nueva forma de viajar. Después de todo, Alice ya tiene su Porsche—.

—Edward, yo...—. Comenzó a disculparse.

Pero no era necesario que lo hiciera, el viajar de esa manera para mi no significaba, no después de ver lo mucho que el tema le había perturbado.

Tomé su rostro entre mis manos y cerré sus labios con un fugaz beso evitando que continuara.

—Te he dicho que no te preocupes, pero ¿harías algo por mí?—. Pedí deseando que impulsivamente accediera.


—Lo que quieras —. Expulsó sin pensarlo.

Era tan grato acertar algunas veces a sus reacciones.
Solté su rostro por unos momentos y me dispuse a buscar los accesorios que permanecían escondidos a un costado de la motocicleta.

En ese mismo momento sentía que estaba a punto de enfrentarme a un animal salvaje.
¿Como reaccionaría al ver sus regalo?
Decidí entonces que debía enfrentar lo peor primero.

—¿Por favor? —. Supliqué entregándole la más “Deslumbrante” de mis sonrisas mientras le mostraba el casco.

Los observó por un pequeño momento entrecerrando los ojos.

—Voy a tener un aspecto estúpido—.

Mmm. Eso había estado muy bien, inclusive para ella.
Seguramente era la visita a La Push lo que la tenia de tan buen animo y disposición.
Pero fuera como fuera estaba agradecido de que se mostrara tan sensata sobre el asunto.

—Qué va, vas a estar estupenda. Tan estupenda como para que no te hagas daño —.

Me acerqué a ella nuevamente y tomé su cabeza delicadamente entre mis manos.
Debía tener mucho cuidado, debía medir mi fuerza como si toda su estructura fuera del más fino de los cristales. Solo bastaría un error en mis cálculos, una fuerza indebida y podría exprimir su cráneo.
Expulsé aire y me concentré.

—Hay cosas entre mis manos en este momento sin las cuales no puedo vivir—. Continué. —Me gustaría que las cuidaras—.

—Vale, de acuerdo. ¿Y cuál es la otra cosa? —.

Nerviosamente reí esperando su reacción. Después de todo no podía ser tan mala su reacción, no después del casco.

Tome la cazadora que colgaba de mi brazo y la sacudí desplegándola en el aire para que ella la contemplara.


—Es una cazadora de motorista. Tengo entendido que el azote del aire en la carretera es bastante incómodo, aunque no me hago del todo a la idea—.

Extendí la prenda hacia ella mientras Bella emitía un resignado suspiro.
Acomodó su cabello que le caia bajo el casco, lo ajustó a su cabeza y se volteó para que le ayudara a ponerse la chaqueta.
Sus brazos se deslizaron por las mangas y una vez terminado la voltee para subirle la cremallera.

Era tal y como yo lo había imaginado.
A medida que se iba cerrando la suave prenda se ajusta cada vez más a su cuerpo, dejando al descubierto su curvilínea figura.

Una vez terminada mi tarea me alejé un paso hacia atrás para poder contemplarle mejor en todo su esplendor.

—Sé honesto, ¿a que estoy horrible?—.

Era posible que se viera horrible?

Di otro paso hacia atrás esta vez fingiendo necesitar una segunda vista para entregarle mi respuesta.

—¿Tan mal? —. Preguntó.

Y eso era simplemente imposible.
El cuero de la chaqueta se ajustaba a ella como una segunda piel y el casco le daba un aspecto salvaje y peligrosa.

—No, no, Bella. La verdad es que... —. Busque en mi mente alguna palabra que no sonara demasiado reveladora o vulgar para describir las emociones que estaba sintiendo en ese momento.
Ya casi podía ver a Bella sola por la carretera, corriendo a toda velocidad y yo parado en medio de esta esperándole. Ella no se detendría y seguía de largo sin siquiera voltearse. Correría entonces tras ella hasta darle fácilmente alcance y dando un salto tomaría yo el control de la motocicleta mientras ella enrosca su cuerpo contra el mío.
Todos aquellos implementos que estaba usando eran demasiados sugestivos para mi, no podía parar de imaginarme escenarios donde ella los usaba y siempre lucia de la misma manera…

—Estás... sexy—. Concluí rendido.

Seguramente esa imagen me perseguiría por mucho tiempo.


—Vale—.

—Muy sexy, en realidad—.

Y verdaderamente no era una buena idea tener aquella imagen en mi cabeza cada vez que estuviera junto a ella, sólo por su seguridad.


—Lo estás diciendo de un modo que me lo voy a tener que poner más veces, pero no está mal. Llevas razón, queda bien—.

Rendido una vez mas su encanto le abrace cuidadosamente contra mi pecho.



—Eres tonta. Supongo que es parte de tu encanto. Aunque, he de admitirlo, este casco tiene sus desventajas—.

Era un tanto extraño abrazarle mientras llevaba ese atuendo, aunque el cuero parecía una segunda piel, era frío en comparación a su calida piel y el casco ocultaba su rostro haciéndolo inalcanzable para poder besarle.
Una vez más, cuidadosamente le ayudé a deshacerse de el para poder besar sus labios.
Y comprobé que aquel atuendo sería una verdadera maldición para mi.
Mi deseo por ella se incrementaba más y más mientras mis manos recorrían su espalda de arriba hacia abajo.
No era conveniente que siguiera besándola, no con el aspecto que hoy tenía.

Lastimosa pero plenamente consiente que era lo correcto me separé de ella.
De todas maneras no tenía sentido el dilatar la situación. La verdad era que Bella, dentro de muy poco estaría lejos de la protección de mis brazos y eso me hacia sentir demasiado ansioso.

Metí la motocicleta en el maletero de mi coche y nos dirigimos hacia el lugar en donde Jacob nos esperaba.

Manejaba tratando de alejar de mi mente que manejaba hacia un lugar en donde mi presencia estaba prohibida.
Un lugar donde yo no debía ir.
Ayudó un poco que Bella distendiera un poco el viaje haciendo referencia a los viajes que hacia con su padre, pero no era suficiente para calmarme.

Y le escuche mucho antes de llegar, pero fue al doblar la curva que se encuentra justo a medio camino entre el pueblo y la reservación que le vimos.
El corazón de Bella se detuvo por un momento y apreté los puños entra el volante deseando en todo momento que fuera el cuello de Jacob Black.

Estaba atado por el amor.
Atado por la promesa de permitir que viviera su vida y ahora estaba a punto de pagar el precio.
Pero no dejaría que el olvidara que yo era su pareja. Lo era ahora, lo seria mañana… lo seria por siempre.

Él maldecía que lleváramos 10 minutos de retrazo pero su corazón largó a latir descontrolado cuando nos vio acercarnos y no era por mi, de eso estaba malditamente seguro.

Paré a un costado del camino cuando faltaban exactamente trece metros antes de llegar a la línea invisible que nos separaba.
Jacob también había hecho lo propio y reclinado contra un viejo escarabajo, se encontraba a unos prudentes doce metros de la línea, adentrándose en territorio Quileute.

—Llámame cuando quieras regresar a casa y vendré—. Le dije luego de apagar el motor.

—No tardaré mucho —. Respondió como una promesa.

No era eso lo que quería escuchar.
Sonaría mucho mejor “No volveré nunca más” Esa sería una buena promesa pero no tenia sentido pedir imposibles.

Bajé del coche humanamente y le ayudé a Bella a bajar también.
Mi andar era pausado, retrasándome intencionalmente.

Mi actuar molestó a Jacob quien esperó impacientemente a que terminara.
Saqué entonces la motocicleta del maletero de mi Volvo y luego el resto de las cosas.


—¿Lo tienes todo? — Pregunté.

Y ella aseguro que así era y claro que así era.

Resignación, resignación.
Me incliné sobre ella para besarle de despedida pero ella volteó el rostro y yo dejaría que ella se llevase ese frio recuerdo de mi.

Tomé su rostro entre mis manos y busqué sus labios.
Le besé ardientemente demostrándole lo mucho que le amaba y lo mucho que le extrañaría.
Quería que mi beso le acompañara toda la velada y supe que asi seria cuando comenzó a jadear contra mis labios.
Le besé llenando si boca de mi aliento, seguramente cuando hablara con él podría sentir mi presencia en todo momento.

Jacob, que presenciaba toda la escena, se retorcía al ver a Bella entre mis brazos con una mezcla de rabia y de asco a la vez.
Era inconcebible para él que nos besáramos y que lo hiciéramos con tal ardor.

Reí entonces contra los labios de Bella por la reacción de su amigo.
Seguramente esa imagen seria difícil de borrar de su mente.

—Adiós —. Le dije mientras se alejaba de mi y me deleitaba una vez más con su apariencia. —¡Cómo me gusta esa cazadora!—. Agregué tratando de parecer tranquilo y relajado.

Y así fue como Bella me dio la espalda y se encaminó hacia él arrastrando consigo la pesada maquina contra su frágil cuerpo.

Le contemplé por un momento para asegurarme que tuviera todo bajo control pero al cruzar ya nada podía hacer por ella.
Me molesto aun más que nunca el sonido de su voz al querer saber que hacia Bella con la motocicleta ahí y subí a mi coche mientras Jacob trotaba como un maldito perro hacia ella.

No podía seguir siendo testigo de todo eso.
Me permití una última mirada, sólo una última vez.
Pero fue peor de lo que había pensado, justo en ese momento Jacob la tenía entre sus brazos y le abrazaba alzándola en el aire.

De pronto el espacio dentro del coche se hizo repentinamente pequeño y me sentí claustrofóbico.
Mi mano se cerro sobre la manilla de la puerta como una garra deformándola por la presión aplicada.
Mi cuerpo tiritó mientras trataba de poner en marcha el vehiculo y salir de ahí lo antes posible.
Toda la escena era sacada de una de las peores de mis pesadillas.

Estaba entonces más seguro que nunca que el cielo y el infierno existían y en ese momento yo estaba pagando cada uno de mis pecados, me encontraba en mi propio infierno personal.

Pisé firme el acelerador y el motor rugió por el esfuerzo de la maquina.
Sin volver a mirar por el espejo retrovisor me alejé antes de algo que seguramente después lamentaría.

Junto a Bella se alejaba toda mi tranquilidad y calma. Mi corazón sangraba tristesa y lamentos.

¿Podría soportar las horas hasta que ella volviera? ¿Que me impediría regresar y reclamar lo que era mio?