domingo 8 de noviembre de 2009

A la caza del vampiro. Capitulo 5

Desacuerdos







Diario de Coka
Bournemouth. Noviembre 20 de 2010



Por minutos, el tiempo se detuvo totalmente fueron segundos larguísimos, cuando el hubo pasado, mis piernas comenzaron a temblar sin control y tuve que sentarme porque no podía continuar de pie, en ese momento y sólo en ese momento me di cuenta que Alexa estaba completamente tirada en el suelo.

—¿Ale? —. Del susto me acerque rápidamente a ella y le hable tomándole las manos para comprobar su pulso. —¡Ale, Ale!. ¿Que tienes?... Despierta!!! —.
Le dije asustada.

Yo miraba nerviosamente para todos lados, temía que alguien viera el espectáculo que estábamos dando.

—¿Coka, donde estas? —. Preguntó Pato al mirar a través del mesón sin poder verme.

—Aquí, pato, abajo—. Respondí avergonzada tratando de no levantar la voz para que nadie nos viera, la situación era demasiado bochornosa.

—¿Que diablos?. ¡Joder Coka!. ¿Que ha pasado? —. Dijo él muy inquieto.

—Heee. Bueno…—. Por todos los rayos, no sabía que decirle.

¿Se ha descompensado por ver de cerca a su amor platónico?
No, eso no. Seguro que él mismo nos corría del plató.

—Le bajó la presión… es que ella es… diabética?. Sí, eso. Es diabética—. Le dije sin pensarlo demasiado.

Y era increíble como las mentiras salían de mi boca en esos últimos días, si seguía así me convertiría en toda una experta del embuste.

Mi amigo muy amablemente me ayudó a despertar a Alexa y no dudó en pedir la presencia de una enfermera.
Me opuse en primera instancia pero al pasar los segundos y al ver que Alexa no despertaba no me quedó más salida.

—Esto sí que es un problema—. Comentó él mientras esperábamos. —Justo ahora que Robert ha pedido que le lleven una gaseosa—.

No había terminado de decir esto cuando…

—¡Yo voy!—. Inesperadamente gritó Alexa, renacida de ultratumba y completamente recuperada.

—Pues me parece que tú no estás en condiciones Maja—. Dijo Pato mirándola con recelo.

Alexa se paró como si tuviera un resorte en el trasero y comenzó a caminar.

—Heee. ¿Ale?—. Le pregunté. —¿Adonde vas?—.

—¿Adonde crees tú…?. Voy por una Coca Cola—.

—¡A no!. ¡Eso si que no!—. Respondí para luego darme alcance. —¿Y tú crees que yo he pasado por todo esto para dejarte a ti ir primero?—

—Coka a ti te da lo mismo si es Robert o es Taylor. Yo llevaré lo que él necesita a si es que apártate de mi camino o no respondo—.

—¿A si? ¿Y qué vas a hacer? —.

Entonces comenzó una discusión encarnizada con la que hasta ese momento era mi más querida amiga.

—Estas completamente equivocada si crees que te dejaré ir primero—. Le grité fuera de mí.

Y en los 5 minutos siguientes nos dijimos cosas terribles a la cara. Cosas que jamás nos habíamos dicho.
Todo esto ante los ojos atónitos de Pato que callado no se atrevía a decir ni una sola palabra.
Estaba segura que antes, en innumerables veces me había visto molesta pero ahora era otra cosa, estábamos completamente fuera de control.


Por primera vez en estos años de amistad, Alexa y yo nos mostramos nuestro lado más fiero, más guerrero y estamos a punto de agarrarnos del pelo cuando apareció ese molesto hombre con cuerpo de gorila llevando sus estúpidos anteojos negros y sonopronter metido en la oreja.

—¿Quien de ustedes llevará la Coca-cola a Robert? —. Pregunto con su voz gorila afeminado.
Miró sin ninguna preferencia y al darse cuenta que ninguna respondía, nos dijo mirando a Alexa:

—Que vaya la que se sabe controlar—.

Así sin más destruyó mi sueño más acariciado, poder estar a solas con él.

Mientras esto sucedía, Alexa corría al Trailer con la Coca-cola, sin abrirla, sin vaso, sólo con la bebida en la mano y corriendo como si en esto se le fuera la vida.

“—Maldita Amiga—“. Lloraba apretando los labios mientras Pato me preguntaba que estaba sucediendo realmente.

—Nada Pato, no te incumbe—. Era suficiente, después de todo no tenía ganas ni de hablar, estaba destrozada por la pena.



Diario de Alexa
Ese mismo día.



Corría, lo único que sabía en ese momento era que le vería en unos segundos.
Corría sin importarme demasiado que mis tobillos se doblaran como los de una muñeca de trapo producto de las piedrecillas que recubrían el camino hacia el trailer donde él estaba.
Mis manos sudaban, lo podía sentir a pesar de lo helada que estaba la lata de bebida.
Un par de metros más, solo un par de metros más.

Por primera vez en mi vida le había ganado a alguien y no podía creer que fuera a ella… a mi mejor amiga…

Paré en seco mi carrera sintiendo de pronto la cabeza fría.
No podía creer lo que acababa de suceder.
¿Verdaderamente le había dicho todas esas cosas a Coka?
¿Como había sido capaz?
¿De dónde había sacado los cojones?

Metí mi mano a mi bolsillo y saqué el pequeño frasco de antidepresivos. Hace días que no sentía necesidad de tomarlos pero ahora, de pronto sentí en mi pecho esa presión que me recuerda que debía hacerlo para soportar el peso del mundo, de mi vida.

¿Que había hecho?
Era verdad, ella estaba simplemente insoportable y yo habitualmente me dejaba llevar por su carácter dominante, pero esta era una situación sacada del fondo de mis más profundos sueños y no permitiría que nadie me despertara, ni siquiera ella.

Cuando nos ordenaron que no debiéramos hablarle respiré aliviada por primera vez en muchas horas.
Era un alivio no tener que hacerlo.
¿Que podría haberle dicho?
¿Que le amaba, que era el príncipe de mis sueños y que no era un amor nacido del fanatismo?.

Sentía que le conocía, sentía que le entendía.
Cada risa nerviosa, cada vez que pasa sus dedos por sus cabellos una y otra vez, quería tomar su mano y calmar su malestar.

Cada vez que le acosaran, cada vez que viera en sus ojos el agotamiento, quería que fuera a mí a quien él recurriera buscando paz y tranquilidad.

¿Como decirle todas esas cosas y no parecer una loca, una enferma obsesiva?

No, no podía hacerlo.
Y sobre todo porque estaba segura de en cuanto me encontrara frente a él no podría pronunciar palabra alguna.

Y él no necesitaba que yo le digiera algo.
En su vida perfecta, rodeado siempre de gente perfecta mis palabras sonarían como el más molesto de los zumbidos.
Sabía que mi rostro y mis palabras eran fáciles de olvidar. Seguramente la gente que alguna vez conocí ya no me recordaba.
Pasaría lo mismo con él.

¿Me vería siquiera?
¡Claro que no lo haría!

Comencé a caminar otra vez hacia el trailer pensando, sin dejar de mirar el empedrado camino.

Por eso no me importaba llevar un delantal y una gorra, no importaba que él no levantara la vista hacia mí.
Pero aun después de enumerar todas esas razones, estando plenamente consciente que yo no era nada, que nunca sería nada, aun sabiendo todo eso no podía dejar de verle, de estar en la misma habitación que él, aun cuando estuviera rodeado de su equipo de trabajo, mis ojos solo tendría ojos para él y grabaría en mi memoria todo lo que mis sentidos captarán.

¿Pero valía la pena perder el cariño de mi mejor amiga?
¿Eso nos costaría el conocerle, en eso nos transformaríamos?
¿No tendría una amiga para compartir ese hermoso recuerdo?

Sentí aquel dolor de estomago y las lagrimas agolpándose en la comisura de mis ojos listas para salir disparadas en cuando volviera a pestañear.

No. Él conocerle no lo valía, no sin ella. No sin tener a mi amiga para recordar esa aventura.

Lo sentí en el pecho, lo sentí en ese momento tan cierto como el aire que respiraba.
Ella nunca me perdonaría, yo nunca si ella me lo hiciera a mí.

Un paso más y estaría ahí.
Lo di vacilante, demasiado consciente de que al abrir la puerta, de que en el momento de que pusiera un pie dentro le rompería el corazón a mi amiga del alama y me quedé ahí con la manilla entre mis dedos sin poder hacer otra cosa más que pensar en ella.






Diario de Coka
Bournemouth. Noviembre 20 de 2010


No podía creer cuando vi entre mis lágrimas como Alexa corría hacia mí como si huyera del mismo demonio trayendo la misma lata de bebida con la cual le había visto dirigirse al trailer de Robert.

—¿Pero que estás haciendo aquí? —. Le pregunté secándome las lágrimas con el puño de mi blusa.

—Lo siento, de verdad que lo siento. No lo puedo hacer, no si tú estas molesta…. Y más encima si tú te quedas aquí llorando—. Me dijo mientras se me tiraba encima y me abrazaba.

No podía creer lo que estaba haciendo. Había dejado a Robert sediento… solito y esperando por un refresco.

—Ale, Ale. Suéltame antes que nos vea alguien—.

—Lo siento de verdad—.

—Estas loca de remate—. Le dije mientras las lágrimas volvían a correr por mis mejillas.

—Por favor no llores amiga. Esto sólo vale la pena si lo vivimos juntas—.

—Si pero sólo una puede ir y esa eres tu—.

—Bueno estaba ahí parada fuera del trailer.
Me debatía entre entrar o no, sabiendo que te perdería si lo hacía, cuando la puerta se abrió y del interior salió….

—¡¿Robert?! — Pregunté emocionada.

—No…. Déjame terminar.
Era su asistente. Me dijo que Robert estaba hambriento y que pedía una hamburguesa con queso y unas papas fritas—.

—¡No te puedo creer que se permita comer comida chatarra en plena grabación de Amanecer!—.

—Pero Coka, atiende que eso no es lo importante.
Lo importante es que tú le llevarás la comida—.

—¿Pero y tú? —. Pregunté confusa.

—Yo, tengo que ir por otra bebida que esté helada ya que con tanto agarrarla terminé por calentarla. Mira pruébalo—.

Me dio a beber de la lata y cerré los ojos. No podía creer que él también había tomado de ella.

—Ale, es verdad….— Dije casi sin aliento. ¿Como había podido pelear con ella? Si la Ale era más buena que el pan. —¿Ale de verdad él tomó de esta misma lata? —.

—¿Estas loca? No, fue ella.
Cuando me vio parada ahí me pidió la lata y yo se la tuve que dar. ¿Qué más podía hacer?. Entonces sitió que estaba caliente, la abrió y tomó un sorbo—.

—¡Wuacala!. ¡Qué asco!. ¿Y por qué me das para que tome? —.

—Pero Coka no seas tan asquienta. Además la tipa es súper simpática y nos quiere a las dos ahí.
Yo estoy dispuesta a besarle los pies sólo por eso—.

—¿Y que a dicho el gorila con sonopronter? —.

—Que corriera por ti y que no nos moviéramos del frente del trailer para estar disponibles para él en todo momento.

La misma asistente le ha llamado exigiéndoselo ya que ella se tiene se retirar por algunas horas y no quiere que él quede desatendido—.


—¿Que estamos esperando entonces?¡Muévete Ale, que nos quedamos sin Robert!
— Le dije mientras corría a la cocina a calentar la famosa hamburguesa que estaba en el cooler con todos los congelados, rogando que no explotara el horno en el proceso.

Mientras tanto Alexa corría por la Coca-cola, el vaso olvidado y una pajita directo al trailer.


Diario de Alexa
Ese mismo día.


Al entrar en el Trailer no pude ver donde estaba, mientras más me adentraba, buscándolo con la vista de pronto escuché una conversación telefónica que me dejo helada:

"Te digo que acabo de llegar...

¡Escúchame un momento por favor!

¡Tu sabes bien como son las cosas!...¡Kriss yo no mando en esto, sabes bien que no podemos hacer eso!, ¡¿Porque es tan difícil que entiendas?!

Mira estoy cansado y no quiero pelear mas contig…—". Decía Robert mientras comprobaba que le habían cortado el teléfono.

Fue en ese momento en que él giró hacia donde yo me encontraba y me sorprendió ahi parada, con su bebida y el vaso en la mano casi pretrificada.



—¿Desde cuándo que estas ahí?—. Me preguntó Robert mirándome directo a los ojos, estaba claro que no pasaría desapercibida como había imaginado.

__________________________________


Bueno aqui va otro capitulo de nuestra loca historia, este capitulo fue dificil porque fue un parto doble, tuvimos una encarnada discusion para ver quien era la primera en verlo, finalmente y definitivamente sera Alexa la que tenga ese privilegio porque es en sus alas que hemos podido tocar el sueño con la punta de los dedos y seguir soñando con él.

Ale este capitulo es para ti, mi querida amiga!

sábado 31 de octubre de 2009

Conflicto Eterno. Capítulo 14

Confirmaciones
(Completo)








Bella se oponía a que Jacob subiera al pueblo mientras nosotros permaneciéramos en el.
Creía que todo era sumamente infantil de nuestra parte.

—No es que sienta ningún tipo de antagonismo hacia él, Bella, es que de este modo resulta más sencillo para los dos —. Le aseguré mientras esperaba que Jacob se acercará un poco más.

Venía corriendo, podía escuchar el golpeteo de sus cuatro patas contra la tierra húmeda del bosque.

—Yo permaneceré cerca y tú estarás a salvo—.

Pero no era su seguridad lo que ella temía en ese momento.

Y le comprendía.
Sería muy fácil para mi perder el control si él se acercaba demasiado a ella.
Pero Bella era mía y no le dejaría olvidar eso ni por un solo segundo.
Entonces una idea cruzó por mi mente.
¿Jacob no vendría en busca de un rastro? Pues entonces encontraría el mío por doquier.

Me acerqué a Bella y le abrace con fuerza, rodeando su espalda e impregnando mi aroma en todo su cuerpo.
Me incliné, hundiendo mi rostro en la parte superior de su cabeza y luego exhalé mi aliento sobre ella bañándola por completo con mi efluvio.
No permitiría que el olvidara que yo era dueño de su corazón.

—Regresaré pronto —. Le dije alejándome de ella cuando escuche a Jacob aproximándose y no pude evitar reírme de buena gana cuando él se acercara a ella más de lo permitido.

Mi actitud despertó la curiosidad de Bella que no, obviamente no entendía mi forma de actuar.
¿Pero como explicarle que prácticamente la había marcado como mía?
No. No podía decirle eso.
Me limité sólo a sonreír y luego correr hacia los árboles.

Jacob Black también sintió mi aroma y mi presencia.

—Todo esta liso—. Me anunció en su mente. —Podrás cruzar y ver si encuentras alguna rastro extraño, pero nosotros no hemos encontrado nada.
Y no olvides que te estarán observando—. Advirtió amenazante

Me dije a mi mismo que esta bien dejarla junto a él.
Trataba de creer que todo estaría bien.

Corrí hacia la línea que nos separa de los Quileutes, ya podía ver lo molesto que estaría Emmett cuando se enterase que había cruzado solo. Pero no podía exponer aquella “Tregua” momentánea.

Seguí mi camino hasta que Jasper se reunió junto a mi.

—Alice me envió—. Dijo mientras yo disminuía la velocidad y permitirle que se reuniera junto a mi.

—Muchas gracias, pero creo que todo estará bajo control—.

—De todas manera creo que te vendría bien una mano—.

Ninguno de nosotros tenía tanta experiencia en combate como la tenia él. Tenerle al lado en caso de un posible enfrentamiento era sin duda todo un privilegio.

En otros tiempo él solo había sido capaz de destruir aquelarres completo… Pero esa era otra historia, una historia demasiado tenebrosa e impactantes aun para los de nuestra especie.

Con recelo pero sin titubear crucé la fronteras de nuestras tierras.
Era extaño encontrarnos a ese lado de la linea despues de tantos, tantos años sin hacerlo.

No los veía pero sabia que estaba ahí, atentos a nuestros actos tal y como había anunciado Jacob.
Sentía el resoplar de sus hocicos mientras enterraban el hocico en la tierra producto, seguramente, del malestar que les provocaba nuestro olor.

Sentía la conciencia colectiva de los licántropos observándonos desde distintos puntos.
Dejé de lado todo aquello que me distraía y nos dedicamos por completo a nuestra tarea pero no encontramos rastro alguno que nos indicara que algún vampiro hubiera cruzado hacia territorio Quileute.

—Aun no se que pensar sobre todo esto—. Anunció Jasper cuando volvimos sobre nuestros paso y estuvimos otra vez lejos de los licántropos. —Pero algo me dice que aun quedan piezas por descubrirse.—

—No nos queda más que esperar—.

Jasper se despidió, no sin antes decirme que Alice estaba esperando por mi en casa. Aparentemente tenia para mi una sorpresa que Jasper ocultó de manera eficiente.

Toda la tarea no nos había tomado mas que unos diez minutos y yo seguí en dirección al pueblo, teniendo presente que aun me faltaba realizar una tarea ese día.

Contemplé el gran sobre con remitente de la prestigiosa universidad. Le había estado esperando por semanas.
Sabia bien de que se trataba, yo había recibido uno igual hace algún tiempo atrás.
Ahora solo quedaba convencer a Bella que aquello era lo mejor para ella.
Podía ver que seria una lucha encarnizada, pero debía salir vencedor.
No dejaría que ella ganara esa batalla.

Me detuve en el bosque, faltaban algunos metros para llegar a casa de Bella y agudice mi oído buscando sus voces y al parece llega justo en un buen momento…

—Sólo huelo mal para ti, Jake—. Le decía en ese momento ella a su amigo.

—Mira a tu alrededor, Bella—.

Entonces Jacob fue consiente de mi presencia.
La hora de la visitas había concluido.

—¿Te vas ya?—.

—Está esperando a que me vaya. Puedo oírle ahí fuera—.

—Oh—.

Entonces anunció que saldría por la puerta trasera y le escuche moverse en esa dirección pero se detuvo .

—Espera un minuto. Oye, ¿podrías venir a La Push esta noche? Tenemos un picnic nocturno junto a las hogueras. Estará Emily y podrás ver a Kim... Y seguro que Quil también quiere verte. Le fastidia bastante que te enterases antes que él—.

Me sorprendí y no pude evitar sentirme culpable una vez más.
Yo había sido el responsable de que tantos nombres Quileutes fueran parte de su vida.
Nombres que desconocía, nombres sin rostro para mi pero no para ella.
Y yo había pretendido que los extirpara de su vida, olvidando el lazo que seguramente había forjado en mi ausencia.

Aun así, no aceptó la invitación y seguramente lo hacia por mi, por miedo a mi reacción.
Y me reproche a mi mismo, Bella jamás debería volver a temer de mi.

—Mira, las cosas están un poco tensas ahora...—.

—Venga ya, ¿tú crees que alguien se va a atrever con nosotros seis, con unos...?—. Comenzó a decir él, su juventud le hacía ser soberbio y temerario ante el peligro pero aun así de avergonzaba nombrar lo que realmente era… “Un cachorro licántropo“.

—Preguntaré —. Respondió ella ante la suplica de Jacob.

Que ella sintiera que su respuesta estaba condicionada a mi aprobación no hizo más que disgustarlo al punto de emitir un pequeño gruñido que a mi apreciación sólo fue un débil ronroneo.

—¿Acaso ahora también es tu guardián? Ya sabes, vi esa historia en las noticias de la semana pasada sobre relaciones con adolescentes, por parte de gente controladora y abusiva y...—.

—¡Ya vale! —. Le detuvo Bella evidentemente molesta. —¡Ha llegado la hora de que el hombre lobo se largue! —.

—Adiós, Bella. Asegúrate de pedir permiso—.

Un segundo después le vi aparecer por la puerta trasera.
Escudriño el bosque hacia la dirección en donde yo me encontraba.

Por otra parte Bella vociferaba absurdas palabras dedicadas todas a Jacob que se habia detenido ante el bosque.


“—¿Has tenido suerte?—”. Pensó mientras avanzaba hacia un costado evitando cruzarse en mi camino.
“ —Ahora todo vuelve a estar como estaba. Estamos claros?… —”.

Pero yo estaba consiente que la ampliación limítrofe era solo temporal.

“—… pero si necesitas algo… es decir si ella necesita algo no dudes en hacérmelo saber—”.

Terminó de decir antes de transformarse ahí, delante de mi en un gran lobo y salir corriendo a toda la velocidad que le fue posible.

Entonces me moví tan rápido que sólo me tomó una milésima de segundo ingresar por la puerta y de esta manera volver a estar junto a ella pero algo me detuvo, el aroma era inconfundible aunque demasiado acido, agrio y sobre todo, salado.
Era sangre y de licántropo, era sangre de Jacob Black.

¿Que podría haber sucedido para Jacob hubiera salido lastimado? ¿Y como se las habría ingeniado Bella para herirle?

Podía ver a Bella sosteniendo el cuchillo amenazantemente mientras la ira brillaba en sus ojos.
Lamentablemente había llegado tarde para el espectáculo.

Pero nada había escuchado los pocos minutos que involuntariamente había oído su platica y eso solo incrementaba mi curiosidad y mi recelo.

Lentamente ingresé a la cocina donde ella permanecía.

—¿Os habéis peleado? —. Consulte precavidamente.

Bella al escuchar mi voz se volteó y volteó y pronunció mi nombre efusivamente antes de saltar hacia mis brazos.

—Hola, tranquila —. Dije demasiado feliz de ver que me había extrañado tal vez tanto como lo había hecho yo.

Entones la risa brotó de mi pecho al tiempo que mis brazos se cerraban sobre su figura.
Si todo aquello no era más que una hábil táctica para distraerme debía recocerle que lo estaba logrando.


—No, no me he peleado con Jacob. Al menos no mucho. ¿Por qué?—. Reconoció aun entre mis brazos.

—Me estaba preguntando por qué le habrías apuñalado —. Agregué apuntando con mi mentón el cuchillo que a pesar de no estar ensangrentado emitía el molesto olor.

—¡Maldita sea! Creí que lo había limpiado todo—. Dijo Bella para luego alejarse de mi y correr hacia el fregadero.

Prolijamente lavaba el utensilio con lejía mientras decía que le había apuñalado.

—Se le olvidó que sostenía un cuchillo en la mano—.

Me habría gustado ver que fue lo que había hecho olvidar aquel detalle pero no era en comparación al espectáculo que había imaginado en mi mente.

—Sé buen chico—. Me instó Bella.

Entonces decidí que ya era suficiente de hablar de él, sobre todo cuando tenía cosas mucho mas importantes y trascendentes que atender.

Extraje el sobre que llevaba en el bolsillo de mi chaqueta y lo deposité sobre la encimera.

—He recogido tu correo—. Dije sin expresar la emoción que sentía.

—¿Hay algo bueno?—.

—Eso creo—. Anuncie con tono misterioso.

Esto llamó la atención de ella y se acercó de inmediato para ver el sobre misterioso.
Tomó el sobre en sus manos, examinándolo detenidamente antes de leer el remitente.

—¿Dartmouth? ¿Esto es una broma?—. Expresó sorprendida.

—Estoy seguro de que te han aceptado. Tiene la misma pinta que el mío—.

—Santo cielo, Edward, pero ¿qué es lo que has hecho?—.

¿Sospechaba acaso de todos los malabares que había hecho para que fuera aceptada?
Sospechaba sin duda pero jamás aceptaría los cargos que seguramente quería imputar en mi contra.
Negaría, negaría hasta el fin.

—Envié tu formulario, eso es todo—. Dije inocentemente.

—Yo no soy del tipo de gente que buscan en Dartmouth, y tampoco soy lo bastante estúpida como para creerme eso—.

—Pues en Dartmouth sí parecen pensar que eres su tipo—.

Sus ojos flamearon por un momento como lo habían hecho en mi imaginación cuando le vi levantar el cuchillo contra su amigo pero respiró hondo cerrando los ojos y enmudeció por un momento para luego decir:

—Es muy generoso por su parte . Sin embargo, me hayan aceptado o no, todavía queda esa cuestión menor de la matrícula. No puedo permitírmelo y no admitiré que pierdas un montón de dinero sólo para que yo aparente ir a Dartmouth el año próximo. Lo necesitas para comprarte otro deportivo—.

¡¿Que?!. ¿Pero que tenía que ver otro coche en todo este asunto?. Además mi carro estaba en perfectas condiciones no recitaba otro y de todas formas si lo hubiera querido lo habría comprado de todas formas.
Por que no podía ver las cosas desde otro punto de vista? ¿Por que estaba ávida por permanecer por siempre en el infierno?

—No necesito otro coche, y tú no tienes que aparentar nada—. Le aclaré. —Un año de facultad no te va a matar—.

Tal vez hasta le gustara después de todo. Ella sólo debía pensarlo un poco.
Recordé entonces en que lugar se situaba ella misma en la escala de sus prioridades, si mi argumento de ir a la universidad por su propio bien no funcionaba debía recurrir a aquellos que ella no quería defraudar.
—Imagínate qué contentos se van a poner Charlie y Renée...—.

Su mirada se perdió un momento pero fuera lo que fuera que pensara en ese momento no fue lo suficientemente necesario para que cambiara de parecer.

—Sólo me planteo sobrevivir a mi graduación. Edward, y no me preocupa ni este verano ni el próximo otoño—.

Prosiguió demasiado segura, como si la misma muerte le esperara impaciente a la vuelta de la esquina.
No era de esta forma que quería que ella naciera a su nueva existencia.

—Nadie te va a hacer daño. Tienes todo el tiempo del mundo—. Le aseguré mientras le abrazaba fuertemente.

Quería que se entregara a mi en plena libertad de sus acciones, no por miedo, no sin antes vivir algunas experiencias humanas y por sobre todas las cosas no coaccionada por terceros que nublaran su visión y sus deseos.

—Mañana voy a enviar el contenido de mi cuenta corriente a Alaska—. Agregó haciendo caso omiso de mis palabras. —Es toda la coartada que necesito. Es más que comprensible que Charlie no espere una visita como muy pronto hasta Navidades. Y estoy segura de que encontraré alguna excusa para ese momento. Ya sabes, todo este secreto y darles una decepción es también algo parecido al dolor—.

Traté de permanecer inmutable.
Todos mis seres amados habían fallecido antes que yo al convertirme en vampiro. Siempre supe que mis padres estaban muertos y creo que fue más fácil que lo aceptara, que me resignara. Sin embargo Rosalie y Emmett sufrieron en innumerables oportunidades al pasar de los años. El pensamiento de sus padres envejeciendo con cada década que quedaba atrás estaba presente en sus constantes pensamientos hasta que al cabo de un tiempo no les quedó la menor duda que estos ya habían muerto.

—Es más fácil de lo que crees—. Dije siguiendo el hilo de mis pensamientos. —Después de unas cuantas décadas toda la gente que conoces habrá muerto. Problema resuello —.

Sentí como su cuerpo se estremecía debido a mis estúpidas y desmedidas palabras.

—Lo siento, he sido demasiado duro—. Agregué completamente arrepentido.

—Pero sin embargo, sincero—.

Aun sabiendo la respuesta le pedí que considerara retrasar su decisión, que pensara en ella cuando toda esa extraña situación se resolviera y como esperaba ella respondió negándose tajantemente.

—Siempre tan terca—.

—Sí—. Ella respondió.

Solo un momento después el ruido de proveniente de su lavadora hizo que se separara de mi.
Le dejé ir y ella se encaminó hacia ella.´

Mi mente no pudo evitar divagar en torno a nuestras palabras, ¿Podría ella verdaderamente soportar el dolor de ver morir a sus padres, a sus amigos y a todos aquellos a los que esta atada sentimentalmente sólo por estar conmigo?
¿Al pasar de los años crecería en ella el odio hacia mi por haberla privado de su compañía… y de humanidad?

—Maldito cachivache viejo —. Le escuché decir.

Esa era una de las cosas que seguramente no extrañaría, el hacer la colada. Seguramente Alice le enseñaría la más fundamental de sus costumbres relacionada con la ropa.

—Esto me recuerda algo —. Dijo mientras cerraba la tapa de la lavadora. —¿Podrías preguntarle a Alice qué hizo con mis cosas cuando limpió mi habitación? No las encuentro por ninguna parte—.

¿Alice haciendo la limpieza?
Escuchar esas dos palabras juntas en la misma oración era sin duda la cosa más extraña que había escuchado en mi vida.

Desde que se unió a Carlisle Esme siempre se empeñó en ocuparse de todas aquellas tareas relacionadas a los deberes domésticos.
Carlisle y yo estábamos acostumbrados a resolver todos aquellos menesteres que requerían atención, el tener cualquier tipo de servidumbre era demasiado arriesgado para nosotros.
Con el pasar del tiempo ella logró convencernos o más bien nos fue acostumbrando paulatinamente a dejarle todos aquellos detalles.

Fue muy diferente cuando llegó Rosalie.
Esme sintió que la ayuda que le prestaba era mal percibida. Rosalie siempre había sido servida y sentía que era una obligación el atenderle, pero al poco andar Esme le dejó muy en claro que ya no era la muñeca de porcelana que había sido y que en esta existencia ella debía velar por si misma.
Fue difícil para Rosalie en un comienzo pero Esme le guió con amor y le enseño todo lo que necesitaba saber, desde ponerse sus enaguas hasta trenzarse sola el cabello.
Cuando llegó Emmett ella ya era una vampira independiente y todo gracias ella.
Alice se unió a nosotros y con ella llegaron nuevas costumbres.
Para comenzar era Jasper el organizado y metódico.
Era él quien se ocupaba de ella, el que cumplía todas sus necesidades, sin embargo era Alice quien se encargaba de otras cosas, como por ejemplo ella se ocupaba de las ropas y todas aquellas relacionadas a su imagen. Cuando llegó a casa esa costumbre se amplio al resto de la familia…

—¿Alice limpió tu habitación?—. Le pregunté incrédulo.

—Sí, claro, supongo que eso fue lo que hizo cuando vino a recoger mi almohada y mi pijama para tomarme como rehén . Recogió todo lo que estaba tirado por alrededor, mis camisetas, mis calcetines y no sé dónde los ha puesto—.

Hice casó omiso a la mirada que me dio al recordar todo aquello de la famosa pijamada.
Sabia que gracias a eso estaba tal vez viva, gracias a mi hermana por haberme ayudado.
Alice tenia un sin fin de cualidades pero hacer la limpieza no era una de ella, hacer la limpieza y sobre todo el hacer la colada no era su fuerte, es más, en casa jamás se lavaba la ropa que usábamos.
Salvo por algunas prendas que cada uno tenia como “sus preferidas”, todas las demás eran desechadas al ser usadas, jamás se usaba la misma ropa por segunda vez.

Fue por eso que me sorprendí al escuchar las palabras de Bella.
Si de algo estaba seguro era de que mi hermana jamás haría algo como eso.
¿Entonces por que Bella decía que ella las había tomado? ¿Para que querría mi hermana sus ropas?
Estaba seguro no haber sentido su olor en casa, si hubiera cualquier prenda de ella yo estaba seguro que lo sentiría, cualquiera de nosotros lo haría, era un olor demasiado particular, demasiado atrayente para cualquiera aunque para ellos solo era una ínfima parte de lo que era para mi.
Sin duda que su aroma era fácil de reconocer para cualquiera…

Entonces vi como la densa niebla comenzaba a difuminarse y me permitía ver.

—¿Cuándo te diste cuenta de las cosas que faltaban? —. Pregunté ordenando las piezas faltantes en mi mente.

—Cuando volví de la falsa fiesta de pijamas, ¿por qué?—.

—Dudo que Alice cogiera tus ropas ni tu almohada. Las prendas, que se llevaron, ¿eran cosas que te ponías... tocabas... o dormías con ellas?—. Eso no pintaba nada bien.

—Sí. ¿Qué pasa, Edward?—.

Todas eran prendas intimas, de uso diario, eran prendas que… que…

—Llevaban tu olor... ¡Oh!—.

Maldición, eso era demasiado complejo y sobre todo muy elaborado.

—Mi visitante —. Dijo en un susurro Bella dándose cuenta del peligro.

—Estaba reuniendo rastros... evidencias... ¿para probar que te había encontrado?—.

¿De que se trataba todo eso? ¿Por que un vampiro tendría que tomarse todo ese trabajo? ¿Para quien estaba trabajando, quien le había ordenado que le encontrara?

—¿Por qué? —. Preguntó ella.

Pero yo no tenia las respuesta, todo era demasiado borroso, sentía que aun faltaban pruebas por ver, secretos por dilucidar.
Había tanto que no podía ver.
Pero fuera quien fuera yo sabría descubrirle.

—No lo sé—. Le dije siendo sincero. —Pero, Bella, te juro que lo averiguaré. Lo haré—.

No permitía que nadie pusiera sus garras sobre ella, me interpondría, le detendría antes siquiera que lograra acercarse a ella.
Y lo haría aunque en ello se me fuera la existencia.

—Ya sé que lo harás —. Respondió al tiempo en que escondía su rostro en mi pecho frío.
Le rodee con mis brazos apretándola solo un poco contra mi cuerpo. Ahí siempre estaría segura, junto a mi, entre mis brazos.

Debía hablar con Carlisle y Alice, mi mente se encontraba nublada, tal vez ellos pudieran tener alguna idea que yo no lograba ver.
Entonces mi móvil vibró en mi bolsillo y al ver el numero vi que era él quien llamaba, como si Carlisle hubiera adivinado que le necesitaba .

—Carlisle, yo... —. Comencé a decir pero él me interrumpió.

—Edward estábamos viendo la televisión, las cosas están descontroladas en Seattle, se habla de ellos en todos los noticiarios y en el periódico—.

Yo no había tenido tiempo de ver noticiario alguno ese día y mucho menos leer el periódico, pero ahora tenía cosas más importantes que atender inmediatamente.

—Lo comprobaré. Escucha Bella se ha percatado que faltan algunas prendas, prendas importantes, que llevan su olor, su fragancia. Las extravió el mismo día que recibió la visita del vampiro desconocido.
¿Tu que opinas?—.

—No estoy seguro de lo que pueda significar eso.
Talvez las ha extraviado en otro lugar, en este momento no podría pensar en algo me tiene sumamente preocupado la situación de Seattle.
Creo que deberíamos hacer algo pero no se que sería mejor—.


—Quizá debería ir... —. Intenté decir pero Carlisle sabía que me costaba separarme de Bella.

Al parecer Emmett tenía resuelto ir de inmediato a la ciudad para ver de que se trataba todo aquello pero estamos seguro de que se trata de un neófito enloquecido.

—¿Tu que crees?—. Me preguntó intranquilo. —En el periódico se hace un recuento de todos lo sucedido, no pensé que las cosas llegaran tan lejos.
Es por esto que él quiere ir, pero será buena idea que vaya?—.

—A lo mejor no—. Emmett no sabría controlarse si encontraba algo fuera de lugar, que fuera solo definitivamente no era una buena idea. —No dejes que vaya solo, ya sabes cómo se las gasta. Al menos dile a Alice que mantenga un ojo en el tema. Ya resolveremos esto más tarde—.

Parecía que todo se juntaba de pronto, sentía que sobre nosotros se cernía una negra nube que todo lo cubría y no permitía ver.


—¿Dónde está el periódico? —. Pregunté.

Debía ver con mis propios ojos que era lo que tenia tan intranquilo a Carlisle.

Bella no estaba segura, pero mi actitud no hizo más que despertar su curiosidad.
Le expliqué que sólo quería ver algo, no debía alterarla más de lo que estaba.

—¿Lo tiró Charlie?—.

—Quizá...—. Dijo y no esperé que terminará la oración.

Corrí hasta el patio donde almacenaban los periódicos para ser reciclados.
Ahí en la cima de la pila de diarios viejos, estaba el periódico del día, mojado por la suave lluvia que comenzaba a caer.
Medio segundo después volví a la cocina junto a Bella y me dispuse a leer el informe periodístico.

Uno por uno fui leyendo los titulares hasta que le encontré…

«La epidemia de asesinatos continúa. La policía no tiene nuevas pistas», decía el encabezado.

Las cifras de la gente muerta y desaparecida se había incrementado de manera vertiginosa y
la policía seguía inútilmente buscando al o a los culpables de semejantes atrocidades. La situación estaba fuera de control.
Pero no era entre humanos que encontrarían al culpable…

—Carlisle lleva razón—. Murmuré completamente sumergido en la lectura, sin prestar atención a que Bella pudiera escucharme o no.

El neófito era muy descuidado…. Aunque no sabía muy bien a que se debía tal descuido, tal vez fuera demasiado joven y se encontrara solo, También se podría deber a que hubiera enloquecido. No sería el primero ni el ultimo que no logrará superar el trauma que provoca despertarse en esta existencia. Tampoco se podía descartar el que simplemente tuviera ganas de morir. Si las cosas seguían a ese ritmo los Vulturis no tardarían en aparecer y sus deseos de morir se cumplirían.
Y una vez que ellos estuvieran ahí no habría nada que les impidiera visitarnos.

Pero todo eso era demasiado para un solo vampiro, por más descontrolado y sediento que se encontrara.
No. El neófito no estaba solo.
Tal vez fueran tres… o quizás más.

No fui consiente de las palabras que dije o de las que sólo pensé pero fueran cuales fueran lograron despertar la curiosidad de Bella que se acercó a mi para leer sobre mi hombro.

—Está empeorando —. Dijo Bella preocupada.

No quería que lo estuviera pero por otro lado había prometido nunca más mentirle.

—Están del todo descontrolados—. Le respondí. —Esto no puede ser trabajo de un solo vampiro neonato. ¿Qué está pasando? Es como si nunca hubieran oído hablar de los Vulturis. Supongo que podría ser posible. Nadie les ha explicado las reglas... así que... ¿Quién los está creando?—.

—¿Los Vulturis? —. Preguntó.

Le explique en que consistía realmente la tarea de los Vulturis.

—Ésta es la clase de cosas de la que ellos se hacen cargo de forma rutinaria, de aquellos inmortales que amenazan con exponernos a todos. Sé que hace poco, unos cuantos años, habrían limpiado un lío como éste en Atlanta, y no había llegado a ponerse ni la mitad de candente. Intervendrán pronto, muy pronto, a menos que encontremos alguna manera de calmar la situación. La verdad es que preferiría que no se dejaran caer ahora por Seattle. Quizá les apetezca venir a echarte una ojeada si están tan cerca—.

Y eso era algo que debíamos evitar a como diera lugar.
Pero me sentía atado al no saber que hacer.

—¿Qué podemos hacer?—.

—Necesitamos saber más antes de adoptar ninguna decisión. Quizá si lográramos hablar con esos jovencitos, explicarles las reglas, a lo mejor se podría resolver esto de forma pacífica —. Sabía que sería demasiado difícil. Era posible dominar a un neófito y justamente entre los nuestros teníamos a todo un experto en ello, pero no sabíamos de cuantos en estábamos hablando. Entre más grande fuera el grupo más difícil sería hacerles entender. —Esperaremos hasta que Alice se forme una idea de lo que pasa. No conviene dar un paso si no es absolutamente necesario. Después de todo, no es nuestra responsabilidad. Pero es bueno que tengamos a Jasper. Servirá de gran ayuda si estamos tratando con neófitos—.

—¿Jasper? ¿Por qué?—.

De todas las historias de mi familia, solo le bastaba conocer la suya.
Sin duda no era una que me gustaría que ella conociera, no a menos que fuera estrictamente necesario y al parecer todo indicaba que tarde o temprano tendría que hacerlo.

—Jasper es una especie de experto en vampiros recientes—. Le contesté.


—¿Qué quieres decir con lo de «un experto»?—.

Lamentablemente los acontecimientos dictaban que la hora había llegado, pero no ahí y sobre todo no era yo el indicado para hacerlo.

—Tendrías que preguntárselo a él. Hay toda una historia detrás—.

—Qué desastre —. Dijo Bella entre dientes.


—Eso parece, ¿a que sí?—. Una vez más éramos perseguido por verdugos invisibles empecinados en acabar con la poca tranquilidad que teníamos. —Nos cae de todo por todos lados. ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que tu vida sería más sencilla si no te hubieras enamorado de mí?—.

De eso no había duda alguna.


—Quizá—. Contestó ella. Pero también diji que tal vez sería una existencia vacía y sin valor.

Una vida vacía y sin valor sería exactamente lo que yo tendría si ella no hubiera llegado para mi.
Seguramente aun estaría sentado en la cafetería del instituto mirando las grietas del techo, sumergido en mi propio purgatorio personal.


—Para mí —. Le aseguréme tratando de que comprendiera que le amaba por sobre todas las cosas y sin embargo, a pesar de todo, a pesar de mis esfuerzos y de toda la energía que ocupaba tratando de hacerlo, aun así no podía dejar de ponerla en peligro debido a todas las emociones y sensaciones que experimentaba junto a ella…Como si no fuera sufriente peligro con el que teníamos esperando por nuestras cabezas.
—Y ahora, supongo… —. Agregué espantando los fantasmas que nublaban mi mente. Uno por uno les iría enfrentando y ahora era el turno de uno peludo y hediondo. —… que hay algo que quieres preguntarme—.


—¿Ah, sí?—.

¿Sería posible que no le interesara en lo más mínimo el asistir o no?
—O quizá no —. ¿O era simplemente su manera de no herirme?. —Tenía la sensación de que habías prometido pedirme permiso para ir a cierta fiesta de lobos esta noche—.

—¿Me has escuchado a escondidas?—.

¿Rayos….!

—Sólo un poquito…al final—. Confesé.

—Pues bien, no iba pedírtelo de todos modos. Me imaginaba que ya tenías bastante con toda esta tensión—.

Si. Ella se preocupaba por mi, aun en su infinita fragilidad pretendía hacerlo.
Tomé su barbilla suavemente entre mis dedos acariciándole suavemente con el dedo indicie mientras le delicadamente le obligaba a levantar la mirada para que pudiera leer en mis ojos que le hablaba sinceramente y sobre todo para poder leer en ellos lo que su mente hermética me negaba.

—¿Quieres ir?—. Le pregunte.

—No es nada del otro mundo. No te preocupes—. Y ahí estaba la respuesta que yo buscaba.

Veía que mentía, veía el anhelo, las ganas de asistir y sin embargo no lo confesaba, se negaba a si misma que deseaba ir y todo eso, todo ese sacrificio lo hacia por mi. No por él, no por estar con él.
¿Como había podido estar celoso de Jacob Black?
Él no era nada más para ella que un simple amigo lo podía ver ahora y de pronto me sentía como un verdadero idiota.

—No tienes que pedirme permiso, Bella. No soy tu padre, y doy gracias al cielo por eso, aunque quizá deberías preguntarle a Charlie—.

Y a eso sólo me refería a una mera formalidad ya que estaba complemente seguro que cual sería su respuesta.

—Pero ya sabes que Charlie dirá que sí—. Contestó Bella en sincronía con mis pensamientos.

—Tengo más idea que cualquier otra persona sobre cuál podría ser su respuesta, eso es cierto—.

Claro que estaba seguro que no le parecía tan buena idea si el supiera que candidato ideal para su hija era un enorme lobo en realidad.
Pero si fuera por eso yo no era mejor que él como partido ideal.

Bella se quedó en silencio, contemplándome mientras sostenía su rostro entre mis dedos.
Su expresión era enigmática, sabia bien que se debatía entre lo que quería y lo que sentía que debía hacer… por mi.
Y no quería que su mente se dedicara a tales debates existenciales. Yo debía hacerle las cosas más fáciles.

—Bella—. Proseguí al cabo de unos segundos. —Te prometí ser razonable y confiar en tu juicio. Lo decía de verdad. Si tú te fías de los licántropos, yo no voy a preocuparme por ellos—.

—Guau —. Fue lo único que obtuve por respuesta sin saber si era sarcasmo o verdaderamente le impresionaban mis palabras.

—Y Jacob tiene razón, al menos en esto; una manada de hombres lobo deben ser capaces de proteger a alguien una noche, aunque ese alguien seas tú—.

Y de eso más le valía estar completamente seguro, la vida de todos ellos dependía de poder cumplir la promesa.

—¿Estás seguro?—. Preguntó aun indecisa,.

—Claro. Lo único...—. Comencé a decir pero luche por la aprensión que subía por mi pecho y la repentina angustia que me provocaba el siquiera pensar en separarme de ella, pero ese era mi problema no de ella.
Bella no debía pagar por mi total dependencia hacia ella.

—Espero que no te importe tomar algunas precauciones—. Logré proseguir. —Una, que me dejes acercarte a la frontera. Y otra, llevarte un móvil, de modo que puedas decirme cuándo puedo ir a recogerte—.

—Eso suena... muy razonable—.

Eso era excelente.
Me incliné sobre sus labios para besarla suavemente mientras trataba de controlar mis desesperados deseos de fundirla en mi cuerpo y tenerla por siempre junto a mi, alejándola de todos y de todo lo que le pudiera dañar.

No tardaron sus dedos en enredarse en mi cabello mientras su corazón se largaba a latir cada vez más rápido y fuera de control.
Me dejé llevar por ese ritmo embriagante e hipnótico para mi.
Solté su rostro y le tomé por la cintura levantándola fácilmente hasta que se encontró a mi altura.
De pronto sentí como sus piernas se entrelazaban sobre mis caderas y me abrazaba con todo su cuerpo, entonces pude escuchar como era yo el que jadeaba ruidosamente mientras descendía por su cuello para besarlo golosamente.

Entonces sentí como mi hermano Emmett se aclaraba la garganta. Estaba ahí, fuera en el umbral de bosque esperando por mi.

“—Perdón…—”. Dijo con tono avergonzado. “—Alice me ha pedido que viniera, dijo que tu debías ir a casa—”.

Abrí los ojos sacado oportunamente de mi ardiente estado por mi hermano.
¿Por que Alice le había enviado. Había visto algo de lo cual me arrepentía?.
Me separé de ella mirando por la ventana ¿Que era lo que había estado apunto de hacer?. Sin duda que debía estar más pendiente y controlado, en este ultimo tiempo me había dejado llevar demasiado lejos.

—Por favor—. Me pidió Bella. —Bésame otra vez—.

—Lo siento, tengo que ir a casa—. Le respondí. —Emmett esta ahí afuera, él te cuidará mientras vuelvo por ti para llevarte. ¿Esta bien?—.

—Hoo—. Dijo Bella mientras se arreglaba el cabello. —¿Y desde cuando esta ahí…? No, no, espera. No quiero saberlo—. Agregó ella avergonzada también.

—No te preocupes, créeme que el esta más avergonzado que tu—.

—Eso no es de mucho consuelo. ¿Lo sabes no?.—

—Si lo se pero no te preocupes. Ahora tengo que irme, no me extrañes demasiado volveré de inmediato por ti—.
Y dicho esto me incliné otra vez para besarle ahora rápidamente y salir por la puerta de la cocina.

martes 27 de octubre de 2009

A la casa del vampiro, Capitulo 4

Amor a primera vista

Diario de Coka
Londres, 19 de Noviembre


Debían ser cerca de las 5:00 am. cuando corté el teléfono.
Había logrado mantener el ritmo normal de mi respiración durante todo el tiempo que duró el llamado, pero sucumbí ante la falta aparente de aire en mis pulmones.
En un intento casi patético por recuperar la normalidad inhalaba profundamente, podía sentir que estaba al borde de un ataque de pánico.

—Ale... —. Logré decir.

—¿Qué pasa? —. Contestó esta con las pupilas completamente dilatadas. —¿Coka?, por favor dime que pasó.
¡Se fue todo al carajo…!¿Es eso? —.


—Alexa…— Dije tratando de recobrar el control sobre mi misma. —En veinte minutos más, pasaran por nosotras—.

No había nada que yo pudiera hacer por controlar el inminente ataque de ansiedad que estaba comenzando a experimentar.
Caí de rodillas cuando estas no fueron capas de soportar el peso de mi cuerpo.
Alexa corrió hacia mi asustada al ver el estado en el cual me encontraba, intentando por todos los medios que yo volviera a la normalidad.

—Coka, pon la cabeza entre las piernas.
Inhala…. Exhala. Otra vez, inhala…. Exhala. Así, muy bien. Respira, respira—. Me guiaba.

Entonces cuando vio que los colores volvían a mi rostro me preguntó:

—¿Que me has dicho?. ¿Quien pasara por nosotras? —.

—Un….. coche—.

—¡Que!. ¡Dios mío!.
¿Y que haces tu ahí en el suelo?. Muévete Coka, si te tiene que dar algo que te dé después.
¡Apúrate! —. Exclamó mientras agarraba cosas de su maleta y las metía en un bolso de mano.

—¡Tu pasaporte! —. Le recordé al ver que lo había olvidado sobre la cama.

—¡Mierda….. mi pasaporte! —.

No podía creer que todo estuviera pasando tan rápido, había pensado toda la tarde en que buza me pondría, y había elegido unos lindos zapatos que hacían juego con cartera favorita.
Pero todo de iba al carajo, ya que ni tiempo tenia de cepillarme los dientes.

El ruido de una bocina me sacó del trance, automáticamente busqué mi cartera y salí corriendo escaleras abajo.

—¡Alexa apúrate!. ¡ Dios mío te juro que me voy sin ti! —.

Entonces escuche sus pasos a pocos escalones detrás de mi.

—Qué bonito. Yo dándote apoyo moral para que no te diera un ataque al corazón y tu a la primera oportunidad me dejas—.

Entonces paré de golpe y ella se estrello contra mi.
Por poco pasa volando sobre mi cabeza.

—¡Pero Coka! Si no quieres ir conmigo me lo dices y ya… no es necesario que me mates….—.

—Lo siento—. Le dije aguantando la risa nerviosa que luchaba por salir de mi boca.

—Estas loca de remate…—. Me contestó largándose a reír. —Vamos pronto que el coche nos deja—.

Frente a la casa nos esperaba una Van azul con vidrios polarizados con la puerta abierta.
Sin dudarlo por un momento nos metimos en ella.
Al entrar en ella la luz se apagó y quedamos a oscuras. Un vidrio separaba los asientos de los pasajeros de los del chofer y un segundo después la camioneta partió casi sin hacer ruido.

Debieron pasar algo así como 15 minutos en que seguíamos sin respirar, hasta que de pronto Alexa reacciono.

—Disculpe…. Señor—. Dijo aclarándose la garganta. —Disculpe, a donde nos dirigimos? —.

Pero nadie contestó.
Nos miramos extrañadas, confundidas y sobre todo… nerviosas.

—¡Señor! —. Volvió a decir esta vez con un tomo más fuerte. — Me podría decir a donde nos dirigimos…—.

Nuevamente silencio.

—Esto se estaba poniendo raro—. Pensé en voz alta.

—¿Raro? Pero Coka. Tu dijiste que…. —.
No quería asustar a mi amiga. ¿Pero que pasaría si ese no era nuestro transporte? ¿Y si era el transfer de alguien más y si nos habíamos subido sin preguntar de manera alocada e irresponsable, y si el verdadero transporte había pasado? y se había ido llevándose con ello nuestro más acariciado sueño...?
Entonces me pareé y golpeé fuertemente el vidrio.

—¡Señor por favor responda! —. Hablé con voz muy poco amigable.

Un sonido de micrófono salió de los costados de la Van.

—No estoy autorizado a entregar ningún tipo de información, me podría costar el trabajo—.

Dicho esto corto.
Entonces recordé lo que me había dicho Pato:

“Una cosa más…., no preguntes nada al chofer, ya te contaré”

Yo intentaba controlar mi respiración y el corazón que se me salía por la boca a punto de una embolia pulmonar, Alexa se peinaba de manera frenética con una de las pocas cosas que había echado al bolso, su querido cepillo anti friz, con el único que dominaba la melena de rizos que le llegaba casi a la cintura…la escena era de sanatorio, no se cual de las dos estaba más histérica.

Me controlé y me armé de valor.

—¿Podría por lo menos decirnos a donde vamos?. Volví a preguntar haciendo caso omiso de las palabras dichas por mi amigo. —Es que estamos un poco nerviosas, eso es todo—. Agregué con un toque de complicidad y suplica.

—Bournemouth—. Respondió el hombre al otro lado del vidrio y entonces cortó para nunca más volver a hablarnos.

Bournemouth, Bournemouth… Decía tratando de encontrar en mi mente toda la información relacionada a esa ciudad.

Entonces recordé y sin dejar de mirar por la ventana le comenté a Alexa.

—Es un centro turístico costero ubicado en la costa sur de Inglaterra.
Sus playas son increíbles Alexa, algún día iremos te lo prometo—.

—Pero que loca eres…. Si ahí vamos—.

Entonces un poco más relajadas nos reímos.

Ya comenzaba a amanecer cuando finalmente y luego de casi dos horas de viaje, la camioneta se detuvo y alguien abrió la puerta.

—¿Porque son dos personas? —. Preguntó un hombre alto con cuerpo de gorila que llevaba una carpeta y unos audífonos en el cuello.
—No lo sé, a mi me cito Patricio Arana y me dijo que trajera una mesera—. Le respondí rápidamente inventando mientras maldecía a Pato por no estar atento de los detalles. Eran errores como este los que podían dejarnos fuera.

—Mmm. No. Era sólo una persona.
Una de ustedes tendrá que irse—. Dijo mientras nos miraba de pies a cabeza, primero a mi y luego a Alexa.

Entonces muy molesta me crucé de brazos, cuadré mis hombros, enderecé mi espalda y levanté mi cabeza, demasiado orgullosa para bajar siquiera un centímetro los ojos.

—No me hicieron venir hasta aquí para luego enviarnos a casa—. Dije vehementemente en un tono un poco insolente para gusto del productor quien se sacó los lentes y estaba dispuesto a enviarnos a ambas de regreso a patadas…

—¡Coka! —. Gritó alguien desde lejos… Era Pato.

Volteé a mirarlo en el momento que el alma me volvía al cuerpo. Alexa me miraba con los ojos llenos de lagrimas a punto largarse a llorar.

—Patricio—. Respondí intentando que el gorila no notara nuestra relación.

—Tranquilo Donald, ellas son del catering.
Sólo una persona es muy poco, daríamos un servicio poco eficiente—. Le explicó tratando de parecer relajado aunque yo que lo conocía sabia que se estaba jugando bastante en esto.


—Bueno, tu mandas, si dicen algo diré que tú lo autorizaste, ya sabes lo estrictos que están—. Se volteo hacia nosotras y nos dijo:

—Las reglas están claras me imagino, ¿no? — Y nos volvió a mirar con los ojillos de rata malévola que tenia.
Asentimos con la cabeza sin decir palabra alguna.

—En marcha—-. Hablo ahora Patricio, acercándose luego a mi y me dijo por lo bajo:

—Las reglas aquí son no hablar si no les hablan y no molestar para nada al elenco, no miren a Robert P. a los ojos y manténganse en sus puntos, ok? —.

Su tono era suave pero había debajo de todo aquello me dejaba ver la seriedad de todo el asunto.

—Otra cosa. Coka yo se que te cuesta, pero intenta ponerte en tu papel.
Aquí eres el catering, esto me puede costar el trabajo si sospechan algo—.

Luego dejó de mirarme y nos apuntó unos camarines para que nos cambiáramos y lo esperáramos en un punto que nos señaló.
Caminamos derecho y riéndonos solas aun sin poder creer lo que estábamos viviendo, justo en ese momento, algo nos dejó heladas…

Era Taylor Lautner, saliendo de un trailer quien se cruzaba justo en nuestro camino.
Nos quedamos con la boca abierta, todo el espectáculo era verdaderamente patético.

—¡Dios mío! —. Dije sin ningún pudor.

Miré a Alexa y ella estaba en estado REM.
Taylor sonrió y si hubiera sido posible hubiera muerto justo ahí, habría muerto de amor.
Él siguió avanzando, yo por nada del mundo dejaría pasar una oportunidad como esa.

—¡Tay! —. Le grité y el volteó hacia nosotras. —¡De verdad que eres bello—.

Mis estupidas palabras le arrancaron una sonrisa dejando al descubierto sus perfectos dientes blancos.

—Gracias—. Me respondió.

Y eso podría haber sido todo.
Dignamente habría expresa mi admiración por él. Pero lamentablemente no pude detenerme….


—Te puedo decir que lo mejor que pudieron hacer fue mantenerte en el elenco, tu actuación en Luna Nueva fue magistral, te veías tan dinámico, tan salvaje, tan guapo… —. Con cada que palabra que decía caminaba hacia él hasta que por fin le tuve junto a mi.

Tome su brazo a la altura de los bíceps y le dí un pequeño apretón sintiendo la dureza de sus músculos entre mi mano.

Me encontraba en el paraíso y fue Alexa quien me despertó:

—Coka, suéltalo—. Me dijo en voz baja —Estás loca, nos van a sacar de aquí con guardias—.

—¡Taylor disculpa! —. Le habló ahora a él.

Entonces volví a la realidad y vi como el gorila con ojos de rata, venía hacia nosotras caminando rápido sin despegarnos los ojos de encima.

Cuando llegó hasta nosotros tres le hablo a Taylor sin siquiera mirarnos.

—¡Disculpe, no volverá a suceder! —.

Luego se retiró indicándonos que le siguiéramos.
Alexa volvía a llorar pero esta vez de rabia.
—Te voy a matar Coka, te lo juro—. Murmuraba entre dientes mientras caminaba siguiendo la ruta que nos señalaba el productor.

—No sé quien las recomendó y porque están aquí, pero les diré que a la próxima indiscreción, estarán fuera del plato en 2 minutos. ¿Entendido? —. Me miraba ahora solo a mí.

Yo apretaba los dientes mientras me tragaba la saliva que feliz le habría tirado a la cara.

“—¡¡Maldito!!, ya verá, sólo con dos llamadas a las personas adecuadas y estará en la puta calle en sus mismos dos minutos, no sabe quién soy yo—” Pensaba echando chispas por los ojos.

Moría de rabia y lo peor era que por el momento, estaba obligada a aguantarme todo lo que viniera…Rob lo valía.

—Mmm, Señor disculpe es que perdí un poco el juicio pero le juro que no volverá a suceder, le doy mi palabra—. Dije tragándome mi enorme orgullo, pero era orgullosa y no tonta.

Ese hombre no nos alejaría de nuestro sueño, no ahora.


—OK, así lo espero por su bien—. Y dicho esto se alejó nuevamente.

Entonces de la nada sentí la voz de mi amigo patricio y no pudimos evitar dar un salto,
estábamos demasiado nerviosas.

—Coka, ustedes estarán presentes durante toda la filmación pero júrame que no vas a cometer ninguna locura, por favor—. Me pidió Pato asustado.

—A ver Pato, tú me conoces cuando me he desubicado? —, Le respondí cínicamente, ignorando lo que había pasado hace medio minuto con Taylor.

Alexa mientras tanto miraba con la cabeza giratoria, como lo hacia Linda Blair en “El Exorcista”, atenta a cada movimiento por si lo veía.

—¿Ves alguien mi Alexa Lechuza? —. Le pregunté sin dejar de reírme de ella.


—¿Pato ¿que hace aquí el lobo? —. Le consulté aprovechando que él había creído mi actuación de mujer juiciosa y controlada.

—¿Que lobo? —. Dijo extrañado.

—Ya sabes… Taylor. —.

Me explicó que también era protagonista del comercial.

— Tiene a todas las tías igual de piradas por él, pero no exige nada y es muchísimo mas simpático que el gilipollas ese—.


—No es ningún gilipollas—. Dijo Alexa un poco alterada.

Le di un codazo mientras la empujaba para atrás.

—Pato, te pasas un poco, el pobre tipo esta estresado, hace menos de un año casi lo matan esas locas que irrumpieron en la alfombra roja, ¿no te acuerdas?. Contesté para apaciguar los ánimos.

—Eso no fue nada solo un par de locas fuera de sí—. Contraatacó Patricio restándole importancia.

—¿Solo un par de locas?. Eran como 100 locas y dudo que fuera nada, por algo estuvo 3 días sin recuperar el sentido, que si no lo rescatan esas locas lo matan—. Dije yo ahora muy molesta.

— Ustedes porque aun no se han puesto el uniforme—. Pregunto otro que venía también con audífonos, parecía que ese día hasta los ratones nos basurearían… Con lo mala que era para acatar órdenes, esto sería más difícil de lo que había pensado.
—Síganme—. Nos ordenó.

Luego extrajo unos paquetes de la parte trasera de una camioneta y nos los entregó.
Casi me muero cuando me pasan una maya y un gorro tipo chef.

—¡Noooooooo!, olvídenlo yo no me pondré eso—. Le dije al hombre de los audífonos.

—Yo si—. Agregó Alexa detrás de mí, extendiendo las manos para recibir los feos accesorios.

—Ok, usted entonces, ¿se queda o se va? —. Me preguntó secamente.

—Démelo—. Respondí mirando con odio a Alexa y nos dirigimos tras bambalinas para cambiarnos.


—Te volviste loca, es que seremos además del servicio, las más feas del plato, cual es la idea Alexa? —. Le interrogué muy enojada.

—Mira Coka, yo te adoro, pero como ya vi que vas de agrandada, cuando te dijeron que debíamos ser invisibles, yo no estoy dispuesta por nada del mundo a perder esta oportunidad, si te quieres ir como sea de este lugar, ¡allá tu! —. Me respondió ella igual de enojada.

—Ok, ¿parece que te estás olvidando gracias a quien estamos en este circo hoy? —. Le tan seria que enseguida nos miramos y nos largamos a reír a carcajadas, jamás nos habíamos enojado y ahora parece que esto estaba cambiando nuestro ánimo, lo que no permitiríamos que pasara.


—Bueno—. Respondió ella. —Te perdono por todo…. Tienes razón Taylor, es que esta para comérselo. Mira que parece un Dios Griego—. Decía mientras se mordía el labio y se vestía.

—Es mucho más alto de lo que imaginaba y mucho más bello, parece que los dioses lo esculpieron—. Comenté también mientras nos reíamos bajito para evitar miradas.


Nos pusimos donde nos dijo el pesado de los audífonos y alguien me toco el hombro, me di la vuelta y era la el gorilon nuevamente.

—Señorita podría cerrarse los botones de la blusa—. Sugirió mientras me señalaba el escote.

Es cierto había intentado el típico artilugio del escote, ya que debía parecer calva con el gorro, por lo menos me vería un poco sexy, pero me habían atrapado con las manos en la masa.

—Abotónese hasta arriba la camisa por favor—. Me ordenó irónicamente.

Seguro era gay, en estos cargos de coordinación sólo funcionan bien las mujeres y las locas, porque lo que tienen de histéricas lo tienen de minuciosas.

—Estas jugando chueco—. Reclamó Alexa riéndose de mi. —¡Claro como tengo busto de niñita de 15! —.

—¡Chicas! —. Nos llamó Patricio acercándose. —¿Como están? —. Pregunto nervioso mirando hacia todos lados.

—Este tipo debe estar por llegar, me acaban de llamar—. Continuó al tiempo en que miraba su reloj.

Aparentemente Robert tenía una hora de retraso y mi amigo estaba un tanto intranquilo con su demora.

Mientras estaba allí con nosotras le pregunte cuánto duraría la filmación, me contó que una semana porque como Robert P., estaba en plena filmación de Amanecer, debía volver un día y regresaría para terminar.

Entonces me hice una idea del kilombo que había tenido que montarse para poder darle en el gusto a todos los requerimientos de agenda, además que debe haber estado costando una fortuna todo aquello.

En ese momento recordé que no había traído ni ropa interior y que estábamos en mitad de una reserva a kilómetros de alguna tienda.

—Pato, ¿tu donde te estás quedando? —. Le pregunté.

Entonces el dijo que se estaba quedando en un Hotel y que nosotras lo haríamos en un hostal que había contratado la producción.
Esto se ponía cada vez peor.


—¡Llego! —. Gritó de pronto. Al parecer le habia avisado por Sonopronter.

La sangre se me heló.

Vimos como se acercaba una van la cual se estacionó a unos cuantos metros de nosotras.

Y ahí estaba él, bajando del coche con lentes oscuros y con cara de agotado por el viaje.
Mi amigo avanzó hacia él y un sequito de acompañantes se movió con el.
Luego nos explicaron que eran sus guardaespaldas.
Ambas mirábamos excitadísimas en punta de pies si podíamos ver algo porque estaba en medio de un tumulto.

—¿Patricio Arana eres tú? —. Preguntó Robert a mi amigo.

Le extendió la mano (apenas escuchábamos con el barullo) y le daba las gracias por el cambio de planes tan rápido que debió gestionar para cambiar la locación, además comentó que venía muerto de cansancio en un viaje directo de Canadá y que debía descansar un poco.

—Ok, cuánto tiempo necesitas, estamos on time y debemos partir cuanto antes—. Le dijo Patricio.

—Esta bien dame un par de horas y estaré como nuevo.
¿Me pueden llevar una Coca-cola a mi trailer?. Estoy muerto de sed—. Pidió Robert educadamente y se marchó en dirección a su camarín….

Pasó solo a un metro de nosotras y el tiempo se detuvo a 24 cuadros por segundo, era verdad lo que dicen cuando uno conoce al hombre de su vida….él era mucho pero mucho más de lo que imaginamos, él ahora era el sol… en medio de lo que había sido la noche de nuestra vida…él era sin duda el amor de nuestras vidas.