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domingo, 13 de abril de 2014

Alfombra Roja- Capitulo 35



Mi historia comienza con un loco sueño que nos llevo a mi y Alexa a juntar peso a peso para estar en la alfombra roja en el estreno de Eclipse, solo para conocer al hombre de nuestros sueños, estaríamos allí para verlo pasar, para mirarlo todo lo que duraran esos 10 segundos, todo el esfuerzo lo valían esos 10 segundos, aveces la vida es eterna en 10 segundos.

Pero algo cambio todo, algo que hice lo cambio todo, cambio el curso de mi vida para siempre, y debo agregar que no me arrepiento de nada


DYLAN

ORIGINAL DE COKA



POV Coka

Al día siguiente de la entrevista…

Cuando salí de la biblioteca deben haber sido como la una de la tarde, saque el móvil y habilite el volumen, había estado toda la mañana estudiando en la biblioteca y allí estaban prohibidísimos los móviles. Me sorprendió ver quince llamadas perdidas de mi amiga Alexa, ella jamás insistía tanto, tenía claro que dos llamada sin responder podía ser causa de mi etapa Caracol, entonces no presionaba.

Tal cantidad de llamadas sin duda era causa de una emergencia, había retomado relaciones con ella sin antes darle una tremenda explicación al respecto de mi viaje de casi mes y medio a la soledad total, le había explicado en detalle todo lo sucedido en aquel hotel de Londres y la actitud de total arrepentimiento de Robert, de la cual no me fiaba ni un pelo. Alexa acepto mis disculpas, después de todo no estaba enojada, sólo preocupada, un milagro y su situación financiera fue lo que me libro de una furiosa visita a Cambridge.

Sin pensarlo dos veces la llame a Chile, donde ya eran allá casi las tres de la tarde

-Alo, Alexa, soy Coka

-Coka, ¡¿estás bien?!- respondió su voz asustada

-Si bien, ¿por?- le dije intrigada

-¿Cómo "por"?, ¿acaso no has visto las noticias?, ¿no sabes lo de Robert?

Mi corazón estuvo a punto de detenerse en ese momento, frene mi rápido caminar en seco

-¿Le paso algo?, me quede esperando una noticia que terminaría con mi vida, de ser algún accidente de esos que suelen ocurrirle a las celebridades.

-¿A él?, ¿chica en qué mundo vives?

-¡¡ALEXA POR FAVOR!!!- le grite, asustando al tipo que pasaba justo detrás mío.  
                         

      
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domingo, 16 de marzo de 2014

Alfombra Roja : Capitulo 34


Mi historia comienza con un loco sueño que nos llevo a mi y Alexa a juntar peso a peso para estar en la alfombra roja en el estreno de Eclipse, solo para conocer al hombre de nuestros sueños, estariamos alli para verlo pasar, para mirarlo todo lo que duraran esos 10 segundos, todo el esfuerzo lo valian esos 10 segundos, aveces la vida es eterna en 10 segundos.
Pero algo cambio todo, algo que hice lo cambio todo, cambio el curso de mi vida para siempre, y debo agregar que no me arrepiento de nada
 
DISCULPA MI AMOR
 
ORIGINAL DE COKA
Los Ángeles,….tres semanas después del encuentro con Coka

 
POV ROBERT
 
Desde el día que salí por la puerta de ese maldito hotel, no hice más que locuras, quería recuperar mi centro a como diera lugar, pero en lugar de eso solo cometía errores.
 
Ese día en casa de Tom, no hice más que llorar y fumar de la yerba buena para intentar elevarme a un estado que me dejara por sobre las sensaciones, más tarde mezcle de todo, bastante alcohol, y una que otra tontería, Tom debe haberme visto tan mal que ni siquiera intento detenerme, solo se limitó a acompañarme en ese viaje. 

El resultado fue volar absolutamente ido, gracias a dios viaje en una línea privada y en compañía de Max mi representante, digo “gracias a dios”, porque no tengo idea como fue que desperté en casa al día siguiente.
 
No quise aguardar a que la tristeza me cayera encima, enseguida agarre la libreta negra y comencé a llamar a mis amigos, a los conocidos, y a las chicas por supuesto, todo aquello que me sacara esa sensación de desolación. 

 
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miércoles, 5 de junio de 2013

Conflicto Eterno (Eclipse por Edward Cullen) Capítulo 27


 27
Retirada
Jacob corría detrás de mí en total control de sus pensamientos. Toda su concentración puesta en una que otra roca del camino; en los diferentes tonos de las ramas desnudas que se  asomaban bajo la capa de nieve sobre  los árboles. Eso estaba bien, ya había tenido suficiente de sus pensamientos inoportunos.
Corría en su forma humana, no se había transformado.   Prefería mantener su cabeza libre de la manada y eso hacía que nuestro regreso fuera infinitamente largo… ¡Maldita relatividad!
Yo hubiese preferido correr o cargarlo, en ese momento no importaba,  hubiera dado cualquier cosa con tal de darnos  algo de prisa, aunque eso significara llenarme de pulgas.
Pero por más que a mí  me pareciera, el tiempo no se detenía, venia por nosotros, nos daba caza implacablemente.
Odiaba estar desconectado de todo lo que sucedía, me sentía encerrado en una frágil burbuja que más temprano que tarde explotaría y aquella impotente sensación me abrumaba"
—Esto es  ridículo ¿sabes? —.  Me dijo de pronto rompiendo el silencio— No comprendo cómo puedes seguir aquí, fingiendo que no pasa nada, que es normal  la necesidad que Bella siente por mi ¿Quieres que te haga un dibujo, que lo explique con manzanas para que lo entiendas mejor?
—Que te necesite no significa nada,  es sólo una mala costumbre.
—Sí, claro.  En todo caso, pronto lo sabremos.
—Ni se te ocurra intentar nada estúpido—.  Le advertí.
—No te preocupes chupasangre…—me respondió  con  una sonrisa idiota—, no haré nada que ella no me pida.

Justo en ese momento el aullido de un lobo retumbó débilmente. El sonido provenía del campamento.
Estaba a punto de salir corriendo cuando Jacob rió por lo bajo.
—Seth debe estar nervioso porque nos tardamos—. 
—Seguramente piensa que nos ha sucedido algo.
—Tal vez piensa  que te he roto el pescuezo—.   Dijo maliciosamente.
Me detuve para contemplarlo.   Esto era ridículo, estábamos a punto de  enfrentarnos a  un  ejército de neófitos hambrientos y él en su incomprensible e inmensurable egoísmo sólo podía pensar en sus estúpidos juegos.
—Tal vez deberías prestar más atención a lo que está sucediendo a nuestro alrededor.   Tal vez suceda algo ahí abajo, ¿Has pensado en ello siquiera?. 
—No creas que no lo hago. No creas que  me da lo mismo  estar aquí mientras mis hermanos están ahí abajo listos para hacerle frente a lo que venga.
Por mis venas corre la sangre orgullosa de mis antepasados.  Honraré   a mi  tatarabuelo, a mi familia,  haré lo que me corresponde pero no sólo por mi gente, por mi pueblo y mis hermanos.
 Cada vampiro que destruya  será un vampiro menos que irá tras Bella. Así que no te sientas tan complacido contigo mismo pensando que abandonas  a tus seres queridos por ella,  yo la dejo aquí junto a ti no por que quiera morder a unos cuantos vampiros o por que piense que tú seas el indicado para  protegerla, si lo hago es porque soy bueno en lo que hago y matar vampiros es lo que mejor sè hacer—.
—Ella estará a salvo conmigo—.  Le aseguré casi ofendido.
—Sí, lo sé. Si no fuera así no la dejaría aquí, lejos de todos nosotros. Además… Estará Seth por si  acaso y él me mantendrá informado.

¿Había subestimado los intenciones de Jacob?  No lo creía, esté era su último intento, su última jugada.   Él jugaría a ser heroico.
—Sólo limítate a no  hacerla sentir aun más confusa, más  preocupada—.Le advertí.
—Y tú limítate a tus propios asuntos—. Me respondió.
—Bella es  “Mi asunto”.
—También lo es para mí.

Y era así,  yo sabía, comprendía que sus sentimientos eran, de una manera infantil, sinceros.
Pero Jacob había pasado su naturaleza por alto. No importara cuan apegado se sintiera ahora  a Bella, él, al igual que todos los de su especie, algún día encontraría la compañera de su vida, a su pareja de imprimación y ese día dejaría  todo y a todos por estar junto a ella.  Ese era  su destino, era su  única verdad absoluta.
No importaba que él creyese con todo su corazón que ese día no llegaría, pues como la hora más oscura precede al  alba aquel día llegaría y no habría nada que  pudiera hacer en contra de ello.
¿Y qué pasaría con Bella, si es que  ella le escogiera?   El sueño de Jacob,  aquellos niños corriendo por la playa junto a él ya no le importarían, no significarían nada para él, y Bella  quedaría destrozada, con el alma rota. No necesitaba los poderes de Alice para verlo.
¿Podría protegerla de ese destino?  ¿Si ella así lo quería, podría  ahorrarle aquel dolor?
Pero que absurdo resultaba tan sólo pensar en ello.  Bella era mía, tan mía como yo era suyo, no había nada que  pudiera cambiar eso.
No.  Yo nunca dejaría de luchar por ella.  No ahora que habíamos llegado tan lejos.  No después de vencer  todo y cada uno de los obstáculos que no paraban de presentársenos.
No importaba que Jacob fuera la personificación del calor, de la luz y del sol. Mi oscuridad no sería tan negra y el frio se convertiría en calor abrazador cuando ella estuviera por siempre a mi lado.
Poco después vi el claro donde ella se encontraba.
—Será mejor que te vistas,—le dije  a Jacob cuando pasamos junto a sus ropas tiradas en sobre un helecho— y avísale a Seth  que somos nosotros—.
Di unos cuantos pasos más y Seth gruño al   sentir mi olor.

—Somos nosotros, Seth —.  Gritó Jacob detrás de mí.

—¿Porque han tardado tanto?—.  Me preguntó éste más preocupado que molesto.  —Tengo un mensaje para ti ——me dijo éste en su mente—  Alice dice que la cosa se complica, que  alguien más viene, una visita sorpresa. Los Vulturis y que Jane viene con ellos.
 ¡Rayos!
¿Acaso no podían complicarse más las cosas?.   Si Jane y los otros estaban aquí,  Bella también tendría que estar ahí. Nada les impediría  ir por ella, tan sólo para comprobar si habíamos cumplido con nuestra parte del trato pactado en Volterra.
Esto cambiaba por completo la situación.

—Solo tendrán unos diez a quince  minutos luego de que el último de los neófitos caiga.    Si todo sale bien y con algo de suerte, ellos llegaran cuando todos estén acabados—.
¿¡Suerte?!  ¿Ella había dicho suerte?.
—Sí, eso es todo lo que necesitamos—.  Contesté en voz baja.   La maldita suerte  era lo único que hoy, al igual que en otras oportunidades nos jugaba en contra.
¡Maldito fuera Murphy y su estúpida  ley!

  —Supongo que no debería sorprendernos—diez minutos no era mucho tiempo,  tendríamos que estar un  poco más seguros—, pero vamos a ir un poco apurados, le va a andar muy cerca. Por favor, dile a Sam que le pida a Alice que intente concretar aún más el esquema—.
Movió su cabeza afirmando y luego se volteó para contemplar a Jacob que se encontraba  dándonos  la espalda.

Corrí junto a Bella, había tanto que quería decirle, tanto que  no podía decirle en ese preciso momento ya que hacerlo significaría  un dolor extra para ella. Amarle había sido lo único bueno  de mi existencia y su amor me había cambiado en más de un sentido.  ¿Cuánto me había salvado?  ¿Cuánto me había transformado? Y ahora,  tenía de dejarle  para que ella fuera capaz de aclarar lo que realmente sentía por este ser   que  creía amarla.  ¿Pero que sabía Jacob Black del amor?   Nada.  Bella era un capricho, una mera cuestión de  superioridad de especies. Al final del día a él sólo le importaba quien se quedaba con la chica,   el lobo  o el vampiro.
Bella merecía  algo mejor que esto,  no necesitaba sufrir o ser expuesta a estas interrogantes a estas decisiones.
Y en el fondo, debía admitir que  sus dudas me   herían,  pero todo era mi culpa,  yo le había empujado a esto, yo había  introducido a este ser en su vida y no había nada que pudiese hacer para remediarlo.

—Bella. Ha surgido una pequeña complicación. Me voy a llevar a Seth un poco más allá para intentar solventarla.  No me iré lejos, pero tampoco podré oírte. Ya sé que no quieres público y no me importa… que escojas el camino que quieras—. Le mentí lo mejor que pude. 

—Apresúrate —Dijo suavemente mirándome a los ojos.

Me acerque un poco más, memorizando cada  detalle.  El mundo dejo de dar vueltas en ese momento, mientras yo memorizaba cada detalle de su rostro, y me permitía perderme a mí mismo en la profundidad de sus ojos color chocolate.
Luché  contra el deseo de  tomarla en mis brazos y  correr lejos de ahí.  Dejaríamos  todo atrás, pues nada en ese momento me importaba más que  Bella.
Un frio intenso brotó de mi pecho, y supe que aquel frio  permanecería  ahí hasta que  volviera a estar junto a ella.  Estaba consciente  de que si no marchaba  de una vez, no me marcharía nunca  y  Jacob  se podría ir al quinto infierno y los  neófitos  detrás de él, pero hacerlo también era  pasar por alto los sentimientos  y las necesidades de Bella y yo  había jurado, por sobre todas las cosas protegerle, incluso, si eso me incluía a mí mismo.
A sí que hice lo que debía en ese momento, me incliné rápidamente y le di un casto beso para luego  marcharme junto a Seth sin mirar hacia atrás.

Y corrí, corrí, corrí, con Seth tratando de seguirme el paso, lo cual era claramente imposible.

—¡Edward, espera! —  Me grito en su lobuna mente.
Pero yo no podía, necesitaba alejarme de ahí, necesita no  escuchar  la aparente molestia de Jacob mientras se dirigía a Bella, a mi  Bella.
—¡Por favor!   Me suplico por ultimo Seth y me detuve unos kilómetros delante de él.
¿Qué estaba haciendo?   Con volverme loco no solucionaría nada.   Ahora más que nunca necesita enfocarme.   Conocía bien a Bella, estaba seguro de sus sentimientos por mí.   Lo de Jacob era algo que solo debía ser terminado, cerrado, un capitulo sin concluir  hasta este día.  Luego de esto ya no habría fantasmas, ni más dudas entre nosotros, tampoco  quedarían espacios que le dieran falsas alas a él.  Esto debía suceder, fuera lo que fuera esto  debía pasar y entre más pronto esto llegara a su fin sería mejor.
—¿Estás bien? — me preguntó Seth a  medida que se acercaba. —Por un momento pensé que te perdería—.
Y por un momento así también lo creí yo, pensé que me perdería a  mí mismo.  Pero mientras tuviera a Bella a mi lado yo nunca me perdería, ella era y sería por siempre mi faro en   la eterna oscuridad de mis noches.

—Sí, —le respondí   —Estoy bien,  será mejor que nos apresuremos.

La visión de Alice era  clara.    Jane y unos cuantos estaban aquí.

 —¿Pero por qué?  ¿Por qué no actuaron en Seattle? 
¿Estaban informados sobre las intensiones del ejército de los neófitos o tan solo los están siguiendo? —. Yo tenía tantas dudas.

—Deben estar tras ellos—,  dijo Esme.

¿Pero por qué?  Seguí preguntándome, las dudas me azotaban  sin piedad.  

—¿Vienen por ella?  Pregunté a Alice y comprendió sobre que hablaba.

—No... Si…  Es difícil decir, ellos vienen a comprobar su estado,  eso los mueve hacia aquí, pero  hay una sombra, algo que no se deja ver. Puede ser que Bella sea solo un pretexto pero no por ello deja de  ser  un peligro para todos.

—¿Aun tendremos un poco de acción, no es así? —  Preguntaba Emmett lleno de frustración  y expectación.

—Sí, tendremos que hacerlo y debemos ser rápidos y eficientes.   —Carlisle—.  Aun cuando no me gusté tener que admitirlo.

—Es necesario— Le tranquilizo Esme.

Jasper   había  informado a la manada  sobre el problema que representaban los Vulturi y lo que podríamos esperar de ellos y de lo peligroso que  era que ellos tuvieran  conocimiento de esta alianza o de su mera existencia.
La noticia de Hombres lobos  en alianza con el aquelarre de los Cullen avivaría aun más la codicia y la envidia de Aro, no necesitábamos   esa clase de atención en este momento.

—Tendremos  unos  diez a trece  minutos para terminar con todos los neófitos.   Están  obsesionados por el olor de Bella, no piensan en nada más que no sea en ella, será fácil sorprenderlos.

—Está bien,  recuerden  todo lo que les hemos dicho, no dejen que les agarren, no podrán soltarse de ellos si esto ocurre—les recordó Jasper—.  No piensen que ustedes son más fuertes que ellos, la soberbia  no es buena consejera en tiempos de guerra, pero tenemos el factor sorpresa de nuestra parte y eso nos ayudará.

—¿Cuánto nos queda? — Pregunté  a Alice.

—Solo unos minutos más, será mejor que vuelvas junto a Bella.
—Todo saldrá bien amor—me dijo Esme.   —Ve con ella.

Miré a mi familia por última vez y junto a Seth corrí hacia mi corazón.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Conflicto Eterno: Capitulo 26








26
La Elección


Tararear la nana de Bella había sido la única forma de sofocar las desagradables fantasías de Jacob. El amanecer me pareció tan lejano entonces.
Como cada noche, ella pronunció mi nombre, era un verdadero oasis dentro de la tormenta escuchar su dulce voz llamándome desde la inconsciencia. Cada vez que esto sucedía Jacob resoplaba por la nariz, era tan delicioso poder sentir su malestar… Hasta que llegó mi turno y probé yo también aquel trago amargo.

—“Mi Jacob”—. Dijo ella suave pero claramente.


Sólo fueron esas dos cortas palabras, mas bastó para que él se regocijara.

—¿¡Ya vez!? ¡Yo sabía que tenía la razón. Está ahí, tal vez sea pequeño, tal vez esté muy escondido, pero yo se que en su corazón hay amor para mí. Y bueno, no la culpo de eso, es decir, los de mi raza somos irresistibles—.

—Guarda silencio—. Le dije. —Bella necesita descansar y será mejor que tú también lo hagas de una vez por todas—.

—Si, si, si. Piensa en sus palabras mientras yo sueño con ella—. Respondió.

“—Grrr….—” Gruñí mentalmente esta vez.

Una vez más quise saltar sobre su cuerpo y desgarrarlo completamente.
Apreté fuertemente mis puños y mis ojos, tratando inútilmente de bloquear la furia y sus pensamientos, sentía la necesidad de dejarme ir, quería dejar que el ser oscuro y sangriento que vivía en mí tomara el control de mis actos. Sería tan dulce, tan placentero disfrutar de su monstruosa naturaleza…

Pero no, una vez más, nuevamente diría que no, lo empujaría… otra vez, como tantas otras, le pondría los grilletes y lo expulsaría hasta el fondo más oscuro de mi ser.
No, esta batalla no la ganaría por la fuerza, esta batalla la ganaría siendo lo mejor que podría ser para Bella.


No sirvió de nada que Jacob se durmiera, eventualmente sus sueños volvieron a girar en torno a Bella y de cómo sería su vida junto a ella.
El tono libidinoso de estos quedaron atrás e imágenes cotidianas repletas de intimidad llenaron sus inconscientes pensamientos.
Imágenes de atardeceres tomados de las manos, de niños idénticos a él corriendo por la playa tras una Bella unos cuantos años mayor, sin embargo siendo la misma, llena de vida.
Entonces sentí envidia… una vez más, no sólo de su posibilidad de soñar sino que también de su posibilidad de poder brindarle un futuro lleno de… lleno de vida en resumidas cuentas.
¿Llegaría el día en que ella, al igual que Rosalie, sintiera el peso de la eternidad al comprender que nunca sería capaz de albergar vida dentro de su cuerpo? ¿Entonces me odiaría por eso?
Rosalie no odiaba a Carlisle, por mucho que sintiera el peso de los años ella no le culpaba por haberla transformado. Ella tan solo odiaba la maldita suerte que le había tocado.

Pero todo era diferente con Bella, ella estaba consciente de todo lo que perdía. ¿Acaso había dimensionado la inmensa realidad?

Sacudí mis dudas, no era tiempo de hacer el papel de tonto masoquista una vez más.
Dejé que mi mente volara fuera de la tienda, buscando los pensamientos de mi familia que permanecía alerta.
No esperábamos visita hasta la mañana siguiente, sin embargo, supongo que cada uno tenía sus propios motivos para estar ansioso.

Carlisle estaba preocupado, no sólo por nosotros, sino que también por los lobos que se habían unido a nosotros, o a la batalla para ser más exactos.
Él se sentía responsable por cada uno de ellos y no quería pensar en que pasaría si perdíamos a alguno de ellos.
Esme por su parte dejaba de lado la preocupación por los pulgosos y sus pensamientos pasaban de Alice a Rosalie. Aunque sabía muy bien que ellas eran perfectamente capaces de defenderse a sí mismas y a los chicos si así fuera necesario, su instinto maternal gritaba más fuerte que cualquier otro sentimiento.
Emmet al igual que yo contaba cada segundo que faltaba para el amanecer, aunque teníamos motivos muy diferentes para hacerlo.
Jasper formulaba una y otra vez posibles planes B y hasta un C si así era necesario.
En cada uno de ellos Alice permanecía muy lejos, siempre la mantenía alejada de todo peligro y ella a su vez, pudiendo adivinar los pensamientos de Jasper hacia lo mismo, pero Alice siempre se veía a su lado si algo salía mal.
Pero a pesar de todo eso, dentro de ellos reinaba la expectación y tranquilidad absoluta. No negaban que algo pudiera salir mal, mas todos estaban consientes de nuestra fuerza y la de los Quileutes.

De esta forma pasó la noche tormentosa, (lo había sido en más de un aspecto). Negándome en todo momento de apartar la vista de ella mientras dormía profunda y plácidamente entre los protectores brazos de Jacob.
Yo debí poder brindarle aquello que ella tanto necesitaba, sin embargo había fallado, no había podido cumplir con esa simple pero fundamental labor y ahora estaba pagando por la ineptitud de mi naturaleza lo más desesperante de todo aquello era que no había nada que yo pudiera hacer.
Debía enfocarme en el camino que habíamos escogido recorrer, juntos, por siempre, sin necesidad de recurrir a seres indeseables para protegerla de cualquier amenaza. Llegaría el día en que Bella se uniría a mí y seriamos iguales, para toda la eternidad.

Y el amanecer llegó, lentamente primero, trayendo las débiles luces matutinas. Luego, con el correr de los minutos, el sol se abrió paso a través de las escasas nubes que recordaban la tormenta nocturna hasta que dominó por completo el cielo.
El pequeño Seth Clearwater se desperezó y se perdió por unos segundos entre los árboles. Luego volvió y se sacudió ruidosamente.
¿Cuándo sacudiría sus pulgas Jacob fuera de la carpa?
Estaba completamente seguro que sus insoportables ronquidos terminarían derribando todo mi, en ese momento, precario autocontrol. Estaba utilizando todas mis fuerzas para no saltar sobre él, para no tomarlo por el cuello y romperlo como si fuera una pequeña e insignificante rama seca…. Estaba haciendo todo lo que me era posible y no sabía cuánto más podría soportar. ¿Pero cómo podía hacerlo!?
Sus peludos y fétidos brazos…. Su cuerpo muy cerca, su respiración golpeando su cabello… ¿Como podía seguir contemplando aquello?
Entonces, Bella comenzó a despertar. Yo sentía tanta rabia, tanto odio pero en cuanto vi que ella comenzaba a moverse, todos esos sentimientos se desvanecieron y una tristeza inconmensurable me llenó por completo. ¿Por qué ser la criatura que era? ¿Por qué no podía ser lo que ella necesitase o mereciese?

Controlé la angustia, vencí el dolor.
Yo sabía muy bien cómo controlar mis sentimientos, no permitiría que ella viese cuánto dolor me causaba la situación, no era justo para ella.

—¿Se está caliente ahí fuera? —. Dijo mientras trataba de moverse.
—Sí. Dudo que hoy necesitemos la estufa—. Le contesté mientras veía los esfuerzos que realizaba Bella para deshacerse del abrazo inconsciente de Jacob.

Todo mi cuerpo quería moverse, tomarla entre mis brazos y lazar de una patada a Jacob fuera de la carpa, pero no lo hice, me obligué a permanecer sentado en el rincón de la carpa mientras ella intentaba alcanzar la cremallera del saco de dormir. Pero entre más lo intentaba mas fuerte Jacob la abrazaba.
La situación se estaba volviendo verdaderamente insoportable.
Respiré una y otra vez, tratando de dominar mis impulsos.

—¿Y si me ayudas? —. Me preguntó entonces, y con gusto lo haría. Se me ocurrían mil formas de hacerlo y en cada una de ella había sangre Quileute involucrada.
Sonreí entonces.

“Quieres que le arranque los brazos…” Estuve tentado a decir, pero… —¿Quieres que le aparte los brazos? —. Le pregunte finalmente, mas Bella prefería que sólo le ayudase a salir del saco. Ella estaba segura que le daría un golpe de calor y posiblemente así fuera, no era necesario que yo me acercase a ellos para sentir el calor que irradiaba Jacob Black y después de todo no era algo tan agradable de soportar cuando no se estaba muriendo de frío.


Yo, en ese entonces, tal vez podría haber actuado de otra manera, tal vez, en consideración al enorme favor que Jacob me había hecho la noche anterior yo podría haber actuado con un poco màs de deferencia hacia èl…. Pero no fue así.

Con un certero y limpio movimiento bajé la cremallera del saco de dormir y al instante todo su cuerpo fue víctima de la fuerza de gravedad y rodó hacía atrás cayendo de espaldas sobre el aparentemente frio suelo de la tienda.
Inmediatamente, cuando su piel hizo contacto con la helada superficie, impulsivamente se agitó y rodó hacia adelante en un intento de apartarse del frio, pero al hacerlo todo su cuerpo cayó sobre Bella.
De haberme detenido a pensar en las consecuencias que mis actos podrían traer, yo podría haber previsto algo tan obvio como eso, pero mi tolerancia perruna había quedado deshecha la noche anterior y no me encontraba capacitado para soportar un segundo más a Jacob Black.

Al ver el frágil cuerpo de Bella atrapado bajo él, todo se tiñó de rojo y ya no fui dueño de mi cuerpo.

En menos de un parpadear humano, o en menos de lo que le habría tomado a Bella el hacer una inspiración… si es que en ese momento hubiese sido capaz de hacerla, tomé a Jacob por la pretina de su pantalón y lo lancé hacia el otro extremo de la tienda donde cayó contra uno de los palos de esta.
Tardó el mismo tiempo que le tomaba el llegar al suelo, comprender lo que había sucedido.
Para entonces yo me había agazapado delante de Bella, protegiéndola de esta forma con mi cuerpo, dispuesto a saltar sobre él al menor indicio de su transformación.

“¡Maldito! ¿Qué demonios te crees sabandija asquerosa?” Me espetó mentalmetne mientras era todo gruñidos.

Se incorporó rápidamente y me hizo frente, maldiciéndome en su mente una y otra vez al mismo tiempo que convulsionaba frenéticamente tratando de controlar los espasmos que precedían su transformación.
No sé bien cuanto tiempo permanecimos así, uno frente al otro, esperando que el otro diera el primer paso hacia adelante. Tampoco fui consiente en un comienzo de los gruñidos que llegaban desde fuera de la tienda, ni de la voz de Bella hasta que ella estuvo frente a mí, en medio de nosotros, sòlo el contacto de su cálida mano sobre mi pecho me hizo darme cuenta de lo peligrosamente cerca que ella estaba de un casi descontrolado Jacob.
Al instante la tomé por la cintura para alejarla de él ipso facto.

—¡Alto ahora mismo¡— Dijo ella.

La voz de Bella fue como un bálsamo sobre nuestras encolerizadas mentes y Jacob comenzó a calmarse casi inmediatamente, sin embargo no por eso dejó de amenazarme al mismo tiempo que me mostraba sus dientes de leche.

“¡Te voy a sacar la cabeza y la voy a enterrar en esta montaña, donde nadie pueda encontrarla¡”

“¡Jacob!, ¿Jacob?, maldición…”. Se quejaba Seth en un aullido mientras corría de un lado a otro frente a la tienda, sin saber que hacer realmente.

—¿Jacob? ¿Te has hecho daño? —. Le preguntó entonces Bella.

—¡Claro que no! — Respondió él ofendido.

¿Cómo era posible que ella se preocupara por él?
Hace apenas unos minutos atrás había sido aplastada por él y ahora Bella le preguntaba si se encontraba bien!
Eso era realmente inconcebible. Yo había esperado una reprimenda, una palabra de disgusto por parte de Bella hacia Jacob, pero eso no fue así, el único reprendido fui yo y además ella me pidió que me disculpara.
¡Ella tenía que estar bromeando!¡Él la estaba aplastando!

—¡Porque le tiraste al suelo! Ni lo hizo a propósito ni me ha hecho daño—. Me respondió ella.

¿Disculparme…? Si tan solo… ¡Rayos!
¿Acaso no bastaba con la noche de los mil demonios que había pasado?
¡No, no bastaba! Ahora y como si fuera poco, tenía que comenzar el día, nada más y nada menos que disculpándole con un maldito perro Quileute… y que además resultaba ser él.

Los ojos de Bella seguían mirándome seriamente y sabía que no lo dejaría correr tan fácilmente. Desvié la vista de ellos para mirar a Jacob y le dije secamente:

—Mis excusas, perro.

—No ha pasado nada —. Respondió él pagado de sí mismo, disfrutando el placer que le proporcionaba mi disculpa.

El leve movimiento del cuerpo de Bella me hizo volver a fijar la vista en ella. Le vi estremecerse.

—Ven—. Le dije luego que ella se abrazara a si misma debido al frio.

Tomé el anorak que estaba en el suelo y envolví con el a Bella.

—Es de Jacob —. Dijo ella, pero por él no había que preocuparse, de todos modos Jacob tenía su propio abrigo de pieles… con pulgas y tiña incluidas.

—Si no os importa, yo prefiero el saco de dormir. No me apetece levantarme aún. No pasará a la historia por ser la noche en que mejor he dormido, desde luego—. Dijo este.

¿Se estaba quejando el muy maldito? ¿Esa había sido idea suya, y ahora, después de todo se quejaba?
Pero aclaró, luego de desperezarse y sacudir sus pulgas, que no había dicho que hubiese sido una mala noche, tan sólo que no había dormido mucho.

—Pensé que Bella no iba a callarse nunca—. Y yo encontré en sus palabras algo de consuelo.

—Me alegro de que lo hayas disfrutado tanto —. Le respondí.

Yo adoraba que Bella hablara en sueño ya él sólo le molestaba. Que mezquinos, que falsos eran sus sentimientos hacía ella.

—Entonces, ¿tú no has pasado una buena noche? —. Me preguntó sarcásticamente.
Pero aquella no había sido la peor de mi vida.

—Pero ¿entra al menos entre las diez peores? —. Preguntó Jacob gozando con la idea.

Y él tenía razón, posiblemente si hiciera un ranking con las 10 peores noches de mi existencia, esa ocuparía el puesto 10° o tal vez el 9°.
Sin embargo yo sabía, podía ver que para él esa noche si pasaría a ser una de las mejores noches de su vida. Y lamentablemente para él el resto sólo lo tendía soñando. Tendría que conformarse toda su vida con soñar simplemente, mientras que para mí no era necesario el soñar con ello, Bella era mi realidad y mías eran y serian todas sus noches.

—Ahora bien, no figuraría entre las diez mejores si hubiera podido ocupar tu lugar. Sueña con eso—. Le dije escupiendo en su cara la realidad.

Al instante Jacob respondió, abrió los ojos dejando de fingir que dormitaba, cuadró los hombros rígido por el coraje y de un salto se puso en pie argumentando que la tienda era muy pequeña para nosotros tres.

—¿Sabes qué? Creo que hay demasiada gente aquí dentro—. Dijo él.

Y yo no podía estar más de acuerdo con eso.

viernes, 15 de octubre de 2010

Conflicto Eterno: capítulo 25


25
Necesidades




Esta era una de las razones por las cuales me había negado a que mi hermana atendiese otros “asuntos” en vez de preocuparse de los que realmente importaban en esos momentos. ¿Era mucho pedir que se mantuviera alejada de nuestras decisiones?.

Alice había llegado molesta, resentida.

“—No lo puedo creer…. ¿Las Vegas?. Como puedes hacerme esto Edward —“. Fueron los primeros pensamientos de Alice que pude escuchar.
Calculé que aun le faltaban unos cinco minutos para llegar a casa y ya me lanzaba al rostro nuestros planes de matrimonio. Era ridículo pensar que mí pequeña y molesta hermana se mantendría al margen de la decisión de Bella, por más que se lo pidiese.

“—¡ Las Vegas!. No te lo perdonaré nunca ¿Te queda claro? ¡Nunca!. —“. Decía ella indignada. —“Todo esto está mal, muy mal. Además de todos los problemas que tengo que soportar, ahora me hacen esto. Es decir, no les basta con que yo tenga que andar casi a ciegas por la vida?, todo por vincularnos con esos asquerosos sacos de pulgas, sino que además me hacen esto de Las Vegas?. No hay justicia en esta vida! “—. Continuaba quejándose al llegar a casa.

Era tan típico de ella.
Estábamos en la víspera de un sangriento enfrentamiento y sólo le preocupaba que nos casáramos de manera tan… indigna.

Abrió su boca, dispuesta a regañarnos, a hacer una escena pero mí dura mirada la convenció de no hacerlo. En cambio agregó:

— Creo que deberías meter ropa de abrigo en la maleta. Edward no puedo ver dónde estás exactamente, ya que esta tarde sales con ese perro, pero parece que la tormenta que se avecina será aún más intensa en toda esa zona.
Va a nevar en las montañas —.

Supongo que todo fue mí culpa, no preví, no ponderé sus palabras. “Va a nevar en las montañas” no significaba nada para mí y ahí fallé, fallé nuevamente y esta vez de manera casi fatal….
Pero todo era por culpa de aquel que permanecía fuera, dando vueltas a la carpa.
Cuando comenzó a nevar Bella le había pedido que bajase de la montaña mas él se había negado a hacerlo, ahora se encontraba nervioso como yo, indeciso como yo, preocupado y preocupado tanto como yo.
—¿Qu-ué hooora es? —. Logró articular Bella que era víctima una vez más de mí estupidez absoluta.

Ahora nevaba de manera inclemente y la insignificante carpa donde nos encontrábamos no ofrecía ningún refugio para ella, con cada ráfaga de viento se sacudía violentamente y cada vez que lo hacía el cuerpo de Bella lo hacía también.
De nada servía que me agazapara en una esquina, que me mantuviera lo más distante de ella que pudiera. Lo que Bella necesitaba en ese momento era un calentador, una manta térmica, una taza de chocolate caliente, una cama tibia, ella necesitaba la seguridad de cuatro paredes, pero se había negado una y otra vez a dejar nuestra posición, preocupada incluso en esas condiciones de que su rastro se perdiera bajo la nieve que no paraba de caer.

—Las dos —. Le contesté.

Instintivamente me mantenía alejado de ella, como si ese insignificante gesto pudiera evitar que ella, tarde o temprano se congelase.

“—Que estas esperando chupasangre, no vez que se congelará?—“. Me increpaba Jacob Black. “—¿Por qué rayos no te mueves y haces algo? —“.

¿Que pensaba que estaba haciendo yo? ¿Acaso pensaba que estaba disfrutando de todo esto?
No sólo tenía que aguantarlo a él y sus lamentos, además tenía que aguantar las amenazas de la manada también.

Toda la mente colectiva estaba al corriente de lo que sucedía sobre la montaña, En otras circunstancias habría sido verdaderamente impresionante ver y comprobar el gran alcance que tenía aquella vinculación mental, ahora, era sólo una preocupación más.
En un principio la idea había sido mantenerme en contacto con la manada, de esa forma sería más fácil estar al corriente de los últimos detalles y coordinar las acciones para la jornada siguiente, pero en ese momento algunos de ellos, los más jóvenes sobre todo, clamaban y aullaban por mí cabeza.
Sam sin embargo se mantenía al margen de todo pensamiento agresivo hacia mí, él calmaba a los lobos exaltados cuando era necesario.
Fríamente Sam había analizado la situación, seguramente entendía, podía ver el posible peligro que significaba mover a Bella de su ubicación actual ya que los neófitos llegarían sin importar de en donde nosotros nos encontráramos, ellos llegarían y no importaba si a la mañana siguiente estábamos o no en el claro. Si no los deteníamos arrasarían con todos y todo a su paso en su búsqueda de Bella.
Y lo que sucediera después de eso dependería de las dos teorías que manejábamos hasta ese entonces, de ellas dos dependía también la vida de los Quileutes.
Pero yo era egoísta, la vida de Bella era para mí mucho más importante que Forks o que toda la raza Quileute. Sabía muy bien que no sobreviviría a esa noche si nos quedábamos ahí y tenía que llevarla lejos, llevarla a un lugar seguro.

—Quizá... —. Comencé a decir mas Bella me detuvo.

Todo habría sido mucho más fácil, pero ella se negaba a dejar la montaña. ¿Cuánto más podría soportar?

“—¿Y entonces? —“. Volvió a preguntar Jacob en su mente lobuna como si yo no estuviera pensando en ello.
—¿Qué puedo hacer yo? —. Dije en voz alta.

“—No lo se… Llévala a algún lado, a su casa por ejemplo—“.

Pero Bella se negaría una vez más. No quería estropear los planes. A pesar del frío inclemente ella aun quería continuar con lo planeado y estaba seguro que no sería ese estúpido chucho quien le convenciese de lo contrario.
Como reacción a mis palabras, Bella, pensando que era a ella a quien yo me había dirigido, negó con la cabeza en señal que no había nada que se pudiese hacer.

“—¡Maldición! —“. Exclamó Jacob dando un impaciente aullido.

—Vwete dee aquí —. Respondió Bella molesta.

—Sólo está preocupado por ti—. Le dije. —Él se encuentra bien. Su cuerpo está preparado para capear esto—.

—E-e-e-e-e—. Intentó decir ella y pude ver que hasta el simple acto de hablar se le estaba dificultando.

“—¿¡Acaso no vez que se estaba congelando viva!? —“. Volvió a proferir Jacob quejándose de manera aun más intensa que la anterior. “—No puedo creer que te sientes a ver como se congela lentamente. ¡Haz algo inútil chupasangre o hazte a un lado y deja que me encargue de ella! —“.

—¿Qué quieres que haga?. ¿Que la saque con la que está cayendo? No sé en qué puedes ser tú útil. ¿Por qué no vas por ahí a buscarte un sitio más caliente o lo que sea? —. Le respondí.

Necesitaba pensar, necesitaba tomar control sobre la situación, el corazón de Bella comenzaba a disminuir lentamente su ritmo cardiaco mostrando de esta forma los primeros signos de la hipotermia.
Tendría que correr el riesgo de llevarla lejos de ahí, esconderla, que estuvieras a salvo en otro sitio.
De pronto la visión de La Push ya no me parecía tan mala idea. ¿Podría dejarla sola tan lejos de mí, al cuidado de mis enemigos, expuesta a que posiblemente los neófitos encontraran su rastro?
¡No!. ¡Yo necesitaba estar a su lado!, no dejaría nada al azar, nada a la suerte. Ya estaba demostrado que la ley de Murphy pesaba sobre mí, sobre cada una de mis decisiones.
¿¡Entonces, que podía hacer!? ¿¡Que podía yo hacer!?...

—Estoy bbbieenn —. Agregó Bella, tratando inútilmente de defender su obstinación.

—Grrrrrr… —. Instintivamente de mí pecho emergió un sonoro gruñido que fue acompañado por el ulular de Jacob mientras el viento, con una intensidad inusitada arremetía sin piedad contra la carpa.
Pero no importaba cuanto ruido provocara el viento, la voz de Jacob retumbaba clara y fuerte en mí mente.

“— ¡Hay que hacer algo, cualquier cosa!...
Mira tal vez no sea mucho pero aquí está el anorak que dejó colgado en el árbol, tal vez pueda servirle de algo—.”

Debía ser una broma, eso apenas serviría de algo, simplemente era la peor idea que había escuchado en toda mí larga vida y me aseguré de decirlo fuerte y claro para que él lo escuchase.

Entonces vi el cambio.
Lo primero que pude sentir fue la desvinculación de su mente con la manada y sentí el crujir de su cuerpo al pasar de lobo a hombre.
—Mejor que cualquier cosa que se te haya ocurrido a ti, seguro —. Me contestó ahora humanamente. —«¿Por qué no vas por ahí a buscarte un sitio más caliente?» —. Repitió él, irónico y molesto a la vez. —¿Qué te crees que soy? ¿Un san bernardo? —.

No, un San Bernardo era un animal útil en muchos aspectos; él, en cambio, era sólo una molestia, una gran y pestilente molestia.
Entonces ingresó a la carpa y por más cuidadoso que fue el viento se coló junto con él dentro de esta, provocando que el cuerpo de Bella se sacudiera al ritmo de implacables espasmos. Su dolor hizo eco en mí y mí desesperación, en ese momento, era inconmensurable. Lo único que no necesitábamos era que el perro entrara y saliera de la tienda a cada momento.

—Esto no me gusta nada —. Le dije mientras él cerraba la cremallera y entraba de una vez. —Limítate a darle el abrigo y sal de aquí—. Agregué mientras mí nariz era atacada por el pestilente hedor proveniente de su persona.

—Qqquuqqquu—. Intentó decir nuevamente Bella pero el frío que sentía era tan intenso que había perdido la capacidad de articular.

Seguramente quería saber que estaba haciendo Jacob, entonces él contestó que el anorak era para mañana, que en ese momento ella tenía demasiado frío como para entrar en calor por sus propios medios.
No me gustó en lo absoluto como sonaron esas palabras y mucho menos me gustó la idea asociada a ellas.
Entonces Jacob, sin previo aviso, se acomodó junto a Bella.

—Dijiste que ella necesitaba un lugar más caliente y aquí estoy yo —.

¡No podía estar hablando en serio!. Tenía que ser una maldita broma. Pero pude sentir que tenía razón, aun incluso ahí, lejos de él, al otro lado de la carpa, yo pude sentir el calor irradiando de su cuerpo.

—Jjjjaakkee, ttteee vas a cccoonnggelar —. Intentó decir nuevamente Bella, mas él sabía que eso era imposible, con su cuerpo a cuarenta y tres grados era un maldito calentador con patas.

—Te voy a tener sudando en un pispas—. Contestó él.



Todo era tan irreal en ese momento, no sólo estaba compartiendo un reducido espacio con mí enemigo natural, si no que también él pretendía compartir a mí futura esposa… Mí futura esposa.
Que Bella se negara a usar la sortija que otrora perteneciera a mí madre no cambiaba en nada la situación.
No llevaba la sortija, pero durante el corto momento que adornó su mano me sentí el ser más feliz sobre la faz de la tierra. Sin embargo no era tan malo, después de todo aun llevaba en la muñeca el obsequio que le había regalado al comienzo de la velada. ¿Inconscientemente había omitido que era un diamante? Recordaba perfectamente haber tenido la intención de aclarar aquel minúsculo detalle, pero otros asuntos habían terminado por captar mí total atención.
¿Se habría mostrado tan “cooperadora” al decirle lo que era realmente? Posiblemente no, pero no le proporcionaría la escusa perfecta para deshacerse de el tan fácilmente. Después de todo yo simplemente había excluido cierta información, sin importancia en realidad, no le había mentido.
Pero de nada servía pensar en eso, la noche ya había quedado atrás y ahora Bella estaba casi congelada y Jacob pretendía meterse en su saco de dormir.
Rugí y aprisioné su hombro como respuesta natural a tal falta, si no fuera consciente de mí incapacidad absoluta de soñar habría pensado que todo eso no era más que un mal sueño.
Pero no era así, en mí sueño yo habría sido libre de arrancarle toda la extremidad, pero no, no lo era.

—Quítame las manos de encima —. Bufó con la mandíbula apretada mientras su cuerpo te tensaba y se preparaba para la lucha. “—Quita tu mano o te la arranco de un mordisco—“. Terminó de decirme en su mente.
¿Debía sentirme intimidado por aquel simple acto y por esas amenazas vacías? Era mucho más rápido, más fuerte que él.

—Pues quítaselas tú a ella —. Respondí.
Bella trató de intervenir pero volvió a estremecerse presa del frío.
En ese momento sentía verdadero odio por Jacob Black. Que iluso, que tonto fui, no sabía aun lo que me esperaba, no sabía lo larga y agónica que la noche sería.

“—¿Cuanto más crees que soportará?—“. Me dijo en su mente y luego agregó en voz alta:
—Estoy seguro de que ella te agradecerá esto cuando los dedos se le pongan negros y se le
caigan —.

Y para entonces el odio que sentía ya no lo sentía por Jacob, ahora me odiaba a mí mismo.
Yo tenía que elegir, tenía que escoger entre su vida y su muerte. Sabía que él tenía razón, dentro de poco Bella estaría congelada.
Debía elegir, no lo que era bueno o cómodo para mí, tenía que dejar todos mis sentimientos egoístas a un lado.
Odiaba mí cuerpo frío, mí carencia de sangre caliente, la dureza de la masa que formaba cada uno de mis órganos, músculos y cada parte de todo mí ser.
Él tenía razón, no había otra salida, él era la única oportunidad que ella tenía y rendido le solté. Inútilmente me había rebanado los sesos tratando de encontrar alguna salida… pero no la había, sólo estaba él.
Volví a agazaparme en el rincón de la carpa no sin antes darle una advertencia.
En ese momento Bella le necesitaba, esa era la única razón por la cual no le lanzaba montaña abajo, no obstante su situación podía cambiar en cualquier minuto.

“—No te preocupes, voy a ser extremadamente cauteloso... —“. Respondió mentalmente mientras una risa idiota se colaba entre sus dientes.

—Hazme un sitio, Bella —. Pidió luego, esta vez dirigiéndose a Bella.

Ella trató de oponerse, había entendido cuales eran las intensiones de Jacob y al igual que a mí, no le agradaba la idea.

—No seas estúpida. ¿Es que quieres dejar de tener diez dedos? —. Rebatió él y sin esperar otra palabra terminó lo que había empezado. Un segundo después estaba junto a ella, compartiendo aquel intimo espacio, espacio que me pertenecía.
Apreté mis puños, tragué el veneno que llenaba mí boca.

“—Ella lo necesita, ella lo necesita. Es la única solución, es la única solución—”. Me dije a mí mismo. Repetí mil veces en mí mente mientras trataba de calmar todos los instintos de mí naturaleza salvaje y asesina.
En ese momento yo estaba hambriento de sangre lobuna, mientras que frente a mí Bella se apegaba un poco más a él, mientras le abrazaba ávidamente.

“—No es a él, es a su calor, es a su calor, lo necesita, lo necesita“—. Volví a recordarme.
Mientras tanto Jacob se quejaba de lo helada que Bella estaba, como si estarlo estuviera en sus manos o si lo estuviera por elección propia.

El corazón de Jacob latía fuertemente, no daba crédito a lo que estaba viviendo. ¿Cuántas noches había soñado con esto? Supongo que muchas, siendo ella siempre la heroína de sus tontos sueños adolescentes.

—Intenta relajarte—. Le sugirió cerrando los ojos. —Te caldearás en un minuto. Aunque claro, te calentarías mucho antes si te quitaras la ropa—.

“—Está fría como un cubo de hielo, pero que bien se siente. Ya me imagino como sería si….—“. Pensaba el muy sucio en ese momento.

Mí gruñido frenó la fantasía que nacía en el minúsculo cerebro de Jacob.

—Era sólo un hecho constatable—. Dijo a modo de disculpa. —Cuestión de mera supervivencia, nada más—.

Si tan sólo yo no fuera lo que era, si tan sólo de algo yo sirviera. Nunca en toda mí vida me había sentido tan impotente como en ese entonces.

“—Ella necesita su calor no a él—“. Volví a repetirme para tranquilizarme. “—Es sólo a su calor—”
¿Por qué no podía ser yo a quien ella se aferraba? ¡¿Por qué, por que?!

—Ca-calla ya, Ja-jakee. Nnnnadie nnnnecesssita to-todos los de-dedddos—. Le advirtió Bella.

—No te preocupes por el chupasangre —. Respondió él. —Únicamente está celoso—.

¿Celos?
Tenía todos los motivos para estar celoso o que creía Jacob?

Que mí cuerpo fuera duro y frío no significaba que mí corazón también lo fuera. Estaba acostumbrado a dominar mis más oscuros sentimientos, estaba habituado a someterlos, a pasar por sobre ellos y transfórmalos, pero los celos eran un sentimiento nuevo para mí, un sentimiento que sólo había conocido con ella, cuando decidí que si quería que ella viviera una vida humana, yo debía serlo también.

—Claro que lo estoy —. Le aclaré tratando de ocultar mí malestar. —No tienes la más ligera idea de cuánto desearía hacer lo que estás haciendo por ella, chucho—.

—Así son las cosas en la vida —. Respondió trivialmente. Sin embargo el tono de su voz cambió significativamente al agregar: —Al menos sabes que ella querría que fueras tú—.

Esto pesaba en sobre él como lo hacía sobre mí el no poder darle a Bella calor alguno, pude entonces sentirme ante esto levemente reconfortado y frente a aquella aseveración asentí.
La noche era tan fría, tan negra; a pesar de mí incapacidad de percibir estas condiciones así me parecía en ese momento. Ella estaba de pronto tan lejos de mí, tan lejos como lo estaba la vida de la muerte, porque eso éramos a fin de cuentas, vida y muerte. Cuanto Bella necesitaba y cuanto no podía yo darle.
En cambio ahí estaba él, dispuesto y capaz de entregarle todo lo que tenía y lo que no también. ¿Qué habría sido si no se encontrase él aquí? Yo no habría esperado mucho más, nos habríamos marchado y con nosotros toda oportunidad de detener a nuestros enemigos.
¿Me habría perdonado? ¿Habría comprendido que nada era más importante para mí que ella? ¿Habríamos podido compartir la eternidad con ese peso sobre su conciencia?.
Tantas preguntas, tantas posibles situaciones que habría tenido que afrontar si él no estuviese ahí devolviéndole lo que ella tanto necesitaba. Porque así era, lo podía ver, no era necesario que Jacob le preguntara si se sentía mejor o no, no era necesario escuchar la claridad y la firmeza en la respuesta que ella le entregaba, yo podía ver en el color de su piel que así era, podía escuchar la tranquilidad en su respiración acompasada que así era, no importaba que sus labios mantuvieran un leve color azulado, Bella estaba recuperando la temperatura normal de su cuerpo.
Fue por esto que suspiré resignado cuando Jacob se ofreció “desinteresadamente” a devolverles el color sonrosado

—Compórtate —. Le susurró Bella preocupada por mis sentimientos pero esto no le importaba a su amigo, a él sólo le importaba tenerla ahí, muy cerca suyo, tan cerca como yo lejos estaba en ese momento, pereciendo solamente un espectador, un voyerista espiando la intimidad de una feliz pareja.

Y mi mente, mi corazón, mí piel, todo mí ser gritaba que ella era mía, que siempre lo había sido y que lo sería por toda la eternidad. No importaba que ahora pareciera suya, no importaba que él la sostuviera apagada a su cuerpo yo vivía en su corazón, por mí latía y por mí también estaba dispuesta a que dejase de hacerlo. Bella se uniría a mí, si tenía suerte tal vez esperaría un año o dos, pero estaba seguro que no pasarían más que estos y entonces ella sería mí perpetua compañera.

Los minutos pasaron en las misma condiciones, instintivamente manteníamos silencio, esperando que llegase el sueño reparador para Bella.
Le había preguntado sobre su pelaje, porque era más largo que el de sus compañeros y la respuesta era muy absurda en realidad, no se debía a vanidad de Jacob, muy por el contrario, él sólo lo llevaba largo, aun aguantando todas las incomodidades que esto acarraba para él, lo llevaba largo tan sólo porque creía que a Bella le gustaba de esta forma.
Pero sobre una cosa, esta vez Jacob llevaba toda la razón, sus greñas largas habían sido de suma utilidad esa noche.
La noche continuó su curso mientras la tormenta seguía golpeando la carpa sin compasión.
Seth llegó corriendo, un tanto preocupado, él y la manada. No tenían contacto con Jacob y eso los tenía intranquilos.

—Seth está aquí —. Le informé a Jacob tratando de no despertar a Bella pero él no tuvo la misma consideración, en cambió contestó:

—Perfecto. Ahora ya puedes estar al tanto de lo que pasa mientras yo cuido a tu novia por ti—.
Él era de verdad un gran y apestoso idiota pero me limité a guardar silencio.

—Déjalo ya —. Intervino Bella adormilada, entonces hicimos silenció y yo me dediqué a navegar en la mentes lupinas.

Seth había seguido sin problema alguno el rastro de Jacob, había inspeccionado todo el camino y no había encontrado nada que le indicase que no estaba solo. ¿Y como podía encontrar Seth el rastro de Bella? La pestilencia de Jacob era en efecto muy poderosa, yo mismo estaba siendo atacado por ella en ese momento. Me hacía feliz pensar que mí olor era para él tan desagradable como lo era la suya para mí.
Sam también estaba conforme con esa información, por un momento él también había temido por la pérdida de la falsa pista hacia el claro, ahora más tranquilo, mandaba a unos cuantos a dormir, a otros a vigilar y al resto les recordaba las lecciones entregadas por mí hermano.
Veía todo esto gracias a la mente de Seth que bajo un árbol permanecía agazapado papeando la fuerte nevada… hasta que…

La escena no era muy diferente, sólo alguien faltaba y ese era yo. En ese preciso momento Jacob se imaginaba devolviéndole el calor corporal a Bella de una forma mucho más “eficiente”, según él, claro que para que eso fuera posible ella estaba con mucha menos ropa que la que llevaba verdaderamente en ese momento.

—¡Por favor! —. Una vez más apreté mis puños tan fuertemente hasta que pude sentir como se incrustaban en las palmas de mis manos. Sentía que en cualquier momento mis puños saldrían disparados hacia el rostro de Jacob y que terminaría arrancándole la cabeza de una vez por todas. Entonces mientras imaginaba como me deshacía de él, sentí como emergía de mí pecho un rugido, intenso, feroz. Una vez más tragué el veneno que llenaba mí boca y empujé el rugido hasta el fondo de mí cuerpo, subyugándolo.
Logré dominar mí impulso, mí voz, mí instinto, entonces le dije: — ¡Si no te importa...! —.

—¿Qué? —. Respondió sorprendido al mismo tiempo que su fantasía de desvanecía.

—¿No crees que deberías intentar controlar tus pensamientos? —. Le dije.

Pero mis reproches no le afectaron demasiado, por el contrario, pensaba que el problema era mío por meterme en su cabeza, pero sus fantasías retumbaban en mí mente de una forma casi ensordecedora, era imposible no escucharlas, prácticamente me las estaba gritando mentalmente.

—Intentaré bajarlas de tono —. Respondió irónicamente.

“—Seguro que también estas celoso de esto, de que yo pueda soñar con ella. ¿No es así? Si no puedes dormir, supongo que tampoco puedes soñar, es decir que ni en sueños puedes estar con Bella como lo estoy yo“

—Sí. También estoy celoso de eso—. Le confesé.

—Ya me lo imaginaba yo —. Dijo él muy satisfecho. —Igualar las apuestas hace que el juego adquiera más interés, ¿no?. “Y ya sabes lo que suele decirse: Todos los sueños pueden hacerse realidad” —. Agregó en su mente.

Jacob podía soñar con eso si quería y que lo hiciera no significaba que algún día eso sucediera, de eso estaba seguro.
Perdía su tiempo al pensar, al soñar en que Bella algún día pudiera cambiar de idea sobre nosotros, sobre nuestro amor. Teniendo en cuenta, según Jacob, todas las cosas que él podía hacer, cosa que en cambio yo no podía o al menos sin matarla.

—Duérmete, Jacob. Estás empezando a ponerme de los nervios—. Le advertí.

—Sí, creo que lo haré. Aquí se está la mar de a gusto—.

El único consuelo que me quedaba era que en algún punto él tendría que dormir y entonces, tal vez y solo tal vez yo podría tener un poco de tranquilidad.

Jacob cerró sus ojos dispuesto a dormir, pero cada vez que lo intentaba comenzaba nuevamente a fantasear, entonces consciente de mí presencia, se despertaba intranquilo.

“—¿Me pregunto qué pasaría si pudieras ver también lo que pasa en la mente de Bella?. Seguro que en este momento está soñando conmigo—“. Pensó de pronto Jacob.

—Ojalá pudiera —. Contesté.

En realidad no era muy difícil saber con que soñaba Bella, cada noche era a mí a quien ella llamaba, pero Jacob tenía razón, me habría gustado aunque fuese por un momento poder saber en qué pensaba ella, sobre todo en ese momento en particular.

—Pero ¿serías sincero? —. Cuestionó Jacob. “—¿Si pudieras leer sus sentimientos podrías reconocer y aceptar, si así fuera, que es a mí a quien ella ama?” —.

—Siempre puedes curiosear a ver qué pasa—. Dije ahora yo irónicamente. Podría si tuviera mí habilidad.

—Bien, tú ves dentro de mí cabeza. Déjame echar una miradita dentro de la tuya esta noche; eso sería justo —.

La idea no me intimidó y accedí.
La mente de Jacob tenía tantas preguntas, tantas interrogantes. Quería saber sobre mis sentimientos, los motivos por los cuales hacía todo esto, que me motivaba a luchar en contra de mí naturaleza.

—Tu mente está llena de preguntas. ¿Cuáles quieres que conteste? —. Pregunté.

Su primera interrogante fue referente a los celos.
Él estaba seguro que mis celos eran mucho más grandes de lo que yo demostraba, hasta llegó a dudar de mis sentimientos, todo por la falta de reacciones relacionadas a los celos.
Jacob no sabía que toda esa situación carecía de gracia y sentido para mí. No sabía él que todo lo hacía por ella, que para cualquier otra persona habría sido mucho más fácil alejarse, no ver lo que yo estaba viendo y de esta forma no sentir la impotencia que yo sentía en ese momento pero simplemente no podía, era infinitamente peor cuando estaba lejos de ella, cuando no la acompañaba, cuando estaba con él por ejemplo y no podía verla.

—¿Piensas en esto todo el tiempo? ¿No te resulta difícil concentrarte cuando ella no está? —.

—Sí y no —. Respondí. —Mí mente no funciona exactamente igual que la tuya— Le aclaré sin ánimo de ofenderlo realmente ya que había decidido ser lo más sincero que pudiera. .—Puedo pensar en muchas cosas a la vez. Eso significa que puedo pensar siempre en ti y en si es contigo con quien está cuando parece tranquila y pensativa—.

“—¡Wow! —“. Exclamó mentalmente. “—¿Me pregunto entonces como te las arreglas con los celos? Porque después de todo seamos realistas, yo creo que Bella piensa mucho en mí—“.

Si, yo suponía que era cierto, y debía reconocer también que ella lo hacía con más frecuencia de la que a mí me gustaría. Pero era por otros motivos, me gustaba pensar que sólo lo hacía debido al cariño fraternal que sentía por él y nada más y Jacob estaba consciente de eso.

—A Bella le preocupa que seas infeliz. Y no es que tú no lo sepas, ni tampoco que no lo uses de forma deliberada—. Le reproché.

Mas él creía que aprovecharse de eso era algo lógico, algo así como: “Él fin justifica los medios” Y su fin era demostrar que era mejor que yo.

—Debo usar cuanto tenga a mano. Yo no cuento con tus ventajas, ventajas como la de saber que ella está enamorada de ti—.

Y sí, eso ayudaba. Aunque creo que si Bella verdaderamente le amase daría signos claros de eso. Ella era tan fácil de leer.

—Pero Bella también me quiere a mí, ya lo sabes… Aunque no lo sabe—.

¿Podría ser posible? ¿Cómo saberlo verdaderamente? Nunca me había dado muestras de ello… o sí? ¿Podría estar tan cegado, tan convencido de que me amaba que nunca me había permitido ver las señales?
Ella tenía necesidad de verle, de estar con él al punto de huir, de fugarse para hacerlo, pero lo hacía sólo porque se lo había negado, de no hacerlo ella jamás lo habría hecho.
¿Podría ser verdad? ¿Mí orgullo me había cegado? Entonces no pude decirle que eso no era cierto, que ella no le amaba y que nunca lo haría y en su lugar tan sólo pude responder:

—No puedo decirte si llevas razón—.

—¿Y eso te molesta? ¿Te gustaría ser capaz de saber también lo que ella piensa? —.

—Sí y no, otra vez. A ella le gusta más así, y aunque algunas veces me vuelve loco, prefiero que Bella sea feliz—.

Luego, mientras el viento arremetía violentamente la carpa, Jacob me habló silenciosamente.
“—Yo también quiero que ella sea feliz, pero quiero que viva y espero que sea a mí lado—“.
Instintivamente abrazó el cuerpo de Bella protegiéndola del frió.

—Gracias —. Le dije.

Tal vez podía parecerle raro que le agradeciera por poner sus sucias patas sobre mí novia, pero suponía que en ese momento agradecía su presencia.

—Si quieres decir que tanto como a mí me encantaría matarte, yo también estoy contento de que ella se haya calentado, ¿vale? —.

Era una tregua verdaderamente incómoda en realidad, incomoda pero necesaria.
Los celos me volvían prácticamente loco, nunca pensé que algún día pudiera llegar a sentir este sentimiento, tan fuerte, tan despiadado, carcomiendo desde adentro sin tregua pero tragaba este trago amargo y los dejaba a un lado por el bien de Bella, nada era más importante para mí.
Jacob suponía bien sobre mis celos, sin embargo yo no era como él, no hacía de ello una consigna, después de todo, en su caso no ayudaba mucho.

—Tienes más paciencia que yo—. Respondió y posiblemente tuviera razón.

El tiempo estaba a mí favor, había tenido cien años de práctica y eran exactamente los años que había esperado por ella.

—Bueno, y... ¿en qué momento decidiste jugarte el punto del buen chico lleno de paciencia? —.
No era muy difícil adivinar en que punto decidí hacerlo. Cuando se ama es lógico querer el bien del ser amado, que este no sufra, que sea feliz.
Me di cuenta del daño que le hacía al verse obligada a elegir entre estar conmigo y el verlo y al hacerlo, al negarle algo que ella quería, yo sufría enormemente también.

—En general no me es difícil ejercer este tipo de control. La mayoría de las veces soy capaz de sofocar... los sentimientos poco civilizados que siento por ti con bastante facilidad. Algunas veces ella cree ver en mí interior, pero no puedo estar seguro de eso—.

Mí respuesta pareció no satisfacerlo, seguía pensando que mí decisión era tomada por mezquindad de mí parte, por miedo a que si ella se veía obligada a elegir seguramente lo escogería a él, no obstante eso era en parte verdad, pero sólo en una pequeña fracción. Lógicamente que yo, al igual que todos en algún punto de la vida, tenía mis momentos de dudas al respecto, pero lo que realmente me importaba era que ella se hiciera daño mientras intentaba escaparse para verlo.

—Después de que acepté que, más o menos, estaba segura contigo, tan segura al menos como ella puede estar, me pareció mejor dejar de llevarla al límite—. Terminé de decir y luego Jacob suspiró resignado.

—Ya le he dicho a ella todo esto, pero no me cree—. Dijo. Y era verdad, eso yo ya lo sabía.

—Tú te crees que lo sabes todo —.

—Yo no conozco el futuro —. Me limité sólo decir.

Yo no conocía el futuro, o más bien no completamente. Había luchado tanto por que las visiones de mí hermana no se cumplieran, sin tener ningún resultado favorable, con todas mis fuerzas había tratado de doblarle la mano al destino y nada bueno había sucedido en cada oportunidad.
Ella había visto a Bella, junto a ella, siendo iguales, siendo igual a mí y había hecho de todo para impedirlo y nada se había logrado, su transformación era inminente pero aun seguía mantenido las esperanzas de que eso no sucediera.
Seguiría apelando a su sentido común, lo haría hasta el último latido de su corazón cesara.

—¿Qué harías si ella cambiara de idea? —. Me preguntó Jacob y eso tampoco lo sabía.

—¿Intentarías matarme? —. Volvió a preguntar un tanto divertido con la idea, sin embargo, por mucho que la idea fuera tentadora yo nunca podría hacerlo.
Él no comprendía, no entendía que mí amor por Bella era inmenso, que era ese amor el que me había impedido herirlo anteriormente ya que él era su amigo, si ella hipotéticamente le escogiera como compañero de vida tampoco le dañaría ya que al hacerlo también le heriría a ella y yo nunca podría hacer eso, nunca.

—¿De verdad crees que buscaría hacerle daño de esa manera? —. Me limité a contra preguntar.

Pensó unos momentos y después suspiró rendido.

—Sí, tienes razón. Ya sé que tienes la razón, pero algunas veces... “La sola idea de que tu y yo nos midiéramos…”

—...te resulta una idea fascinante—. Terminé de decir mientras él ahogaba una risa idiota.

Era el sueño de todo lobo, enfrentarse a un vampiro y Jacob no era la diferencia. Para él todo era competencia, supremacía, ego. Luego estaba su amor por Bella, amor que no era mas que una sombra comparada con el mío.

—Exactamente —. Agregó al final cuando logró contener la risa. Luego de un momento y más tranquilo preguntó:

—¿Y cómo sería?, me refiero a lo de perderla... ¿Cómo fue cuando pensaste que la habías perdido para siempre? ¿Cómo te las... apañaste? —.

Era muy difícil para mí recordar o hablar de esos sucesos.
No quería recordar su voz gritando mí nombre mientras yo me alejaba para volver a su casa y eliminar todo objeto que evocara mí presencia. Recordaba perfectamente bien cuando voltee para parle una última mirada mientras se adentraba sin rumbo en el bosque, recordaba la angustia que eso producía, era la misma que estaba sintiendo en ese momento al revivir esos tiempos. No obstante hice acopió de toda mí serenidad y continué hablando.

—En dos ocasiones había pensado que le había perdido. La primera vez, cuando creí que sería lo suficientemente fuerte para dejarla, fue casi… insoportable—. Me limité a decirle.

¿Cómo podría relatarle la terrible sucesión de los segundos, el tormentoso ritmo de las horas pasando lentamente mientras que con cada metro que recorría me alejaba inevitablemente de ella para siempre? No, él jamás comprendería. En cambió dije:

—Pensé que Bella me olvidaría y que sería como si no me hubiera cruzado con ella jamás. Durante unos seis meses fui capaz de estar lejos sin romper mí promesa de no interferir en su vida. Casi lo conseguí... Luchaba contra la idea, pero sabía que a la larga no vencería; tenía que regresar, aunque sólo fuera para saber cómo estaba. O al menos eso era lo que me decía a mí mismo. Y si la encontraba razonablemente feliz... Me gustaría pensar que, en ese caso, habría sido capaz de marcharme otra vez—.

Me vi entonces nuevamente recorriendo los caminos, siguiendo el rastro de Victoria mientras el tiempo pasaba y las estaciones se sucedían inevitablemente…
En aquel momento me concentré en seguir contestando la pregunta de Jacob de la forma menos hiriente para mí que me fuera posible.


—Pero ella no era feliz, así que me habría quedado. Y claro, este es el modo en que me ha convencido para quedarme con ella mañana. Hace un rato tú te estabas preguntando qué era lo que me motivaba... y por qué ella se sentía tan innecesariamente culpable. Me recuerda lo que le hice cuando me marché, lo que le seguiré haciendo si me marcho. Ella se siente fatal por sentirse así, pero lleva razón. Yo nunca podré compensarle por aquello, pero tampoco dejaré de intentarlo, de todos modos—.

Jacob también recordó aquellos tiempos, su tiempo junto a ella mientras no era más que un zombi con la mirada y la sonrisa perdida.
Luego vi sus cambios a través de sus ojos, vi el tiempo sobre ella, mientras la vida volvía lentamente a su rostro y con ella tal vez un poco de felicidad.
Si, yo le debía mucho a Jacob, le debía su vida y por ende la mía también.

—¿Y aquella otra vez, cuando pensaste que había muerto? ¿Qué sentiste? —.

—Sí —. Lo recordaba perfectamente bien.
La llamada de Rosalie, mí negación, la llamada a casa de Bella y la voz de Jacob informándome que su padre estaba en un funeral…
Pero nunca dijo que estaba en el funeral de Bella, sólo había dicho que era un funeral y yo había mal interpretado sus mezquinas palabras.

—Posiblemente tú te sentirás igual dentro de poco, ¿no? La manera en que nos percibes a nosotros no te permitirá verla sólo como «Bella» y nada más, pero eso es lo que ella será—. Contesté resentido.

—Eso no es lo que te he preguntado—.

No, no podía, era demasiado doloroso, creo que no existía palabra alguna que describa exactamente la sensación que se experimenta al perder al ser amado. Posiblemente Jacob sentiría dentro de poco, cuando ella fuera mí compañera eterna, una leve fracción de lo que yo experimente en ese entonces.
De nada le serviría ceñirla de la forma en la cual lo hacía en ese momento, cuando la hora llegara, Bella y yo seríamos uno, por siempre.

—Pero tú te fuiste porque no querías que ella se convirtiera en una chupasangre. Deseabas que continuara siendo humana—.

—Jacob, desde el momento en que me di cuenta de que la amaba, supe que había sólo cuatro posibilidades—.

Desde el momento en que comprendí que las palabras de mí hermana eran ciertas y que yo verdaderamente le amaba, comprendí que existían solamente cuatro alternativas:
La primera habría sido la mejor para Bella y esa era que ella jamás hubiera sentido esta amor tan fuerte que sentía por mí, de esta forma habría sido más fácil, dejarme, que se alejase de mí.
Yo lo habría aceptado aunque con ella se marchara también mí corazón. El odio que sentía Jacob por mí no le permitía verme como era realmente, supongo que por mí capacidad para leer su mente yo le conocía perfectamente, pero no sabía nada sobre mí o sobre los de mí especie.

—Tú piensas que yo soy como... una piedra viviente, dura y fría. Y es verdad. Somos lo que somos y es muy raro que experimentemos ningún cambio real, pero cuando eso sucede, como cuando Bella entró en mí vida, es un cambio permanente. No hay forma de volver atrás... —.

La segunda alternativa era la que yo había escogido al principio cuando descubrí que era demasiado débil como para estar lejos de ella. Había decidido quedarme a su lado durante toda su vida humana. Era egoísta que Bella malgastara su existencia con alguien como yo pero era la única forma que yo podía soportar y estaba consciente de que cuando ella muriera yo también sabría encontrar la forma de hacerlo.

—Sesenta o setenta años seguramente me parecerían muy pocos años... Pero entonces se demostró lo peligroso que era para ella vivir tan cerca de mí mundo... Parecía que iba mal todo lo que podía ir mal. O bien pendía sobre nosotros... esperando para golpearnos. Me aterrorizaba pensar que ni siquiera tendría esos sesenta años si me quedaba cerca de Bella siendo ella humana—.

Entonces escogí la tercera posibilidad y con ella cometí el mayor error de toda mí existencia.
Salí de su vida esperanzado en que se viera forzada a aceptar la alternativa número uno.

—No funcionó y casi nos mata a ambos en el camino—.

Y de esta forma llegamos a la última alternativa.
Ella lo desea intensamente o cree hacerlo. Yo aun me sentía optimista, esperaba que me diera unos cuantos años, para que ella encontrara algún motivo que le diera motivos para querer seguir viviendo su vida humana, pero ella era muy terca. Jacob sabía que así era.

—Tendré suerte si consigo alargarlo unos cuantos meses más. Tiene pánico a hacerse mayor y su cumpleaños es en septiembre... —.

De nada que a él le gustase la primera alternativa. No le estaba pidiendo permiso, sólo le informaba de algo seguro, el día llegaría aunque le costase aceptar la idea, Bella más pronto que tarde sería como yo.

—Pero veo cuánto la amas... a tu manera. No lo puedo negar y por esto mismo creo que no debes abandonar tan fácilmente la primera opción—. Dijo él. —Estoy convencido de que ella hubiera estado bien, digo, si no hubiera saltado el acantilado o si tú te hubieras demorado otros seis meses antes de volver a comprobar cómo estaba… Bueno, pienso, que había muchas posibilidades de que la hubieras encontrado razonablemente feliz, yo ya tenía un plan en marcha—.

Reí ante la idea.

—Quizá hubiera funcionado. Era un plan muy bien pensado—.

Jacob malinterpretó mis palabras e ilusionado habló de lo bueno que él era para ella, que yo no tenía de que preocuparme, que ella era fuerte, que podría sanar, que tenía esa capacidad.

—De hecho, se hubiera curado antes. Y ella podría seguir siendo humana, en compañía de Charlie y Renée, y maduraría, tendría niños y... sería Bella.
Tú la quieres tanto como para ver las ventajas de este plan. Ella cree que eres muy altruista, pero ¿lo eres de veras? ¿Puedes llegar a considerar la idea de que yo sea mejor para Bella que tú? —.

¿Cuantas veces había pensado en eso?
Sabía que en muchos sentido él sería el más apropiado para estar con ella que cualquier otro ser humano.

—Bella necesita alguien a quien cuidar y tú eres lo bastante fuerte para protegerla de sí misma y de cualquiera que intentara hacerle daño. Ya lo has hecho, razón por la que estoy en deuda contigo por el resto de mí vida, es decir, para siempre, sea lo que sea que venga antes... —.

En mí desesperación por encontrar el futuro más seguro para Bella, no había dudado en recurrir a la visiones de mí hermana, mas todo había sido en vano ya que ella no podía ver a Jacob. De esta forma un posible futuro a su lado era completamente incierto. Pero lo certero era que yo no volvería a cometer los mismos errores. No intentaría obligar a Bella a escoger la primera alternativa. Me quedaría a su lado hasta que ella decidiese lo contrario.

—¿Y si al final decidiera que me quiere a mí?. De acuerdo, es una posibilidad muy remota, te concedo eso—. ¿Verdaderamente guardaba esperanzas al respecto? De cierto modo su persistencia era digna de admirar. Sin embargo había aprendido que nada en esta existencia era seguro, yo mismo había apostado todo a un imposible en innumerables oportunidades.

—La dejaría marchar—. Dije sinceramente.

—¿Sin más? ¿Simplemente así? —. Pregunto incrédulo.

—En el sentido de que nunca le mostraría lo duro que eso sería para mí, sí, pero me mantendría vigilante—.

Jacob se olvidaba que un día él, al igual que todos los de la manada, como Sam y Emily, llegaría un día en que él también conocería a su pareja, a su compañera y nada más sería importante para él, se olvidaría de Bella para siempre sin importar cuanto amor profiriera hoy por ella. Y entonces ahí estaría yo, esperaría por siempre a que ese día llegase y yo le sustituiría gustosamente.

—Y me moriría de ganas de que eso sucediera—.

Él sabía que yo tenía razón, aunque su corazón quisiera creer que ese día nunca llegaría, su mente estaba plenamente consciente que así era, ninguno de ellos escaparía a la imprimación, que no quisiese pensar en ellos no significaba que no sucediese a su tiempo.

Dejó de pensar en ello para agregar:

—Bueno, has sido mucho más sincero de lo que tenía derecho a esperar, Edward. Gracias por permitirme entrar en tu mente—.

Yo había sido sincero al darle las gracias por estar en su vida… esa noche. Ser franco era lo menos que podía hacer para que de una u otra forma tratase de pagar el gran favor que me estaba haciendo en ese momento.

—Ya sabes, Jacob, si no fuera por el hecho de que somos enemigos naturales y que pretendes robarme la razón de mí existencia, en realidad, creo que me caerías muy bien—.

—Quizá... si no fueras un asqueroso vampiro que planea quitarle la vida a la chica que amo... Bueno, no, ni siquiera entonces—.

Traté de no reír muy alto. Estos lobos podían ser unas criaturas muy divertidas cuando querían serlo.
Luego de un momento recordé las extrañas palabras que Bella había pronunciado mientras dormía.

—¿Puedo preguntarte algo? —. Le dije a Jacob. Algo me decía que era algo importante, que no debía dejarlo pasar tan fácilmente

—¿Acaso necesitas preguntar? —.

Le recordé que mí habilidad consistía simplemente en leer los pensamientos mientras estos se desarrollaban.

—Es sobre una historia que Bella no tenía interés alguno en contarme el otro día. Algo acerca de una tercera esposa... —.

—¿Qué pasa con eso? —.

Rápidamente la mente de Jacob viajó hasta aquella noche en la cual narraron aquella leyenda Quileute reunidos frente a una gran fogata y así fue como comprendí a que se refería Bella.
La historia era simple, contaba como los lobos habían dado muerte a un vampiro y de cómo luego de esto su compañera llegó buscando venganza.
Las imágenes mentales daban saltos vertiginosos mientras las escenas se sucedían rápidamente, sin embargo se detuvo justo cuando llegaban a la parte donde salía a escena la famosa tercera esposa.
Horrorizado vi el sacrificio que hacía por su pueblo y por su esposo.
Jacob leyó en mí rostro que algo no andaba bien.

—¿Qué? —.

—Claro. ¡Claro! —. Respondí pasando del miedo a la furia. —Hubiera preferido que tus mayores se hubieran callado esa historia para ellos mismos, Jacob—.

—¿No te gusta ver a las sanguijuelas en el papel de chicos malos? —. Malinterpreto. —Ya sabes que lo son. Entonces y ahora—. Pero eso me tenía sin el menor cuidado.

—¿No adivinas con qué personaje podría sentirse identificada Bella? —.
Luego de un largo minuto Jacob lo comprendió.
Ahora todo estaba claro para mí, ahora compendia su intención de querer estar en claro durante la batalla, ella quería… quería emular a la tercera esposa, sacrificarse, volver locos a los neófitos con su sangre y de esta forma darnos la ventaja.

—Ése es otro buen motivo para que mañana no me separe de ella. Tiene una gran inventiva cuando desea algo—.
—Pues ya sabes, tu hermano de armas le dio esa misma idea tanto como la propia historia—.

Si, Jasper también tenía culpa de ello, pero nadie había querido hacer daño después de todo. La culpa era de Bella por ser tan terca.
Ahora estaba seguro de que en cuando la dejase sola, aunque fuese un segundo ella intentaría llegar al claro a como diera lugar.

—¿Y cuánto durará esta pequeña tregua? —. Preguntó Jacob sacándome de mis pensamientos.
—¿Hasta las primeras luces? ¿O mejor esperamos hasta que termine la lucha? —.

Estaba seguro que no podría soportar a Jacob durante tanto tiempo y él pensó lo mismo también y acordamos que la tregua duraría hasta el amanecer.

—Que duermas bien, Jacob. Disfruta del momento—. Le dije luego de un momento.

Jacob me parecía gracioso pero lo único que quería en ese momento era que llegase el día y que él se largara de una vez.

Nos quedamos en silencio y Jacob cerró los ojos. Lentamente, mientras la tormenta seguía su curso los pensamientos de Jacob fueron dando forma a nuevas fantasías…
Bella despertando en sus brazos pidiéndole que le calentase mientras se frotaba contra su cuerpo… Demasiado vivido, demasiado hiriente.
Una vez más controlé el sonido que subía por mí garganta y trataba de controlar mí voz.

—No quería decir eso de forma tan literal—. Le aclaré.

—Lo siento—. Contestó dando un salto. —Podrías dejarme, ya sabes... dejarnos una cierta intimidad—.

—¿Quieres que te ayude a dormir, Jacob? —. Le ofrecí mostrando mis dientes, estaba la carpa estaba a oscuras pero estaba seguro que él, al igual que yo, no tenía problemas para ver.

—Podrías intentarlo. Sería interesante ver quién saldría peor parado, ¿no? —.

—No me tientes mucho, lobo. Mí paciencia no es tan grande como para eso—.

Podía ver lo mucho que se estaba divirtiendo con toda la situación, no hacía falta que se riera de mí, Jacob Black haría de esa noche un verdadero tormento.

domingo, 25 de julio de 2010

Conflicto Eterno: Capitulo 24



24
Bella, mi novia





No participar en la batalla contra los neófitos había sido lo que Bella me había pedido.
No fue difícil para mí tomar aquella decisión. Ya la había abandonado una vez pese a que ella me pidió que no lo hiciera. Muy caro había pagado por esa estúpida acción, no volvería a cometer dos veces la misma idiotez, no le volvería a abandonar.

Por eso no pude oponerme cuando ella, sin mirarme a los ojos me lo había pedido.
Que ocultase su mirada sólo podía significar que se sintiera culpable por pedirlo siquiera, comprendía el enorme esfuerzo que hacía cuando pedía que no luchara.

Sin pensarlo tomé el móvil y llamé a Alice.

—¿Puedes venir un rato para hacer de “canguro" con Bella? —. Clavé mis ojos en ella, sabía que esa palabra no era una de sus favoritas pero no la dejaría sola mientras corría a casa para hablar con Jasper.

—Es tan típico de Bella y es tan típico de ti que hagas todo lo que ella quiere—. Había respondido mí hermana.

Ella pudo ver mí decisión en cuanto la tomé, ella informó a mí familia mí decisión, decisión que a nadie sorprendió. Entendían que no podía abandonar a Bella prácticamente a su suerte, dejándola sola, bajo el cuidado de dos lobos recién transformado, unos niños prácticamente…. O por lo menos lo comprendía la mayoría de mí familia.


—Wow… Nos divertiremos de lo lindo Rose—. Había gritado Emmett.

“—Lo único que no necesitamos es que uno deserte de nuestras filas—“. Había pensado Jasper.

—No estoy desertando—. Le aclaré en voz alta lo que atrajo la atención de mí familia hacia mí. —No estoy diciendo que no quiera estar ahí, pero ella no puede quedarse en la retaguardia.
Estoy seguro que les haré mucha falta…— Y dicho esto Emmett hizo una mueca de contrariedad.

—A mí no me harás falta, además te perderás toda la acción. ¿ Te das cuenta que es la primera lucha verdadera que hemos tenido? ¿Cómo puedes quedarte fuera?
Este chico sí que está mal de la cabeza—

—Claro, la diversión. Se me había olvidado que lo hacemos por eso—. Le respondí.

—No seas injusto con tu hermano. Él sólo trata de ver el lado bueno de todo esto. Si es que hay algún lado bueno en todo esto—. Agregó Carlisle.

—Creo que Emmett tiene razón en algo, no soy indispensable para ustedes. En cambio para Bella si lo soy—.

—Será mejor así querido. Estoy segura que no nos hubieras servido de mucho con tu mente en otro lugar.
Podrás cuidar de ella. Si algo le llega a pasar… —. Esme me comprendía, ella también creía que era muy fácil que algo saliera mal.

—No puedo vivir sin ella—. Le respondí como simple defensa, pero para mí era más que suficiente. Ella me necesitaba a su lado y ahí estaría para ella.

—Magnifico—. Dijo Jasper

—Es una verdadera irresponsabilidad de tu parte Edward. No lo puedo creer—. Fue la respuesta de Rosalie mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho y me reclama tal y cual yo había previsto.

—¡Si! — Exclamó Emmett lleno de alegría. —Genial, ahora si que esto se pone interesante—.

—Claro, será todo un reto para ti, o para cualquiera de nosotros—. Le respondió Jasper sarcásticamente.

—No seas exagerado—. Contraatacó el aludido. —¿Que gracia tiene si Edward se nos adelanta todo el tiempo?.

—¿La gracia de salir “Vivos”? —. Dijo Rosalie aun más enojada.

—No lo necesitamos amorcito. ¿No me dirás que le tienes miedo a unos cuantos vampiritos? — Le preguntó Emmett acercándose a ella, tomándola por la cintura para luego besarle el cuello.

—Algo podría salir mal…. Cualquier cosa—.

—Exacto—. Respondí.

¿Por qué mí hermana no podía ver que ella y Bella compartían el mismo sentimiento?.

Rosalie temía por mí familia pero era por Emmett por quien más lo hacía. ¿ Y si sentía aquella ansiedad a pesar de ser una criatura con la fuerza y la resistencia de 100 hombres, porque no podía Bella que era sólo una frágil humana?

—Edward hará lo que él crea que es conveniente. No podemos obligarle a permanecer junto a nosotros si él siente que Bella lo necesita.
¿Acaso cualquiera de nosotros podría hacer lo contrario?

¿Serias tu Jasper, capaz de dejar a Alice al cuidado de unos jóvenes lobos mientras se pelea una batalla por su vida? Crees tu que te exigiríamos estar junto a nosotros en vez de estar con ella?

¿Rosalie, lo harías tú en su lugar?
Si Esme fuera igual de vulnerable y ella me pidiese que no le abandonara yo no lo haría y estoy seguro que todos los presentes en esta sala harían lo mismo.

Dejemos a Edward que haga lo que él crea que es lo mejor ya que no ha venido aquí a pedir nuestra autorización, él ya sabe que hacer, él hará lo correcto—.

“—Ve tranquilo hijo mío, no debemos ser una carga para ti. Tú ya has elegido llevar una mucho más pesada sobre tus hombros—” Agregó Carlisle con su voz mental. “— Solo procura tenerlo en mente mañana por la noche, cuando nosotros no estemos en casa—“

“Mañana por la noche” Recordé mientras salía de casa y comenzaba a correr por el bosque en dirección hacia donde mí corazón estaba.

Al día siguiente volví a casa, esta vez con Bella a mí lado.

Mí familia se había marchado, era necesario que cazaran para alcanzar la plenitud de su fuerza corpórea, aunque todos estaban conscientes que nunca podríamos estar suficientemente preparados para luchar contra los neófitos, nuestra dieta jamás competiría contra la de ellos, nosotros siempre estaríamos en desventaja numérica y proteica.
Pero no había nada que yo o cualquiera de ellos pudiera hacer, éramos las criaturas que éramos y quería dejar de lado todos aquellos cuestionamientos y preocupación por lo menos por algunas horas.
Ayudaba a ello que todo estuviera ya dispuesto, el padre de Bella estaría seguro en la reserva donde el padre de Jacob le mantendría ocupado.
Bella logró hacer que sus amigos no estuvieran en el pueblo, aparentemente se sentía más tranquila, dentro de lo que podía estarlo.
Le había pedido que nos olvidásemos de todo y todos.

—Parece que nunca tenemos tiempo para nosotros. Necesito estar a solas contigo. Sólo contigo—. Le dije.

Necesitaba hacer las cosas bien, necesitaba poder decirle cuanto quería que fuera mí compañera en su vida humana y… y en la otra… cuando llegase ese día.

No insistí en tomar el volante, no estaba en mis planes discutir por algo tan superficial como lo era la velocidad de su coche.
Me senté a su lado disfrutando del silencio de su compañía, eso era suficiente para mí… por ahora.

No quería que mis nervios me traicionaran, había esperado ese momento y había imaginado tantas veces en mí mente de cómo sería, que agradecí el silencio momentáneo, necesitaba encontrar mí centro, mí paz interior, estar tranquilo y controlarme.

El crepúsculo había quedado atrás cuando llegamos a casa de mis padres, ansioso me baje del coche en cuanto apagó el motor, abrí la puerta del copiloto y le tomé entre mis brazos.
Entonces hambriento de ella, como siempre, le besé.

Que bien se sentía tenerle así contra mí cuerpo, la suave caricia de sus brazos alrededor de mí cuello, su corazón latiendo contra mí pecho, su aliento entrando en mí boca, sus labios acariciando los míos, suaves en un principio, devoradores luego. Dejándose llevar también, entregándose, siendo mía como siempre lo había sido.
Era mí Bella, mi novia, mi compañera, mía, mía y de nadie más.

Así, sin dejar de besarle avanzamos hacia la casa, quería que esa noche fuese memorable, quería, si era posible, que permaneciera en su memoria por siempre.
Separé nuestros labios y apreté mis dientes mientras le alejaba de mí, no fue un tarea fácil, sentía como nuestros cuerpos eran atraídos por un invisible fuerza, sin embargo lo logré.

—Bienvenida a casa —. Dije fascinado completamente mientras le dejaba suavemente en el suelo.

—Eso suena bien —. Respondió casi jadeando.

Por ese simple gesto le habría tomado nuevamente entre mis brazos ahí junto a la escalera.
Le ordené a cada uno de mis músculos que se relajaran, aquella sería una noche solemne. ¿En que estaba pensando? ¿Acaso las cosas no eran ya suficientemente complicadas?
Yo era mucho más fuerte que eso, yo debía, por sobre todas las cosas mantenerme firme, sobre todo ahora que estábamos tan cerca.

Me abrazó con todo su cuerpo pero esta vez no me permití soñar despierto con lo exquisito que sería besarla nuevamente.

—Tengo algo para ti —. Dije en cambio.

—¿Qué? —.

—Un objeto usado. Dijiste que podías aceptar regalos de ese tipo, ¿te acuerdas? —. Pregunté esperando que recordara sus palabras.

—Ah, ya. Supongo que lo dije—.

Su actitud reticente no me sorprendió, por alguna razón ya me esperaba una respuesta como esa. Bella se acordaba perfectamente de sus palabras al igual que yo.

—Está en mí habitación—. Anuncié un tanto expectante. —¿Subo a cogerlo? —.

—Claro. Vamos—. Respondió luego de tomar mí mano entre las suya.

El brillo de sus ojos, su dulce, seguro y seductor tono de voz logró generar un escalofrío que recorrió mí espalda.

Me tomó sólo una fracción de segundo el tomarle entre mis brazos y llegar con ella ante la puerta de mí dormitorio.
Me detuve consciente de lo peligroso de la situación, si quería que esa noche todo saliera de forma perfecta debía calmar mí entusiasmo y tomar las cosas con mesura.

Le dejé ahí, de pie en el umbral de mí puerta y corrí en busca de la joya. Tomé la delicada pieza cuidadosamente y la deposité en la palma de mi mano, que frágil era a pesar de ser uno de los materiales más resistentes conocidos por el hombre, pensé entonces que nada mejor para representarme que ese diamante, en muchos aspectos era como yo, frío, duro, resistente y mí piel reflejaba la luz al igual que él, era sin lugar a dudas el mejor y más adecuado regalo que yo podía hacerle.
Antes de que ella pudiera pestañear volví a su lado, sin embargo me ignoró completamente, sin siquiera levantar la vista para mirarme a los ojos. Avanzó hacia el centro de la habitación donde se encontraba la gran cama…. Donde se encontraba su gran cama después de todo.
Se sentó en un bordé de esta y luego retrocedió lentamente subiendo una pierna y luego la otra hasta que se encontró en el centro mismo de la cama, abrazó sus rodillas y levantando la mirada al fin me dijo:

—¿Y bien?. Enséñamelo—.

Que peligrosa era Bella para mí.
Estaba jugando con mis reacciones y lo más peligro de todo era que ella no tenía miedo, el único que tal vez tendría que tenerlo era yo.

“He ahí un vampiro temeroso de una humana”, era yo sin duda un caso sin igual.
Al pensar en lo ridículo de la situación no pude evitar soltar unas cuantas carcajadas, luego de lo cual subí también junto a ella que pese a todos los esfuerzos que hacía por mostrarse calmada y relajada, su acelerado corazón me decía que era todo lo contrario.
¿Nerviosismo? ¿Expectación? No estaba seguro, pero fuera lo que fuera estaba feliz de que mi familia no estuviera en casa, aquel sonido no pasaría desapercibido para un grupo de vampiros y no estaba de humor esa noche para soportar los comentarios de mis hermanos.

—Es un objeto usado —. Le aclaré al llegar a su lado.
No quería que existieran malos entendidos, me había costado demasiado lograr que aceptara.

Tomé su muñeca prestando atención en la pulsera de la cual colgaba la figura del lobo de madera y al otro extremo de donde este se encontraba colgué el diamante que pertenecido a mí madre.

Bella lo observó con atención, parecía perpleja. ¿Le gustaba? ¿Lo aprobaba?
Estaba seguro que era su primer diamante, pero yo me aseguraría que no fuera el último si ella sentía fascinación por ese tipo de objetos.

Traté de recordar la reacción de mí madre al momento de recibir el obsequio de manos de mí padre pero aquel recuerdo estaba demasiado lejos, ya sea por mí corta edad al momento de aquellos sucesos o simplemente habían desaparecido tras el velo de los recuerdos de mí humanidad.

Luego de unos minutos Bella continuaba en silencio, observando la joya. Le aclaré que era de mí madre pero no quise atar su decisión a mis sentimentalismos. En vez de decir “Tiene un gran significativo para mí Bella, perteneció a la única mujer que ame antes de amarte a ti” No, no quería que ella se sintiera forzada o comprometida a aceptarlo, quería que fuera libre de expresar su parecer.

Entonces fingí indiferencia.

—Heredé de ella un puñado de baratijas como ésta. Ya les he regalado unas cuantas a Esme y a Alice, así que, como ves, no tiene tanta importancia.
Aun así, se me ha ocurrido que podría ser un buen símbolo. Duro y frío. Y a la luz del sol se ve el arco iris—.

Ella levantó los ojos buscando los míos.

—Olvidas que se te parece en algo mucho más importante… Es precioso—. Agregó.

Precioso, pero carente de vida.
Le dije que mí corazón era idéntico a ese que colgaba ahora de su muñeca, silencioso, sin vida, sin embargo, aun así, le pertenecía ahora y siempre.
Entonces contempló la joya un momento más bajo la luz de la lámpara y me dio las gracias por los dos.
Ella me agradecía por darle el diamante y mí corazón mas era yo el agradecido, había aceptado mí regalo sin chistar.

—No te viene mal como práctica —. Le dije en tono de broma y sonreí feliz.

Por qué no todo podía ser así de simple con ella.
Ahora que me permitía ser más humano que nunca podía apreciar de una forma nueva las emociones y sentimientos que Bella despertaba en mí.
Frustración, anhelos, alegría. Si yo quería que ella permaneciera humana unos cuantos años más debía ser yo también más humano que nunca, tal vez como nunca antes lo fui.
Emociones, frustraciones nuevas, deseos, sensaciones humanas que me hacían sentir vivo… Y celos, celos también, celos que siente un hombre al disputar el cariño del ser amado con otro hombre, no un vampiro contra otro vampiro o un vampiro contra un hombre lobo, no, celos de hombre a hombre, de igual a igual.
Todas esas sensaciones se despertaban en mí cuando veía a Bella cerca de Jacob, cuando ella acariciaba su pelaje mientras este permanecía en su forma lobuna, cuando él le miraba a esos ojos que eran los espejos de mí alma mientras yo servía de interprete entre la manada y mí familia.
¿Que más podía hacer? Sólo alejarme. Ella no era mí prisionera, el único cautivo era yo.
Mas no tendría que pasar una sola noche más cerca de él, ahora no nos quedaba más que prepararnos para lo que pronto sucedería.

Y ahí está yo, otra vez divagando, dejándome llevar por ensoñaciones, tantos pensamientos en tan pocos segundos, soñando con sucesos que aun no llegaban.

Vi como se inclinaba levemente contra mí cuerpo
Le rodee con mis brazos atrayéndola hasta que su cuerpo quedó pegado al mío.
No era tiempo de negros pensamientos, no era tiempo de nadie más, ahí, en la noche éramos solo ella y yo.
Entonces cerré mis ojos apoyando mí cabeza contra la suya escuchando el irregular latido de su corazón.
¿En que estaba pensando ella en ese momento?

—¿Podemos hablar de una cosa? —. Dijo de pronto. —De entrada, te agradecería que empezaras abriendo un poco tu mente—.

Mmm... “Cuidado” Me decía una voz en mí cabeza “Cuidado”

—Lo intentaré. — Le respondí cauteloso.

Bella prometió no romper ninguna regla. Aparentemente el “Asunto” sólo nos involucraba a nosotros dos.

—Esto... —. Dijo nerviosamente. — Verás, la otra noche me impresionó la facilidad con que fuimos capaces de llegar a un acuerdo. He pensado que me gustaría aplicar ese mismo principio a una situación diferente—.

Llamó mí atención la formalidad de su vocabulario. Jamás en todo el tiempo que llevábamos juntos le había escuchado expresarse de esa forma.

—¿Qué quieres negociar? —. Le pregunté intrigado.

Sin duda que debía tratarse de un asunto sumamente serio. Además su frecuencia cardiaca había sufrido un incremento significativo al punto inquietarme.

—Escucha a qué velocidad te late el corazón. Parece un colibrí batiendo las alas. ¿Te encuentras bien? —. Interpelé.

No obstante, contestó que se encontraba perfectamente y le invité a continuar.

Al parecer Bella pretendía hablar sobre… sobre, según ella, la “Ridícula” condición de nuestro matrimonio si es que quería que yo la convirtiese.
Sin embargo aquello no era algo que yo pudiese llamar “Ridículo”, por el contrarío para mí no era una condición, más bien era un requerimiento y no era negociable.
Para ella podría ser ridícula, mas no para mí. Además, ¿Qué tenía de malo?

—Me preguntaba si... si se trata de una cuestión negociable—.

—Ya he cedido en lo más importante, al aceptar cobrarme tu vida en contra de mí propio criterio. Lo cual me otorga el derecho a arrancarte a ti ciertos compromisos—. Le respondí enfáticamente.

Definitivamente no era negociable.
Había aceptado a cometer el acto más infame que yo pudiera realizar. Y con ello la condenaba eternamente a estar a mí lado, privándola de una vida llena de felicidades humanas. Pero había cedido, estaba consciente que si no era yo, seria cualquier otro quien lo hiciera, Alice, Emmett, hasta Carlisle.

—No —. Respondió Bella. —Ese trato ya está cerrado. Ahora no estamos discutiendo mí... transformación. Lo que quiero es arreglar algunos detalles—.

¿Detalles? Si lo que quería era aplazar la fecha, pues por mí estaba bien, en realidad estaba más que bien. A menos que no fuera eso…

—¿A qué detalles te refieres, exactamente? —. Quise saber ahora verdaderamente intrigado.

—Primero, aclaremos cuáles son tus condiciones—.

Bella intentó aclarar mis condiciones, pero ella sabía muy bien cuales eran.
Yo no la convertiría sin que antes fuera mí esposa y eso era sólo la primera de mis condiciones.

—¿Es que hay más? —. Expresó ella sorprendida.

—Bueno —. Le contesté sopesando la situación. Si ella se convirtiera en mí esposa entonces, todo lo mío sería legalmente suyo, absolutamente todo.
Ya no habrían excusas para que rechazara mí ayuda económica y después de todo yo no la estaría ayudando, técnicamente ella estaría haciendo uso de lo que corresponde por derecho. —Por ejemplo,—. Continué. —el dinero para tus estudios. Así que no debería haber problema con lo de Dartmouth—.

—Puestos a ser absurdos, ¿se te ocurre algo más? —.

Por supuesto que se ocurrían unas cuantas pero le comenté sólo la más importante para mí...Por ahora y esa era tiempo, yo le pedía tiempo.

—No. Nada de tiempo. Ahí sí que no hay trato—.

No esperaba mucho en realidad, era fácil preveer su reacción, sin embargo nunca dejaría de probar, de intentar alargar su vida, lo intentaría hasta el último momento. Nunca dejaría de luchar por los latidos de su corazón.

—Sólo sería un año, como mucho dos... —. Traté de convencerla, una vez más traté.

Si era constante, si lo intentaba un poco más Bella terminaría viendo que era lo mejor para ella pero nuevamente se mostró inamovible sobre ese tema y apretando los labios negó silenciosamente moviendo la cabeza.

Ante su actitud intenté bromear sobre la situación pero al parecer no era el mejor momento para sacar a colación su viejo y deslavado coche.
Algo le preocupaba, la expresión en su rostro lo gritaba. ¿De que quería hablar? ¿Qué intentaba negociar? Debía ser algo delicado, algo que le costaba expresar.

Tomé su mano entre las mías y acaricié sus dedos mientras meditaba en ello.
Tal vez, después de todo, había algo que Bella quisiera hacer antes de transformarse. ¿Pero que podría ser. ¿Que podía ser tan embarazoso?
¿Algo que yo no pudiera darle? ¿A eso se debía su actitud? ¿Bella quería algo que estaba más allá de mí alcance? Eso era ridículo, yo no escatimaría gastos para complacerla.

Entre más analizaba la situación y su comportamiento, aumentaba de grado sumo mí curiosidad. No me gustaba el sentimiento, la sensación que producía en mí el saber que había algo que ella deseaba y que no era capaz de compartir conmigo, hacia que me sintiera impaciente. Y yo le conocía muy bien como para saber que entre más le presionase menos accesibles serian esos pensamientos para mí.

—No me había dado cuenta de que quisieras algo más, aparte de transformarte en un monstruo como yo—. Le dije. —Siento una enorme curiosidad por saber de qué se trata—.

Ocultó sus ojos de mí.
Me sentía inútil. Si, efectivamente había algo que ella quería y lo peor de todo era que temía expresarlo.

Alcanzaba a ver su perfil, miraba hacia abajo, miraba mis manos o tal vez la suya entre las mías.
Entonces vi la sangre fluyendo hacia sus mejillas tiñéndolas levemente de sonrosado.

—¿Te estás ruborizando? —. Pregunté sorprendido ¿Que estaba pensando Bella?
Y continuó en silencio con la mirada baja lo que hacía que mí curiosidad aumentara desesperadamente a cada segundo. —Por favor, Bella, no me gusta el suspenso—.

Pero ella sólo se mordió el labio.

Cuanto odiaba no poder acceder a sus pensamientos más íntimos. Bella sabía lo mucho que me angustiaba cuando los ocultaba de mí y aun así de todas maneras lo hacía y lo hacia intencionalmente.
¿Movida por vergüenza, por temor? Era completamente injusto.
Le había pedido que no lo hiciera, que no temiera nunca compartirlos conmigo fueran cuales fueran.

—Bella... —. Comencé a decir a modo de reproche pero entonces ella habló. Lo hizo con vacilación pero lo hizo.

Dijo que le preocupaba lo que pasara después.
En un principio no entendí muy bien a que se refería pero era algo delicado, lo leía en sus ojos cuando se atrevió a levantarlos.

Ella creía que a mí familia y a mí lo único que nos preocupaba era que ella pudiese exterminar a los habitantes del pueblo.

—Me da miedo estar tan preocupada por contener mis impulsos violentos que no vuelva a ser yo misma... —. Continuó insegura. —Y también me da... me da miedo no volver a desearte como te deseo ahora—.

A si que de eso se trataba todo.
Tanto le había recalcado los inconvenientes de ser un monstruo sediento de sangre que después de todo algo había entendido. Mas ella no debía temer, aquel fuego no le quemaría por mucho tiempo. ¿Que era un año dentro de la eternidad después de todo?.
Y no estaría sola, yo estaría con ella, conteniéndola, apoyándola.

Traté de tranquilizarla, Bella no se daría cuenta, el tiempo pasaría rápido. Esa fase no duraba eternamente.

—Edward —. Dijo y entonces volvió a bajar la mirada. —Hay algo que me gustaría hacer antes de dejar de ser humana—.

¡Por fin!.
No podía creer lo que estaba escuchando. Ella al fin se había dado cuenta que habían experiencias dignas de explorar.

—Lo que quieras —. Expresé infundiéndole valor.

—¿Me lo prometes? —.

Claro que lo prometía.
Haría todo para que viviese todo lo que quisiera, no tendría reparo alguno. No escatimaría en gastos, ni le pondría trabas. Si quería ver el mundo con sus ojos mortales, así sería. Todo, todo, todo. Yo le daría todo.

—Sí —. Respondí y Bella levantó sus ojos hacia mí. Tanta ilusión y la vez tanto temor había en ellos. No debía temer, yo nunca le negaría nada. —Dime lo que quieres, y lo tendrás—.

—Te quiero a ti —.

Mí adorable Bella. Yo era y siempre sería suyo.
Trate de reconfórtala con una sonrisa. Ella no debía temer.
Desvió nuevamente su mirada de la mía, luego sobre la cama, frente a mí se puso de rodillas, y me besó.
Había algo más ahí, oculto en sus palabras, lo sentía. Su actuar, la dificultad con la cual…

Estaba tan absorto tratando de dilucidad este verdadero misterio que no fui consciente de sus actos.
Demasiado tarde me di cuenta.
Sus manos bajando por mí nuca, rozando mis hombros. Sus manos tratando de desabrochar los botones de mí camisa. Me congelé en el acto y comprendí.
¿A eso se refería al decir que me quería a mí?

Era… Ridículo. Eso no podía suceder.
No podía darme el lujo de pensar en ello siquiera.
Menos hoy, menos en esas condiciones.

Le pedí que fuera razonable, entonces Bella me recordó que yo se lo había prometido.
Sin embargo aquello estaba fuera de discusión, todo lo que se relacionara a mantener su alma inmaculada estaba estrictamente fuera de negociación.
Abroché los botones que me había soltado mientras me miraba perpleja al mismo tiempo hacia rechinar sus dientes.

—Pues yo digo que sí vamos a discutirlo —.

Casi violentamente comenzó a desabrochar los botones de su blusa. Era perturbador ver un brillo salvaje en sus ojos, ver aquella determinación. Bella no era así, ella no se comportaba de esa forma.
Estaba a punto de arruinarse nuestra noche por completo.
Tomé sus muñecas entre mis manos y le inmovilice.

—Y yo te digo que no—. Le contradije.

El silencio se sintió entre nosotros. Yo me sentía molesto. ¿Por qué estaba haciendo esto?

—Tú querías saber —. Dijo rabiosamente.

Jamás se me pasó por la cabeza que algo como esto pudiera suceder. ¿Por qué me pedía lo único en el mundo que yo no quería, que no podía darle?

—Creí que se trataba de un deseo vagamente realista—. Respondí en el mismo tono de voz.

Comenzó a escupir envenenadas palabras, estaba consciente que no era ella quien hablaba, ahora está más seguro que nunca, sus hormonas estaban causando todo este embrollo.

—De modo que tú puedes pedir cualquier estupidez que te apetezca, por ejemplo, casarnos, pero yo no tengo derecho ni siquiera a discutir lo que... —.

No pude seguir escuchando sus reproches.
Yo no quería frustrarla, pero ya era demasiado pesado para mí tener que soportar el deseo que sentía por ella para que de pronto me lanzara el suyo en pleno rostro.
En un acto completamente irracional de mí parte sujeté sus dos brazos asiéndolos por arriba de su cabeza con una de mis manos y con la que quedó libre tapé su boca.
Era absurdo, completamente absurdo tener que llegar a esos extremos, pero me sentí sobrepasado. Necesitaba que Bella se calmara. ¿En qué momento se había desvanecido la magia y nos habíamos sumergido en esta pelea sin sentido? Yo no cedería y estaba seguro que ella tampoco.

—No —. Dije zanjando la discusión por completo mí decisión era inamovible.

Su violenta respiración quemaba la palma de mi mano mientras su pecho subía y bajaba al ritmo de su acelerada respiración.

Ante mí negación su ira disminuyó lentamente.
Con cada inhalación su corazón aminoraba sus frenéticos latidos y se tranquilizaba. La sangre bajó de su rostro y fue recuperando su color habitual, poco a poco vi como la ira se desvanecía.

¿Dónde estaba la impertinente de mí hermana cuando se le necesitaba? Ella habría sabido distraer la tensa situación, me habría dado tiempo para que Bella se calmara completamente.
Pero estábamos solos y sumidos en una lucha ridícula.

Odiaba tener que brusco o parecer desalmado pero no tenía otra opción.
Ella no tenía derecho a presionar de esa forma, no tenía derecho a ser intransigente, a pedir imposibles.
¿Por qué se empeñaba, porque estaba ansiosa de condenarse, en perder la vida?.
Traté yo también de calmarme.
Bella estaba en su derecho. Acaso no era yo quien le impulsaba a vivir experiencias humanas?
Apreté mis dientes, era tan injusto para ambos.

Algo llamó mí atención entonces. Bella estaba calmada por completo, había vuelto a bajar la mirada y su rostro se teñía nuevamente de rojo, pero esta vez no era rabia. Bella estaba ruborizada.

Suspiré resignado mientras retiraba mí mano de su boca y le pregunte que le pasaba, mas ella sólo contesto que nada pasaba.
Mentía, lo leí en su rostro, lo vi en la forma en la cual ocultaba sus ojos de mí.
¿Estaba avergonzada nuevamente? Debería estarlo sin duda, pero había algo más.

Era una mujer inteligente, en el fondo sabía que era por su seguridad, que solamente intentaba protegerla. ¿Y si era así, si ella lo sabía entonces por qué sus ojos comenzaban a ponerse cristalinos? ¿Era una lágrima eso que asomaba?
¡No!. ¿Pero por qué? ¿Había sido un poco brusco pero no como para herirla, le había tomado firmemente mas no fuertemente, estaba seguro de eso. No había duda, no había herido sus brazos o su boca. No había presionado, era un hecho. No le… No le herí fisicamen…te…

—¿He herido tus sentimientos? —. Pregunté incrédulo.

—No —. Dijo apenas.

¡Rayos! Rayos! Rayos!
¡Pero que idiota, que estúpido! ¿Cómo podía ser tan estúpido?
Claro que lo había hecho.

Sin esperar un sólo segundo más le tomé entre mis brazos acunándola y acariciar su rostro con la yema de mis dedos.

—Sabes por qué tengo que decirte que no —. Le asegure rozando su frente con mis labios. —Y también sabes que te deseo.

Ella dudó de mí y a continuación le aclaré que no debía dudar, era absurdo que desconfiara. Era irrisorio que lo creyera y sin querer lancé una sonora risotada.
Ese día Bella se encontraba verdaderamente hipersensible empero me arrepentí de reír de esa manera y recobré la compostura.
Que ella dudase de esa forma de si misma era un tema delicado. ¿No veía lo aterradoramente exquisita que era?

—Todo el mundo te desea. Sé que hay una cola inmensa de candidatos detrás de mí, todos maniobrando para colocarse en primera posición, a la espera de que yo cometa un error...
Eres demasiado deseable para tu propia seguridad—.

Si yo no estuviera tan determinado… Si yo no le amara de la forma en la cual lo hacia…

—¿Quién es el tonto ahora? —. Expresó a modo de respuesta.

¿No me creía? ¿Tenía que darle más pruebas?
¿Cuántas veces había estado yo a punto de cruzar la línea de lo seguro para ella? ¿Cuántas veces el deseo me había golpeado como grandes olas bañando mí cuerpo por completo con tan sólo rozar su piel?
Ella no estaba al tanto de lo perturbadora que podía llegar a ser y no era solamente yo quien era afectado por sus encantos, no, muy a mí pesar eso no era así.

Era necesario que le digiera todos los nombres de mis contrincantes?
Estaba seguro que ella conocía muy bien algunos de esos nombres, era imposible que no se diera cuenta.
Eric Yorkie en su momento, Tyler Crowley, Mike Newton, eran sólo el principio de la larga lista y claro, no podía dejar de lado al molesto e insistente de Jacob Black. El resto de la nomina seguramente le sorprendería.
Lógicamente ella no creyó mis palabras, pensaba que sólo quería distraerle.
¿Como podía estar tan ciega?

Por alguna extraña razón Bella creía que mí negación se debía a que ella había hecho algo mal, luego enumeró las condiciones que yo anteponía para su transformación sin poder evitar hacer un gesto de repulsión al hacer alusión a nuestro matrimonio y continuo con otras que en realidad nada significaban para mí, eran simples sugerencias realmente. Universidad, dinero, tiempo.

—Además, no te importaría que mí vehículo fuera un poco más rápido. ¿Se me olvida algo? Es una lista considerable—. Agregó.

¿Lo era? No me había detenido a considerarlo siquiera. Para mí eran cosas sin importancia, para mí la única exigencia era la primera en su lista, el resto no eran más que peticiones.

—A cambio, mí pequeña y solitaria exigencia es... —. Dijo ella.

¿Exigencia?. ¿Había dicho exigencia?.

—Sí, he dicho exigencia—.

Tenía que ser una broma.

Aunque aparentemente no lo era, quedó muy claro luego que digiera que casarse sería como una condena para ella y que no pensaba aceptar, a menos que recibiera algo a cambio.
Y suponía que ese “Algo” significaba poner punto final a su virginidad y de paso la mía también.
El precio era muy alto, no estaba en condiciones de pagar algo como aquello. Era demasiado frágil, era demasiado peligroso. Bella tenía que ser paciente.
Estaba consciente de que todo esfuerzo por hacerla entrar en razón sería inútil. Mas estaba seguro que llegaría un punto en el cual ella por fin comprendería, sopesaría el esfuerzo y la fuerza de voluntad de la cual tuve que hacer acopio para que siguiera respirando, viviendo.
Pero hoy no me rendiría, hoy no cedería.

—Ahí está el problema. Cuando sea menos frágil, ya nada será igual. ¡Yo no seré la misma persona! Ni siquiera estoy segura de quién seré para entonces—.

Que equivocada estaba, ella continuaría siendo la misma. Los mismos buenos sentimientos, su esencia se mantendría intacta, continuaría siendo mí Bella.

—Si cambio lo bastante como para querer matar a Charlie, o chupar la sangre de Jacob o de Ángela si tengo ocasión, ¿cómo voy a seguir siendo la misma? —.

—Se te pasará—. Le prometí. Si de algo podía estar seguro era de que jamás le apetecería beber sangre de perro. —Aunque seas una renacida, una neófita, seguro que tienes mejor gusto—.

—Pero eso será lo que más voy a desear siempre, ¿verdad?. ¡Sangre, sangre y más sangre! —.

Sus palabras estaban muy lejos de la realidad. Que ella siguiese con vida era la prueba de ello. En todos mis años de vida jamás sentí o pude ser testigo de otra sangre que cantase tan fuerte como lo hacia la de Bella para mí. Era un llamado tan claro, tan seductor y avasallante que cualquier otro se habría rendido de inmediato ante él.
Pero yo no era cualquier vampiro, era un vampiro enamorado y el único canto que quería oír era el de su corazón latiendo fuerte y claro por la mayor cantidad de años que me fuera posible.

—Eso es fácil de decir sólo por que han pasado más de ochenta años para ti. Yo estoy hablando de algo físico—. Respondió Bella. Era una chica inteligente, sabía que con el tiempo volvería a ser ella misma.—. Pero en lo puramente físico, siempre tendré sed, por encima de cualquier otro deseo, así que seré distinta—. Y su inteligencia se igualaba a su intuición—.

Aquella sensación será como un dolor lacerante y desgarrador, llenará cada uno de sus sentidos y no dejará lugar para nada más. Yo lo sabía, todos lo sabíamos y ella, sin ser de los nuestros lo sabía también. ¿Qué podía hacer? Negarlo? Decirle que sería simple de sobre llevar? No lo sería, por lo menos no el primer año, pero en el tiempo aquella sensación se mantendría, la diferencia estaría en que su tolerancia al dolor se haría más resistente.

—Porque ahora mismo lo que más deseo eres tú—. Continuó. —Más que la comida o el agua o el oxígeno. Mí mente tiene una lista de prioridades ordenada de forma algo más racional, pero mí cuerpo... —.

Su cuerpo…
Su cuerpo, al igual que el mío, ansiaba calmar el apetito que sentía el uno por el otro. Rotó levemente su cabeza para besar la palma de mano y sentí como la piel me quemaba al entrar en contacto con sus tersos labios.
Traté de respirar hondo para hacer caso omiso a esta sensación pero al hacerlo su olor se coló hacía mí interior y de pronto la sentía completamente en todo mí cuerpo, en mí ser, en mí mente, llenando cada célula, cada sentido pero luché y le recordé que era peligroso, que podría matarle, aunque ella creía que yo no sería capaz.

Fueron las palabras adecuadas, sacudí mí mente. Hacía mal en creer eso.
Si yo me dejaba llevar, si me entregaba a la pasión que sentía por ella no sería capaz de detenerme.
Había probado su sangre hace mucho tiempo atrás pero aun recordaba su sabor. El horror de creerla muerta había arrebatado de mí ser todo deseó de beber su sangre, el renunciar a desear su cuerpo era otro asunto y cuando se posee una fuerza descomunal es estúpido dejarse llevar si se quiere mantener a salvo al ser amado, sobre todo si es delicado e indefenso como lo era Bella para mí.

Dejé de acariciar su rostro y retiré mí mano para coger una de las muchas flores de hierro que formaban el intrincado adorno que formaba parte del dosel de la cama. Arrancarla fue fácil, la tomé como si fuese una flor verdadera que era arrancada de su fino tallo. La sostuve frente a sus ojos un segundo y luego empuñé mí mano aplicando sólo una pequeña fracción de mí fuerza, aquello fue suficiente para que quedase reducida a cenizas y volví a abrir mí mano para que ella la observase.
Aquel acto no obtuvo el resultado deseado para mí ya que me lanzó una furibunda mirada.

—No me refería a eso. Ya sé cuánta fuerza tienes, no hace falta que destroces los muebles—.

¿A que se refería entonces? Una vez más no le comprendía y eso me frustraba de sobremanera.
Molesto lancé las cenizas que permanecían en mí mano y esperé que me contestase.

—Obviamente, no me refiero a que no pudieras herirme si lo desearas... Es más importante que eso: se trata de que no quieres hacerme daño. Por eso creo que no serías capaz—.

Comprendí entonces que quería decir.
Bella apostaba todo a mí insuficiente fuerza de voluntad, creía que yo, haciendo acopio de todo mí amor, sabría como refrenar cualquier impulso por herirla. Y de eso podía estar segura, siempre lo intentaría, pero no me fiaría de algo que yo no conocía, de algo que no estaba seguro que poder o no controlar.
Traté de explicarle que tal vez las cosas no funcionasen de esa forma pero sólo conseguí que ella se burlase de mí.

—Tienes tanta idea de lo que estás diciendo como yo—.

Claro que la tenía. ¿Acaso pensaba que yo correría un riesgo así de grande con ella?
No pretendía probar cuales eran mis limites con ella, había quedado claro, nunca debía dar nada por sentado con ella. Además no era mí conejillo de indias, era la luz de mis días y no estaba dispuesto a apagar su vida por un simple experimento.
No cedería ante sus peticiones, hacerlo era una locura.

Nos contemplamos un momento.
Sus ojos brillaban y supe que su mente trabajaba a mil revoluciones por minuto pensando en como rebatir mis palabras. Pero no había nada que ella pudiese decir que me hiciese cambiar de idea.
Me preparé entonces para una nueva discusión.

—Por favor —. Imploró de pronto y una mueca de desesperación se dibujo en su rostro.
Aquella mirada, aquella angustia, la había visto no hace mucho, aquel rostro.
Lo recordaba muy bien. Su rostro cubierto por una mueca de dolor cuando me rogaba que abriese mis ojos y viera que ella estaba viva.
Entonces le vi, el mismo brillo en sus ojos, el mismo dolor. Ahora volvía a rogar, esta vez por algo completamente diferente. —Es lo único que quiero. Por favor... —. Terminó de decir.

La evocación de aquel recuerdo caló hondo en mí pecho.
Ella había corrido un riesgo mortal por mí y yo no podía siquiera…

—Por favor... —. Volvió a decir suavemente y yo no sabía como decirle no nuevamente. —No tienes que darme ninguna garantía. Si no funciona, vale, no pasa nada. Sólo te pido que lo intentemos. Únicamente intentarlo, ¿vale? A cambio te daré lo que quieras. Me casaré contigo. Dejaré que me pagues la matrícula en Dartmouth y no me quejaré cuando les sobornes para que me admitan. Hasta puedes comprarme un coche más potente, si eso te hace feliz. Pero sólo... Por favor... —.

Las palabras salieron disparadas de su boca. Ella me daba todo, absolutamente todo lo que yo antes tanto le había pedido, a cambio sólo me pedía que yo, haciendo acopio de toda mí sobrenatural fuerza de voluntad intentase no matarle mientras nos entregábamos el uno al otro.

Me dejé llevar, le tomé entre mis brazos y le hablé al oído mientras se estremecía por completo.

—Esta sensación es insoportable. Hay tantas cosas que he querido darte... Y tú decides pedirme precisamente esto. ¿Tienes idea de lo doloroso que me resulta negarme cuando me lo suplicas de esta forma? —.

—Entonces, no te niegues —.

Y ella volvió a suplicar sensualmente y mis defensas cayeron al suelo, desechas, derretidas por tu calor.
Intenté pensar pero sin darme cuenta mis labios ya recorrían su cuello mientras su corazón acelerado hasta el momento rompía a latir aun más aprisa.
Podía escuchar su sangre viajando violentamente por su torrente sanguíneo, podía ver cada poro, cada diminuto bello erizarse mientras contemplaba la línea de su mandíbula.
¿Podría hacerlo? ¿Era tan fuerte como para entregarme a ella y mantener el control en todo momento? ¿Podría mantenerla viva?
Aun no sabía muy bien, aun dudaba o por lo menos lo hacia hasta que Bella dobló su cuerpo y se aferró a mí cuello buscando mis labios.
Aquella reacción frenética, terminó por borrar todo.

Sus labios eran una invitación a dejarme llevar, me decían “ Ven, ven, yo también tengo hambre de ti”
Estaba agotado de luchar contra el sentimiento, quería dejarme llevar, quería ser de ella completamente de ella.
Fundirme en ella, fundirnos para siempre
Sentí mí piel incendiándose con cada roce con cada toque de su piel.
¿Acaso no sabía que le adoraba, no sabía que haría todo por ella? ¿Entonces por que me pedía justo lo que no podía darle?.

No quería ser débil, quería luchar con todas mis fuerzas, pero sentía mis piernas débiles, sentía un nudo en el estomago que me impedía moverme del lugar en el cual me encontraba.
No podía hacer otra cosa más que abrazarle un poco más fuerte, atraerle a mí cuerpo un poco más.
Quería estar junto a ella. Atreverme, entregarme y entonces le besé. Le besé como nunca me atreví.
Mí boca devoraba la suya y sentía fuego líquido quemándome de pies a cabeza mientras mí deseo hacía eco en su cuerpo, alimentando nuestra pasión como si fuera un gran fuego en el cual podíamos perdernos por completo y entonces tuve la certeza, yo no podría contenerme. Si me dejaba llevar, si bajaba la guardia tan sólo un segundo Bella no sobreviviría para ver otro amanecer.
Separó sus labios de los míos, me negué en un principio pero luego recordé que debía respirar. Segundo error, había olvidado que debía respirar, el primero había sido sin duda dejarme llevar. No debía cometer un tercero.
Pero era difícil mantenerme centrado, una parte de mí quería por sobre todas las cosas pasar por alto toda lógica, pero mí parte racional, me llamaba al orden, clamaba que antepusiera la lógica al deseo.
¿Era capaz de hacerlo? No podía darme el lujo de vacilar.
Mientras bajaba por su cuello me concentré en el alocado palpitar de su corazón. “Canta tu hermosa canción” Le pedí silenciosamente. “Canta para mí y dame fuerzas hasta poder amarte para siempre”.
Pero era tan difícil.
Desabrochó los botones de mí camisa, era increíble lo segura y confiada que se mostraba, yo no era más que un muñeco en sus manos.
Era una sensación indescriptible, entregarse era placentero, de pronto una negativa me parecía tan lejana, tan ridícula. ¿Por que no todo podía ser así de simple?
En cosa de segundos mí pecho quedó al descubierto y cerré los ojos entregándome a la suave caricia de su mano sobre mí cuerpo.
Deje que el placer me llenase, que creciera dentro de mí con cada roce con cada caricia despertando mí sexo, llenando cada uno de los rincones de mí cuerpo.
Buscó otra vez mí boca y respondí, nuestras lenguas entraron en contacto sin titubeos, sin temores, explorando la suave humedad que irradiaba calor intenso.
Le atraje un poco más hacia mí, quería perderme en ella, sin embargo no podía.

Me contenté con saborear aquel momento lleno de gloria teniendo en cuenta y presente que esa noche ella no perdería la pureza de su alma; y que Bella tratase de desprenderse de su blusa no hacía diferencia alguna, mas no debía permitir que siguiera adelante.
Me había pedido que lo intentase y yo lo había hecho. Lo había intentado y ella estaba viva… Aun.
Había logrado desplazar el ardiente deseo y en su lugar reinaba el amor puro, desinteresado y devoto que yo sentía por ella.
Sin esperar que llegase más lejos tomé sus puños entre mis manos y le detuve inmovilizándola en el acto.
Sin duda que en otras circunstancias me habría entregado a aquel erótico juego pero esta vez yo no jugaba.
No obstante, después de todo me complacía comprobar que podía parar cuando así lo estimase prudente, no había sido víctima de un frenesí que dominase cada uno de mis sentidos, me alegraba saber que mí amor por ella se mantenía por sobre todo los demás sentimientos y necesidades que mí cuerpo pudiese llegar a percibir. ¿Hasta que punto sería dueño de mí actos? No estaba seguro, pero esa noche no era la propicia para averiguarlo.
Entonces, sosteniendo aun sus brazos sobre su cabeza el dije suavemente al oído:

—Bella. Por favor, ¿te importaría dejar de desnudarte? —.

—¿Quieres hacerlo tú? —.

Pero esa noche no llegaríamos más lejos y tranquilamente acaricié su rostro rozándolo simplemente con mis labios, inspirando profundamente el aroma que exudaba su piel.
Además había otro motivo por el cual debía calmarme, Bella decía aceptar a todo lo propuesto por mí y era un buen anzuelo pero que pasaría luego, que pasaría después?

Bella trató de oponerse pero le tranquilicé diciendo que no estaba diciendo que no, solamente que “esta noche no”.
Cuando estuviéramos casados sin duda que lo intentaría con mayor fuerza y convicción que hoy.

Sopesó un momento mis palabras mientras su frecuencia cardiaca y su respiración disminuían.

—Dame una razón convincente para que yo comprenda por qué esta noche no es tan buena como cualquier otra—. Expresó a duras penas.

Me habría alegrado que ella intentase en la misma medida mostrarse tan cooperadora como yo, sobre todo con lo relacionado a nuestro futuro noviazgo.
Yo… por decirlo de alguna forma, no había nacido ayer. Y al decir esto reí silenciosamente junto a su oído, pero la situación no era para reírse, muy por el contrarío. Había llegado la hora de hablar sinceramente y retomar el control de la situación. No dejaría que las hormonas de Bella dominasen otra vez mis torpes actos.

—¿Cuál de nosotros dos se resiste más a dar al otro lo que quiere? Acabas de prometer que te casarás conmigo, pero si cedo a tus deseos esta noche, ¿quién me garantiza que por la mañana no saldrás corriendo a los brazos de Carlisle? Está claro que yo soy mucho menos reacio a darte a ti lo que deseas. Por lo tanto... Tú primero—.

Me lanzó una incrédula mirada y luego resopló por la nariz sin poder creer mis palabras.

—¿Tengo que casarme antes contigo? —.
Ese era exactamente el trato. Ahora dependía de ella tomarlo o dejarlo.

—El compromiso, ¿recuerdas? —.

Y sin esperar respuesta de su parte la tomé entre mis brazos nuevamente y le bese más apasionadamente que hace unos minutos atrás, casi como si quisiese devorar su boca pero ahora era diferente, era yo quien le besaba, era yo quien había puesto la última condición y Bella aceptaría, sin embargo, le besé otra vez y otra vez para derribar sus dudas y tapujos sobre el tema.
Ya no había duda alguna, era por fin mí novia.

Sólo me separé de ella cuando fue imperante que volviese a respirar.

—Creo que no es buena idea —. Dijo cuando volvió a llenar sus pulmones de oxigeno.

Aun mantenía su terca actitud y no me sorprendía, pero ya nada podía hacer, era oficialmente mí novia.

—Pero ¿se puede saber qué ha pasado?. Por una vez pensé que esta noche era yo quien tenía el control, y de repente... —.

—...estás comprometida —. Dije completando la frase.

—¡Eh! Por favor, no digas eso en voz alta—. Se quejó casi ofendida.

No había duda que la situación era delirante. Era yo un viejo vampiro tratando de mantener la virginidad de mí amada en vez de ser un vampiro despiadado tomando lo que tanto deseaba.
Era sin duda un espécimen para analizar.

—¿Vas a romper tu promesa? —. Pregunté presionando un poco más la situación.
Habíamos llegado demasiado lejos ya para dejar que se retractara. —¿La vas a romper? —. Agregué insistentemente.

Me alejé de ella para poder observarla mejor.

—¡No! . No voy a romperla. ¿Ya estás contento? —.

¿Que si estaba contento? ¿Cómo podía dudar de eso? Me encontraba, en ese momento, sumamente contento. Estaba tan feliz que no me importó que prácticamente me gruñera y volví a preguntar juguetonamente.

—¿Es que tú no estás contenta? —. Y sin esperar su respuesta le besé otra vez.

Sabía que si lo estaba, que no temía al matrimonio, que temía otras cosas, cosas sin importancia y sin sentido. Temía al que dirán, a los comentarios. ¿Pero que importaban los comentarios? Cuando estuviéramos juntos ante Dios y ante los hombres ya no importaría nada salvo nosotros… para siempre.

Separamos nuestros labios y contestó:

—Un poco, pero no por lo de casarnos—.

No era necesario que digiera lo que yo ya sabía. Y sellé su boca con un nuevo beso.
Sentía su corazón latiendo en su lengua, vibrando en su boca. Abracé sus labios con los míos otra vez disfrutando su alucinante sabor.
Me estaba comportando de forma verdaderamente indecente, pero no sentía vergüenza alguna, ella no era una mujer común y corriente, no lo era, era mí novia y creo que podía dejar de lado los viejos convencionalismos.
Volvía a ser esta una situación completamente irrisoria.

—¿No tienes la sensación de que todo está al revés?. Tú deberías querer casarte y yo no. Es lo convencional—. Dije riendo suavemente riendo en su oído.

Aunque ella tuvo razón en una cosa, nuestra relación no tenía nada de convencional o de normal siquiera, que inteligente era mí hermosa novia.

Me lancé otra vez sobre sus labios y lentamente introduje la punta de mí lengua en su boca, suavemente hasta hacer contacto con la suya.
Era increíble ver lo fácil que ahora era poder besarla, temí tantas veces dejarme llevar, nos privamos tantas veces el uno al otro. Ahora era distinto, ahora estaba seguro que si existía el cielo posiblemente tendría que ser muy parecido a esto y seguí besándola sin temor. Mis labios recorrieron su rostro luego su cuello, acaricié sus hombros, bajé por sus brazos hasta llegar a sus manos y las besé también. Eran tan pequeñas, sin embargo tenían el tamaño perfecto para sostener mí corazón y entre ellas estaría seguro y tibio por todo la eternidad.
Mientras besaba una de ellas Bella me dijo:

—Escucha, Edward. He dicho que me casaría contigo, y lo haré. Te lo prometo. Te lo juro. Si quieres, te firmo un contrato con mí propia sangre—. Pero eso no tenía la menor gracia para mí.

Aparentemente, lo que quería decir era que no pensaba engañarme, pensaba que yo le conocía demasiado bien y que debido a eso no había razón para esperar.

—Estamos completamente solos: ¿cuántas veces ocurre eso? Además, tenemos esta cama tan grande y tan cómoda... —.

—Esta noche, no —. Volví a decir.

—¿No confías en mí? —. Preguntó sorprendida. Y de hecho si lo hacía. ¿Necesitaba más pruebas de eso?
Entonces quiso saber cual era el problema, que al final de cuentas yo ganaría, que yo siempre ganaba.
Pero sólo cubría mis apuestas y la decisión ya estaba tomada. No había motivo para acelerar las cosas, no ahora que estábamos oficialmente comprometidos.

—Hay algo más —. Dijo luego de un segundo. —¿Acaso tienes tú la intención de faltar a tu palabra? —.

Le prometí que eso no sucedería, que lo intentaríamos, pero que lo haríamos después que se casara conmigo, ni un sólo día antes. Si lo que quería era seguir presionando pues era mejor que abandonase esa idea.
¿Era acaso tan difícil de entender? No era sólo su seguridad física lo que me preocupaba, también quería proteger su alma inmortal.

—Me haces sentir como el malo de la película, que se retuerce el bigote mientras trata de arrebatarle la virginidad a la pobre protagonista—.

Me ví a mí mismo retorciéndome dichos bigotes mientras Bella yacía recostada sobre un diván llevando un hermoso vestido blanco. Era yo el demonio de la noche queriendo poseer lo único eterno y divino que ella poseía.
Había sido siempre mí mayor lucha y ahora ella bromeaba al respecto.
Oculté mí rostro sombrío y besé su clavícula.

—De eso se trata, ¿verdad? —. Dijo de pronto Bella y lanzó una carcajada.

Creía que yo tan sólo intentaba proteger mí virginidad. ¿Por que siempre se empeñaba en ponerme a prueba?

—No, niña boba —. Le respondí. —Estoy intentando proteger la tuya. Y me lo estás poniendo muy difícil—.

—De todas las cosas ridículas que... —. Comenzó a decir, pero no había lugar para la palabra ridículo en este asunto.

Tal vez le parecieres que así era y también sabía que lo habíamos discutido muchas veces anteriormente, pero ella debía comprender y le pedí que cooperara.

—¿Cuántas personas en esta habitación tienen alma, y la oportunidad de ir al cielo, o lo que haya después de esta vida? —. Le pregunté.

—Dos —. Respondió inmediatamente sin titubear.

Ok. Estaba en su derecho de pensar así, inclusive podría tener razón, pero en todas las religiones, en todas las culturas se repetían las mismas normas para acceder al cielo.

—¿No te basta con las normas vampíricas? ¿Es que tienes que preocuparte también de las humanas? —.

¿Y que mal hacía al creer en ello? Además no estaba mal tomar todas las medidas pertinentes, sólo por si ello fuera cierto.
Aunque para mí ya era tarde, de eso yo estaba seguro.

—No, no es tarde —.

Si, si lo era. Había matado. No una o dos veces, lo había hecho muchas, muchas veces disfrutándolo. De nada importaba que fueran asesinos, violadores, pederastas. Aunque Bella pensaba que si hacia una diferencia aquel detalle. Pero la verdad absoluta era que una vida era una vida y yo había acabado con muchas y ella no. Su alma era inmaculada, así debía permanecer, no sería yo quien le arrebatase algo tan preciado como eso y no terminaría tampoco con lo único puro que yo aun poseía.

—¿No puedo dejar al menos una regla sin romper? —. Le pregunté.

—¿Una? —.

Ella estaba al tanto de mis robos, de mis mentiras y le aclaré que también codicié bienes ajenos y lo que solamente me quedaba como única virtud era mí castidad.

—Yo miento constantemente—. Dijo tratando de hacerme sentir bien, pero sus mentiras no podían contarse como tales, era tan mala haciéndolo que nadie se las creía.

—Espero que te equivoques. De lo contrario, Charlie debe de estar a punto de echar la puerta abajo con una pistola cargada en la mano—.

Y la verdad sobre eso era que su padre era feliz engañándose a si mismo, era feliz cuando no pensaba demasiado en que Bella le mintiera o no.

—Pero ¿qué bien ajeno has codiciado tú?. Lo tienes todo—. Me preguntó incrédula.

La respuesta era muy simple. Yo le había codiciado a ella.
Le había deseado, le había codiciado y sin tener ningún de derecho a hacerlo le tomé alejándola para siempre de una vida normal de un futuro, de su humanidad. Ahora estaba atascada ahí conmigo, intentando seducir por todos los medios a un vampiro. No era algo con lo cual se pudiera reír pero eso hice. Bromee por no poder llorar.

—Tienes derecho a codiciar lo que ya es tuyo. Además, creía que lo que te preocupaba era mí castidad—. Respondió.

Efectivamente lo era. Si resultaba demasiado tarde para mí, si a Sus Ojos, si antes los ojos de Dios yo no era digno de entrar en su reino, prefería mil veces arder en el infierno antes de impedir a Bella la oportunidad de ingresar en el cielo

—No puedes pretender que entre en un sitio donde tú no vayas a estar. Esa es mí definición del infierno. De todas formas, tengo una solución muy fácil: no vamos a morirnos nunca, ¿de acuerdo? —.

Sus palabras lograron disipar la negra nube que cubría mí corazón, de nada servía lamentarse por las decisiones ya tomadas, no podíamos modificar el pasado, ahora lo único que nos quedaba era el futuro y no cometería más errores.

—Suena bastante sencillo. ¿Por qué no se me había ocurrido? —. Le respondí sonriendo, ahora me encontraba, gracias a ella, nuevamente de mejor ánimo.

—Así que te niegas a dormir conmigo hasta que no estemos casados—. Agregó luego de unos minutos pero dormir era un término que yo no utilizaría en este caso, sobre todo teniendo en cuenta que yo nunca podría dormir con ella, pero quitando ese pequeño detalle, ella tenía razón, mí única condición para que hiciéramos el amor era que estuviéramos casados.
Creí entonces que todo estaba claro pero volvió a presionar creyendo nuevamente que había otro motivo detrás de mis palabras.

—¿Otro motivo? —. Pregunté sin saber muy bien a que se refería esta vez y luego me explicó que tal vez eso aceleraría las cosas.

Era increíble como su mente desmenuzaba cada una de mis palabras.
Y aunque posiblemente tenía razón, esta vez no había segundas intenciones, había sólo una cosa que yo quería acelerar y eso era nuestro matrimonio. Las demás, el resto podían esperar por siempre.

—Pero, la verdad, tus impacientes hormonas humanas son mí más poderoso aliado en este sentido.

Estaba tan indignada, no podía creer que mí condición fuera casarnos.

—Cuando pienso en Charlie... ¡O en Renée! ¿Te imaginas lo que van a decir Ángela o Jessica? ¡Arg! Ya estoy viendo sus cotilleos—.

No entendía por que le importaba tanto lo que digieran, sobre todo porque dentro de poco dejaría de verlos para siempre.
¿Le temía a lo que pensaran sus padres? Era un proceso natural de la vida humana, ellos se repondrían, todos los padres lo hacían.
Ahora bien, había algo más en ese miedo y esa reserva. Sus excusas eran demasiado superficiales, no terminaban de convencerme.
Estaba seguro que me amaba y las excusas no eran más que eso, simples excusas. A menos que ella temiera… A menos que todo se debiera a…

—No hace falta que sea un bodorrio—. Solamente ese tenía que ser el motivo. Estaba completamente seguro que lo único capaz de atemorizar realmente a Bella era ser el centro de toda atención. —No necesito tanta fanfarria. No tienes que decírselo a nadie ni cambiar tus planes. ¿Por qué no vamos a Las Vegas? Puedes ponerte unos vaqueros. Hay una capilla que tiene una ventanilla por la que te casan sin que te bajes del coche. Lo único que quiero es hacerlo oficial, y que quede claro que me perteneces a mí y a nadie más—. Le dije aunque ella afirmaba que ya lo era y que eso no podía ser más oficial pero eso aun estaba por verse y sonreí pensando en lo que faltaba.

—Supongo que no querrás aún el anillo de compromiso—. Dije poniendo el tema solapadamente sobre la mesa y aunque sabía de antemano cual sería su reacción necesitaba tirar la carnada.

—Supones bien—. Contestó y por un momento su rostro perdió todo rastro de color pero en vez de sentirme herido me largué a reír de buena gana.

—De acuerdo—. No tenía que ponerme sentimental, después de todo, tarde o temprano terminaría por deslizar la sortija por su dedo, paciencia tenía de sobra.

Quedó perpleja un momento por mis palabras y luego aun incrédula agregó:

—Hablas como si ya tuvieras un anillo—. Y así era.

—Tengo el anillo listo para ponértelo al menor signo de debilidad—.

Bella estaba sorprendida, tan sorprendida como yo.
Era increíble ver como podía yo hablar de forma tan ligera sobre un asunto tan importante para mí, sin embargo era la forma más adecuada y al ver que no palidecía con la afirmación decidí mostrar todas mis cartas de una vez por todas y sin esperar más le pregunté si quería verlo.

—¡No! —. Exclamó Bella automáticamente con una expresión de verdadero terror en el rostro.

Esperé un titubeo de su parte, esperaba que nerviosamente tratase de escaparse de la situación, pero no esperé nunca una reacción tan dramática como esa. Traté de no dejar mis sentimientos a flor de piel, era demasiado patético y no había nada más miserable que un novio rogando para que su prometida aceptase su sortija, lo sabía ahora, lo estaba viviendo en carne propia.

—No pasa nada —. Respondí.

Tragué el amargo trago del rechazo tratando de mantener una actitud relajada y desinteresada mientras me decía a mí mismo que no importaba, que se perdía una batalla mas no la guerra, yo sabía ser paciente, yo podía esperar.

—Enséñame el maldito anillo, Edward—. Dijo luego de suspirar resignada, pero me negué a hacerlo.

Yo quería que ella quisiese ver el anillo no que fuera una obligación y además no era un simple y maldito anillo.
Significaba mucho, mucho para mí, significaba no sólo el amor que yo sentía por ella si no que también el amor que sintieron mis padres el uno por el otro, un amor sincero, fiel que se profirieron hasta el último día de sus días. Yo sentía un amor tan o más grande que ese por Bella y todo mí amor estaba reflejado en esa pequeña sortija.

—Por favor... —. Pidió Bella luego de un momento. No había vuelto a formular palabra alguna, en cambio no apartaba los ojos de mí rostro. ¿Lograba leer en el la desilusión que me había causado? Posiblemente había fallado en mí intento por ocultarla y ante mí silencio agregó: — Por favor, ¿puedo verlo? —.

¿Como podía negarle algo si me lo pedía de esa forma? No comprendía como aun mantenía mí castidad. ¿Cómo fue posible que lograse negarle algo?
Era verdaderamente la criatura más peligrosa que yo hubiera conocido en mí “vida”.
Y sin tener ganas o fuerzas para volver a discutir con ella me levanté de la cama y fui por la sortija.
Traté de no temblar cuando dejé la pequeña caja sobre su rodilla, le había abrazado y ahora en silencio esperaba que la abriese.

—Adelante, échale un vistazo —. Dije de pronto para animarla.

Lentamente la tomó entre sus dedos y la sostuvo en el aire contemplándola.
Su corazón volvía a latir rápidamente aunque su rostro estaba pálido como el papel nuevamente, veía como sus manos tiritaban levemente y fui consciente del esfuerzo que estaba haciendo en ese momento.

—¿No te habrás gastado mucho dinero? — Preguntó. —Si lo has hecho, miénteme—. Agregó acariciando la negra y suave tela que recubría la caja.

—No me he gastado nada. Se trata de otro objeto usado—. Confidencié. —Es el mismo anillo que mí padre le dio a mí madre—.

Aquello sorprendió a Bella, posiblemente esperaba otro tipo de sortija.
Que tonto había sido al esperar que le gustase algo tan viejo, seguramente el diseño de joyas experimentó un salto enorme desde los días en que mi padre compró la joya, pero ya no servía de nada lamentarse, la caja estaba en sus manos, pronto lo abriría movida por mí presión a hacerlo.

¿Por que rayos siempre tenia que hacer mal las cosas?

—Supongo que es demasiado anticuado —. Dije antes que lo abriese. No quería que se llevase una desilusión. —Está tan pasado de moda como yo. Puedo comprarte otro más moderno. ¿Qué te parece uno de Tiffany's? —. Eso era, Tiffany’s… ¿Por qué no se me ocurrió antes?

—Me gustan las cosas pasadas de moda —. Y entonces lo abrió.

En completo silencio lo contempló un momento, la postura de su cuerpo se relajó mientras acariciaba los pequeños diamantes que llenaban el gran óvalo y luego dijo que era muy bonito.

¿Verdaderamente le gustaba o lo hacía sólo por no herir aun más mis sentimientos?

—Es precioso —. Contestó desganadamente adoptando otra vez su actitud indiferente. —A cualquiera le gustaría—. Añadió luego de alzar los hombros en desdeñosa actitud.

¿Por qué se comportaba de esa forma?
Claro que le había gustado, mucho más de lo que estaba dispuesta a demostrar y una carcajada alegre salió de mí boca para luego incitarla a probar la sortija en su dedo, únicamente para ver si le quedaba bien, claro está.
Yo, al igual que ella, sabía jugar a la indiferencia y ese era el mejor camino para que cooperara pero al escuchar mis palabras cerró su mano izquierda de golpe.

—Bella, no voy a soldártelo al dedo—. Lamentablemente no podía hacerlo… le heriría.

Y le dije que mí intención era solamente ver si le quedaba o no.
Posiblemente le quedaría un poco grande aunque no recordaba muy bien las manos de mí madre, pero era muy posible que quedase grande, luego podría quitárselo.

Ella accedió y vi como su mano se acercaba a coger la sortija, horrorizado le detuve y tomé su mano entre las mías tomando rápidamente el anillo de su caja lo deslicé en su dedo.
Alcé su mano hacia arriba para poder ver el contraste de los diamantes sobre su blanca piel.

—Te queda perfecto —. Expresé casi eufóricamente muy a mí pesar luego de contemplar la joya en su dedo. Era hermosa, los diamantes daban reflejos multicolores que rebotaban sobre su piel…. Y claro, el anillo también lo era, pero era Bella quien repentinamente parecía brillar ante mis ojos. —Eso está bien: así me ahorro un paseo a la joyería—.
Agregué recobrando otra vez la compostura y fingiendo indiferencia.

—Te gusta, ¿verdad? —. Preguntó perspicazmente mientras movía sus dedos en el aire.

¿Tan obvio era? Traté de sonar despreocupado cuando le respondí. Pero era difícil hacerlo, yo estaba tan feliz que quería tomarla en mis brazos apretarla, llenarla de besos.

—Claro. Te sienta muy bien—.

Me miró entonces clavando sus grandes ojos en los míos y lo que vi reflejados en ellos era un hombre feliz, mis esfuerzos por ocultarlo eran absurdos, sin duda que ella sabía lo mucho que me gustaba y entonces decidí no fingir más. Yo sabía que ella sabía y ella sabía que sabía que ella sabía….. Estaba casi trastornado por la emoción que incluso mis pensamientos estaban alborotados, sentía en el pecho una alegría tan grande que si no la dejaba salir por mí boca posiblemente mí pecho estallaría en mil pedazos. En ese momento si yo hubiera podido llorar de alegría lo habría hecho.
Entonces sentí que ya no tenía fuerzas para seguir con la apática fachada.

—Sí, me gusta. No sabes cuánto—. Confesé.

Bella reía ahora, pero no se burlaba y dijo que me creía.

Ahora era libre de reír yo también, de abrazarla fuertemente, quería darle las gracias, llenarla de besos pero antes… pero antes…

—¿Te importa que haga una cosa? —. Le pregunté.

—Lo que quieras—. Respondió automáticamente. ¿Lo que quiera? Seguramente se retractaría. —Lo que quieras, excepto eso —. Quiso corregir pero ya era tarde.


Sin hacer caso a sus palabras tomé su mano y nos levantamos de la cama.
Había sólo una forma de hacer esto correctamente y me alegraba que después de tantos años esa costumbre se mantuviera.
Una vez en el suelo, parados uno frente al otro le tome por los hombros y le dije que yo quería hacer las cosas como Dios mandaba y le pedí que recordara que ya había dicho que si, le pedí que no estropeara el momento.

—Oh, no —. Se quejo mientras bajaba mí rodilla derecha.

—Pórtate bien —. Dije a media voz, era una ocasión solemne y no quería que nada la arruinara y sin esperar más, me arrodillé frente a ella y mirando a sus ojos dije:

—Isabella Swan.
Prometo amarte para siempre, todos los días de mí vida.
¿Quieres casarte conmigo? —.

Me miró a los ojos también y luego de un segundo ella contestó:

—Sí—.

¿Cuanta alegría puede contener esa pequeña palabras?

—Gracias —. Le respondí.

Luego tomé su mano entre las mías y bese la yema de sus dedos y luego la sortija de mí madre que ahora era suya y lo sería por siempre.

Me incorporé lentamente sin desprender mis ojos de los suyos, puse su mano, que aun sostenía entre las mías, sobre mí pecho donde alguna vez latió mí corazón para luego besarla lenta, suave y delicadamente.